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Reconocimiento Arqueológico en el Sudeste de Campeche, México: Informe de la Temporada de Campo 2001
Introducción
Este proyecto representó la continuación de los trabajos de reconocimiento llevados a cabo en 1996 y 1998 en el extremo sudoriental del estado federal mexicano de Campeche, esto es, en las partes centrales de la península de Yucatán, donde aún continúan existiendo, en el mapa arqueológico del área maya, algunos de los vacíos más extensos. La información arqueológica disponible sobre los territorios que se extienden entre las regiones conocidas como Río Bec y Chenes, y entre el valle del Río Candelaria y la frontera con Belice y Quintana Roo (denominada Petén campechano), todavía es notablemente escasa (cf. Adams, 1981:213ff). Hasta que comenzaron las investigaciones intensivas en la zona de Calakmul, a principios de la década de 1980 (cf. Folan, 1994; Folan et al., 1995; Morales, 1987; Carrasco, 2000), el trabajo monumental de Ruppert y Denison (1943) era prácticamente la única fuente de información sobre algunos sitios arqueológicos del sudeste de Campeche, pero éstos eran según las expresiones del propio Ruppert (ibid:1), sólo unos pocos entre los más grandes y mejor preservados. La información sobre algunos otros sitios reportados con posterioridad (Ruz, 1945; Müller, 1960), es tan escasa que ni siquiera se los puede identificar en el campo. En verdad, sólo dos décadas atrás Adams (1981:216) afirmaba que los sitios de la zona, con la excepción de El Palmar (Thompson, 1936), "fueron encontrados, todos ellos, por Ruppert y los estudios de la Carnegie Institution que se realizaron durante la década de 1930".
Los relevamientos de 1996 y 1998, patrocinados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México, representaron un primer intento por mejorar la situación (prajc et al., 1996; 1997a; 1997b; prajc, 1998a; 1998b; prajc y Suárez, 1998a; 1998b). Gracias a la beca FAMSI, el trabajo de campo pudo continuarse en el 2001. El reconocimiento realizado hasta el momento abarcó la zona entre la relativamente bien conocida región de Río Bec hacia el norte, y la frontera con Guatemala hacia el sur, y entre la frontera con Belice y Quintana Roo hacia el este y la Reserva de la Biósfera de Calakmul, hacia el oeste. El territorio (aproximadamente entre los 89°09 y 89°30 de longitud O, y entre los 17°49 y 18°15 de latitud N), que para la época de las expediciones de Ruppert casi no tenía una población permanente, comenzó a ser colonizada unas tres décadas atrás por colonos que provenían de diversos estados mexicanos. Aún cuando la región todavía tiene una población dispersa, la reciente actividad humana, y en particular la agricultura de roza y quema, que continúa siendo la técnica de cultivo más común en la zona, ha reducido una extensión considerable de bosque tropical y también ha contribuido a la destrucción de vestigios arqueológicos. Por otro lado, y ésto reviste aún mayor importancia, los sitios arqueológicos que se encuentran en la zona se ven amenazados por los saqueos sistemáticos y profesionales, que están aumentando en forma alarmante, y que normalmente redundan en la pérdida irrecuperable de importante información arqueológica y en el daño irreparable de las estructuras arquitectónicas. Por lo tanto, puede afirmarse que los estudios llevados a cabo hasta el día de hoy, han ayudado a rescatar una cantidad considerable de información arqueológicamente significativa.
El objetivo de los relevamientos hechos en el 2001 radicaba en completar el reconocimiento de la zona mencionada más arriba, en la que toda la tierra ha sido distribuída en ejidos (comunidades rurales que disfrutan derechos de usufructo por las tierras que poseen en común). Este objetivo fue logrado en gran parte, aunque unos pocos supuestos grandes sitios no pudieron visitarse porque las autoridades locales y los terratenientes no se mostraron dispuestos a mostrarnos el camino para llegar a ellos. Por otro lado, al haber recibido información sobre algunos sitios importantes ubicados hacia el oeste, dentro de la Reserva de la Biósfera de Calakmul, los cuales, según se nos dijo, se veían amenazados por las incursiones de los saqueadores, decidimos inspeccionarlos; esta tarea fue muy provechosa (se relevaron y mapearon tres sitios de gran importancia; véase más abajo), pero se requería tiempo y recursos, de modo que después no nos fue posible verificar algunos informes de último momento sobre unos pocos sitios ubicados dentro de la zona del ejido. Esperamos que ésto pueda hacerse durante la próxima temporada.
A lo largo de la temporada de campo 2001, que tuvo lugar desde al 10 de marzo hasta el 21 de mayo, conté con la asistencia de José G. Orta Bautista, topógrafo del INAH, mientras que el geógrafo Rubén Escartín Adam y el topógrafo Pascual Medina Meléndrez se nos unieron durante las últimas tres semanas, momento en el que algunos sitios seleccionados se mapearon con una estación total. Por lo general trabajábamos doce horas por día, únicamente con ocasionales interrupciones del trabajo de campo, para llegarnos hasta Xpujil o Chetumal en busca de gasolina, provisiones, o para arreglar asuntos diversos con las autoridades regionales. Anduvimos de pueblo en pueblo para reunir información sobre sitios arqueológicos y poder visitarlos. Los relevamientos de campo, cuando no nos llevaban el día entero, se realizaban normalmente por la mañana, en tanto que por la tarde debíamos dejar preparado el trabajo de campo para la jornada siguiente: buscábamos más informantes, nos acercábamos a otro pueblo, hablábamos con los pobladores, encontrábamos alojamiento y arreglábamos todo lo necesario para la tarea de campo del día siguiente.
El curso de los trabajos se vio obstaculizado por un accidente que ocurrió el 27 de marzo: mientras buscábamos un sitio en la jungla del cual se nos había informado, próximo al pueblo de El Tesoro, me corté la rodilla derecha a causa de un desafortunado golpe de machete, y tuve que ser transportado a la estación médica de Xpujil y más tarde al Hospital General de Chetumal. Como no hice el suficiente reposo, mi recuperación fue muy lenta y en realidad, no estuve en condiciones de caminar o conducir normalmente hasta que terminó la temporada de campo. Sin embargo, gracias a los esfuerzos de mis colaboradores, en particular a la habilidad y entusiasmo de Pepe, el trabajo no se resintió demasiado.
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