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El Proyecto de la Cueva de Jolja
La Naturaleza de don Juan
El concepto de un dios de las montañas que posee la tierra y controla las lluvias se encuentra a través del altiplano y tierras bajas del sur. Muchos de estos dioses de las montañas son considerados como santos católicos, pero sus atributos primarios están enraizados en el abuelo creador precolombino que se llamaba Itzamná en las tierras bajas, y Xpiyacoc en el Popol Vuh. Itzamná y su esposa Ix Chel eran las deidades de la medicina, y los sacerdotes y curanderos los invocaban en sus plegarias (Tozzer 1941:153-55; Taube 1992). Ix Chel fue la primera mujer que hiló el algodón, tejió, engendró hijos y fue partera. Itzamná se consideraba como el primer sacerdote y hacedor de lluvia. En el período postclásico, era la deidad principal a quien se le hacían peticiones para apartar los desastres agrícolas. Durante las ceremonias de año nuevo de los años Kan, Muluc e Ix, se le hacían ofrendas para prevenir la escasez de agua, infestación de langostas y hambruna (Tozzer 1941:144-47). Itzamná está retratado en el arte maya como un hombre muy viejo con cabeza calva (ver K1991). En su manifestación como el dios N, es el señor de las montañas (ver Bassie 2001).
Don Juan, el dios de las montañas, tiene atributos de Itzamná. Don Juan es conocido con una variedad de nombres como nuestro padre, el señor de las cuevas, el espíritu del agua, y el dueño de la tierra (Whittaker y Warkentin 1965; Aulie y Aulie 1978). Se dice que parece un hombre muy viejo y calvo. En otras palabras, se parece mucho a los retratos de Itzamná y el retrato del mam, "abuelo" en el texto del Grupo 5. Como Itzamná, don Juan está asociado con la enfermedad y la curación. Se dice que don Juan captura las almas de la gente y se las lleva a su cueva. Cuando atrapa un alma, enferma a la persona. Para obtener la salud de la persona, un shaman debe rogar a don Juan y recuperar el alma.
Muchas historias tradicionales que se enfocan en las peticiones de lluvia involucran a don Juan. San Miguel, el santo patrono de Tumbalá, con frecuencia juega también un papel importante en estas historias. Una historia chol, registrada por Aucencio Cruz Guzmán, discute una sequía que ocurrió en el valle de Tulijá a mitad de los años sesenta (Spero 1987:135-42). Los granjeros choles de Salto de Agua le pidieron al tatuch de Actiepa Yochib que rogara a don Juan por ellos. Todos fueron a la cueva de Cerro Norte y entraron en sus rincones más profundos. Se dice que tras oír la petición, don Juan conversó con San Miguel, que aceptó ordenar que cayera la lluvia. Los granjeros recibieron semilla de algodón de don Juan para plantar en sus asoladas milpas, y aún antes de que descendieran de la montaña, empezó a caer la lluvia.
La importancia de don Juan se señala en una historia relatada por Miguel Meneses Peñate (Miguel Meneses López 1986:205-207). Explica que durante una sequía, su abuelo y los otros tatuches de Tumbalá peregrinaron a pedir lluvia en las iglesias de Tumbalá, Yajalón, Petalcingo y Tila. Recibieron un mensaje divino de ir a Jolja y hacer ofrendas a don Juan, quien proveería la lluvia necesaria. Lo hicieron así, y don Juan envió la lluvia.
Además de los atributos paralelos entre Itzamná y don Juan, también hay otros mitos choles contemporáneos que son una rica fuente de información sobre las creencias precolombinas. Como ejemplo, la manifestación del abuelo creador Itzamná como ave está basada en una especie de halcón llamado waco o halcón riente (Bassie 2001). El ave hace dos clases de llamadas: un sonido "wa-co" y un sonido "ja-ja-ja" como risa. El halcón riente se alimenta casi exclusivamente de serpientes, incluyendo las venenosas, y esta habilidad debió ser vista por los mayas como una indicación de enorme poder espiritual. Por tanto, es una manifestación apropiada para el poderoso Itzamná. Se dice que la llamada del halcón riente trae lluvia (Dickey y Van Rossem 1938:131; Lowery y Dalquest 1951:555). Los chortíes dicen que:
Cuando oímos cantar al waco, decimos: "El waco está cantando. Va a llover". Porque ese waco está pidiendo lluvia. Porque se dice que el waco es un padrino, o hacedor de lluvia. (Fought 1972:388)
En el área chortí, el padrino es el rezador en el pueblo, que conduce las ceremonias de lluvia, e Itzamná fue el primer hacedor de lluvia. La palabra maya para lluvia es ha, y la risa del halcón riente produce este sonido (ja, ja, ja) (Alonso Méndez, comunicación personal). En la Tableta de la cruz foliada, que replica la cueva oriental, la manifestación de Itzamná como halcón riente aparece en una posición prominente. También hay un halcón riente anidando en la boca de la cueva de Jolja. Cuando estos pájaros cantan ja ja ja desde estas cuevas, literalmente están pidiendo lluvia.
Varios grupos mayas contemporáneos ven al halcón riente como un curandero, que era una de las principales funciones del abuelo creador. Por ejemplo, los tzotziles creen que si una persona puede contestar el canto de este pájaro sin cansarse, se convertirá en un fijador de huesos (Laughlin 1975:362). En Joloniel registramos cierto número de historias sobre el halcón riente. Los mayas choles creen que el halcón riente puede matar serpientes venenosas debido a que conoce como curarse si es mordido. Se dice que la primera mujer que hiló algodón (la diosa lunar) fue mordida por una serpiente venenosa, pero un halcón riente llegó y la curó. En las creencias precolombinas, la primera mujer que hiló algodón fue Ix Chel (la diosa lunar menguante), que incluso lleva el huso de algodón en su tocado. También está asociada directamente con Itzamná porque es su esposa. Además, la historia del halcón riente probablemente está relacionada con la producción de lluvia debido a que hay una creencia difundida de que el hilado de algodón produce nubes de lluvia.
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