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Etnicidad, Casta, y Gobierno en Mixquiahuala, México
Enfermedad Epidémica
Ha habido un debate prolongado entre historiadores y antropólogos sobre el tamaño de la población precolombina de Mesoamérica. Distintos datos demográficos del siglo dieciséis se han usado como punta de partida para reconstruir cuántos nativos había antes de 1519, pero dicha reconstrucción depende de estimados de la mortalidad infligida por una serie de epidemias que tuvieron lugar después de la conquista española. Algunos han calculado una mortalidad de hasta un 90% ocurrida entre 1519 y 1600, en tanto que otros han planteado una cifra más cercana al 25% (McCaa 2000 toma en consideración ambas líneas argumentales y rechaza la última). Debido a que no existen informes de mortalidad detallados para ninguna de las epidemias del siglo dieciséis, los eruditos se apoyan en descripciones más generales de la extensión de cada epidemia, al igual que en los relatos epidemiológicos modernos de las enfermedades que creen pudieron haber sido las responsables.
Las epidemias del siglo dieciocho pueden estudiarse con mayor detalle. Una de las más destructivas fue la epidemia del matlazahuatl que asoló México entre 1736 y 1738, conocida también como la huey cocoliztli (Cuenya 1999). Los relatos contemporáneos informan de 40,000 muertes ocurridas sólo en la ciudad de México. El nombre matlazahuatl también se usó para describir una pandemia anterior, que tuvo lugar entre 1576-1580. ¿Cuál fue el agente patógeno responsable? El tifus, la plaga, la viruela, y más recientemente una fiebre hemorrágica causada por un arenovirus se han propuesto como posibles (para una perspectiva reciente, véase Marr y Kiracofe 2000).
Mientras transcribía los registros de defunciones de Mixquiahuala, descubrí que éstos incluían registros de entierros muy detallados de esta epidemia de 1737. En un lapso de quince meses, comenzando a fines de febrero de 1737, fueron enterradas 218 personas en Mixquiahuala y 380 en Tecpatepec. Si asumimos que no hubo cambios en el tamaño de la población entre 1718 y 1737, ello estaría indicando una mortalidad del 53% y del 57%. No todas las muertes necesariamente serían consecuencia de la enfermedad, si bien al entierro de Rita, la hija de Joseph Hernandez y Augstina Feliciana, efectuado el 6 de junio de 1738, le sigue una declaración "asta esta partida se murieron de la epidemia general que bulgarmente llamaron matlasahual". Al mismo tiempo, en cualquier situación de epidemia, los registros de muertes probablemente estuvieran más incompletos de lo habitual.
Los fallecidos pueden dividirse en dos categorías amplias de no casados (niños y solteros) y casados (entre ellos las viudas y viudos). En Mixquiahuala, murieron 95 no casados y 123 casados, lo cual equivale al 52% y 54% de la población existente en 1718 para cada categoría, y en Tecpatepec, murieron 194 y 186, o sea el 54% y el 61%. Aunque asumamos que los registros incompletos en el padrón de 1718, y un aumento de la población en los siguientes 19 años, dramáticamente exceden la subrepresentación del registro de entierros, sería difícil plantear una tasa de mortandad por debajo del 40%, si no del 50%. Si una sola epidemia pudo causar esta elevada mortandad en un sólo año, dos siglos después de la conquista, los estimados elevados para una tasa de mortalidad por epidemias durante el siglo dieciséis aparecen eminentemente razonables. Hacia 1737, las poblaciones indígenas ya no eran "terreno virgen" para que lo explotaran los patógenos europeos. Al mismo tiempo, la guerra y los conflictos sociales que hacían más vulnerables las poblaciones del siglo dieciséis ante la enfermedad, ya no eran un factor.
La diversidad de diagnósticos indica lo difícil que puede tornarse mapear históricamente síntomas descritos para que representen la definición de las enfermedades actuales. Como ya lo demostraran Scott y Duncan (2001), los estudios a nivel de datos parroquiales pueden echar luz sobre la epidemiología histórica. Mi análisis todavía no está completo, pero puedo sacar algunas conclusiones preliminares sobre la dispersión y etiología de la enfermedad.
El estudio de la distribución de los entierros a lo largo del tiempo se ve complicado porque existen dos registros de entierros diferentes para Mixquiahuala. Las once primeras muertes causadas por la epidemia en 1737 con una anotación "que por ella comenzó la epidemia general" el 28 de febrero de 1737, se encuentran al final del volumen que va de 1712 a 1737. El volumen que sigue, 1737-1748, comienza un día después. Después del fin de la epidemia, los entierros continúan en secuencia hasta 1748. Continúan con un registro paralelo de los entierros de Tecpatepec, que comienza el 2 de marzo de 1737, a continuación de un vacío de cinco páginas en la numeración de los folios, y continúa hasta 1748. La segunda lista de Mixquiahuala consiste de 22 hojas sin numerar insertadas en el comienzo del volumen 1712-1737. Los nombres y la información registrados son casi idénticos hay tres individuos mencionados en la lista sin paginar y no mencionados en el volumen regular y aparecen exactamente en la misma secuencia. Pero las fechas de enterramiento (y ambas listas especifican "enterrado", no "fallecido") difieren dramáticamente, comenzando en el mismo punto pero extendiéndose por períodos de tiempo muy diferentes.
Por suerte existe un control externo de la cronología. Polonio Hernandez, esposo de Magdalena Maria, fue enterrado el 1 de julio de 1737, o el 14 de febrero de 1738. El 14 de octubre de 1737, su hijo Nicasio fue bautizado, y esa anotación especifica que el padre de la criatura ya había fallecido. Esto quiere decir que la fecha de febrero, en caso de tener algún significado, se refiere a algún nuevo entierro posterior o a alguna conmemoración, y no al enterramiento original del cuerpo. Espero que un análisis más detallado de todos los registros del lugar correspondientes a este período, llegue a revelar porqué se llevaban dos registros de entierros.
A lo largo del registro de los entierros debidos a la epidemia, hay numerosos casos de miembros de la familia inmediata (esposos e hijos) que fueron enterrados muy poco después unos de otros. A medida que reconstruyo familias, puedo agrupar algunas relaciones más distantes. El Cuadro 8 detalla quince entierros de individuos emparentados de Mixquiahuala y Tecpatepec. Las seis muertes de Mixquiahuala quedan divididas en dos grupos de madre-hijos/hijas, en cada uno de los cuales los dos hijos/hijas siguen a su madre en los dos días siguientes. Los doce días que median entre las dos hermanas sugieren que Magdalena pudo haberse contagiado de Agustina.
| Cuadro 8. Muertes por matlazahuatl en dos familias relacionadas de Mixquiahuala y Tecpatepec |
| Nombre |
Fecha de entierro |
Edad |
Parentesco |
| Mixquiahuala |
| Agustina María |
12 de mayo, 1737 |
44 |
|
| Efigenia |
14 de mayo, 1737 |
12 |
hija |
| Manuela |
14 de mayo, 1737 |
6 |
hija |
| Magdalena de Mendoza |
24 de mayo, 1737 |
29 |
hermana de AM, cuñada de BB, nuera de YM |
| Joseph |
25 de mayo, 1737 |
8 |
hijo |
| Basilio |
25 de mayo, 1737 |
1 |
hijo |
| Tecpatepec |
| Doña Juana de la Cruz y Granada |
11 de junio, 1737 |
más de 45 |
|
| Balthasar Briseño |
18 de junio, 1737 |
52 |
esposo |
| Basilio |
20 de julio, 1737 |
4 |
nieto |
| Ynes Maria |
31 de julio, 1737 |
más de 68 |
madre de BB |
| Lucas |
2 de agosto, 1737 |
10 meses |
nieto de BB, madre de MIX, nacido en MIX |
| Paula |
14 de agosto, 1737 |
1 |
hija de Bentura Briseño, sin más datos |
| Juan de Aguilar |
16 de agosto, 1737 |
29 |
yerno de BB, padre de Basilio |
| Manuel Briseño |
29 de noviembre, 1737 |
casado |
desconocido |
| Manuel Briseño |
26 de marzo, 1738 |
29 |
hijo de BB |
Las nueve muertes ocurridas en Tecpatepec siguen un patrón más complejo. Doña Juana de la Cruz y Granada y su esposo Balthasar Briseño fueron enterrados semana de por medio. Un mes después fue enterrado su nieto Basilio, y once días más tarde la madre de Balthasar Briseño. A ella le siguió otro de sus nietos, y pasadas dos semanas, otro niño Briseño cuya relación con la familia no se conoce, y Juan de Aguilar, el padre de Basilio. Otro Briseño de conexión desconocida fue enterrado a fines de noviembre, y en marzo, uno de los hijos que quedaban de Balthasar.
Parecería que el agente causativo se dispersó regularmente entre los miembros inmediatos de la familia. La infección, o al menos la muerte, no eran algo irrevocable, puesto que numerosos cónyuges sobrevivieron y algunos se casaron nuevamente con otras viudas antes de que la epidemia finalizara su curso. El hecho de que algunos individuos murieran seis meses o más después de sus cónyuges o hijos, indica que no habían sido infectados por un anterior contacto íntimo, o que la infección no los volvió completamente inmunes.
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