El Refugio Rocoso de el Gigante: Mesoamérica Arcaica y las Transiciones Hacia la Vida en Asentamientos
Discusión y Conclusiones
Ahora ya sabemos que la ocupación del período Arcaico constituye una parte importante de la secuencia disponible para el sitio de El Gigante. También sabemos que, en su mayor parte está intacto, y que los saqueos han dañado sobre todo los restos superiores (del Formativo).
Hasta ese momento, la conducta de los pueblos forrajeadores de las tierras altas mesoamericanas ha sido considerada como paralela a los de las tierras altas de México y a los de la Gran Cuenca de América del Norte. Al ir llenando los huecos concernientes a las diferencias específicas y sutiles de la cultura material y del desarrollo entre El Gigante y otros sitios tempranos de las tierras altas de Mesoamérica, va surgiendo una imagen más vibrante y dinámica de esta extensa región. Este logro no es trivial, puesto que son muy pocos los sitios que nos hablan de este pasado remoto.
Los resultados de la combinación de los trabajos de campo son abrumadoramente positivos. No se han probado en contrario los hallazgos y declaraciones preliminares en cuanto a que se trata del "sitio más antiguo de Centroamérica" (Hasemann, 1996). Sólo se ha refutado la fecha del 39.000 A.P. Hemos confirmado la presencia de material estratificado, incuestionablemente cultural, por debajo de los 9.000 a.C. fechados. Una serie radiocarbónica más completa ha logrado clarificar la cronología del sitio. Si bien la exuberancia inicial acerca del potencial maíz temprano ha quedado desdibujada, la realidad de la llegada tardía del maíz y la agroeconomía tripartita decididamente instalada en el área plantea nuevas preguntas.
Queda aún por determinar si los cambios en la subsistencia a lo largo del Arcaico y del Formativo están correlacionados con los cambios en el medio ambiente. El estudio de los cambios correlacionados de la ecología con los cambios en la subsistencia parece una tarea digna de emprenderse. Sin embargo, no existe para el área un registro paleológico y medio ambiental adecuado e independiente. Planeamos sacar el máximo provecho de la muestra de polen de Rue (1989) (la cual, desafortunadamente, sólo retrocede en el tiempo hasta aproximadamente el 5000 a.C.) y de los otros datos climatológicos disponibles.
Nuestra conclusión es que los cambios morfológicos del maíz que llevaron a su domesticación no tuvieron lugar en las tierras altas de Honduras. Sin embargo, la región de la periferia mesoamericana puede haber sido parte de la exitosa diferenciación regional de variedades de maíz. En el futuro, esperamos estudiar el grado de cambio y dirección de la selección que es evidente en el gran conjunto de mazorcas de que disponemos. Aún cuando en el conjunto no se puedan distinguir las fuerzas selectivas directas, al menos podremos establecer cuándo fue que ciertas variedades pasaron a ser de uso corriente allí, para de esta manera definir conexiones culturales con otras partes de Mesoamérica.
Hoy en día el paisaje que rodea a El Gigante es de cultivos, y creemos que también lo fue en el pasado. Aunque tal vez los cultivos de granos y hortalizas no se hayan adoptado en forma temprana, parece estar claro que algunos árboles útiles (ciruelos, aguacates y zapotes, por lo menos) y tal vez algunas plantas suculentas (como el maguey) sí lo fueron, aunque la mayoría de ellas nunca fue domesticada. La fauna que existía en el lugar además de la ciruela, el maguey, los árboles frutales y el aguacate, fueron el sustento de la población durante miles de años. La subsistencia en el Valle de la Estanzuela, previo a la adopción de la agricultura, puede ser denominada como una "era incipiente de cultivos" (Smith, 1997), si bien puede existir la posibilidad de que el cultivo de plantas no hubiera estado diseñado para domesticarse, y por lo tanto no propulsó a las poblaciones hacia otros niveles de integración sociocultural hasta le llegada, desde el exterior, de aquellas fuerzas agrícolas.
En esta región, la adopción de la fórmula de subsistencia tripartita (maíz, frijol, calabaza) en las periferias fue comparativamente tardía. Nuestra hipótesis es que los niveles poblacionales eran lo suficientemente bajos como para que no fuera factible su integración eficiente en economías de caza y recolección que ya existían, hasta que la presión (en términos de pueblos que se expandían) fue ejercida desde fuentes externas. Una de dichas fuentes pudo haber sido el Valle de Comayagua, al norte, donde existían y crecían complejos cacicazgos formativos, tales como los que construyeron el sitio de Yarumela.
Finalmente, la ocupación Paleoindia de El Gigante resulta evidente por múltiples razones. Estos primeros hondureños no eran cazadores al estilo Clovis que perseguían mamuts para traerlos desde largas distancias. En cambio, en base a nuestros estudios preliminares, es más probable que cazaran los animales que tenían a la mano (ciervo, mayormente) y que hicieran abundantes recolecciones del entorno local, un modo de vida más generalizado que especializado. Es este modo de adaptación el que, en mi opinión, posibilitó en primer lugar el poblamiento del Nuevo Mundo.
El Proyecto El Gigante todavía está en sus primeras etapas, en lo concerniente a las investigaciones que aún han de hacerse. Hacen falta muchos más colaboradores especialistas para seguir todas las líneas de evidencia disponibles que quedaron por estudiar.
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