Imagen - Vasija de Cacao - K6706 © Justin Kerr FAMSI © 2003:
Laura Solar Valverde
 

Dinámica Cultural del Valle del Mezquital durante el Epiclásico

Evidencias de Interacción Interregional durante el Epiclásico

Hace ya cuarenta años, durante las exploraciones en Xochicalco que se desarrollaban bajo su dirección, el arqueólogo César Sáenz localizó una serie de ofrendas antecediendo la segunda etapa constructiva de la Pirámide de las Serpientes Emplumadas.

Figura 1. Sáenz, 1963a. Lo singular de este hallazgo fue la presencia de ciertas figuras labradas en piedra verde que, llamando la atención del propio Sáenz, parecían compartir los mismos rasgos (Figura 1 y Figura 2). Distribuidas en tres de los cuatro contextos principales registrados en ese edificio durante la temporada de 1962-63, las piezas estaban acompañadas de otros objetos peculiares como una vasija de tecali con decoración policroma al fresco, un caracol labrado y sartales de concha, en el caso de la Ofrenda 1, varios caracoles y cuentas de concha en el caso del Entierro 1 y cuentas tubulares y cuadrangulares de piedra verde, además de un par de orejeras del mismo material, en el Entierro 2.
En su reporte sobre estos hallazgos, Sáenz advierte que uno de los personajes representados en piedra verde guarda gran similitud con la placa hallada por él mismo al participar en las exploraciones del Templo XVIII de Palenque, en 1954 (Sáenz, 1956:8-9, Hirth, 2000:203) (Figura 3), además de con algunos objetos que forman parte de la colección Woods Bliss y que fueron ilustrados por Samuel Lothrop en su trabajo Pre-Columbian Art (1959, en Sáenz, 1963a:21-22).

Figura 2. Tomado de Sáenz, 1963a.            Figura 3. Tomado de Sáenz, 1956.

Con respecto a estas últimas figuras, Lothrop sugiere una posible conexión con la cultura zapoteca y Sáenz añade que el tipo de decoración en el tocado que porta la mayoría de los personajes aparece en los jades de la altiplanicie de Guatemala y El Salvador, lo mismo que en la región olmeca (ibíd:22). Todo lo anterior lo lleva a proponer que "[…] debemos buscar su asociación con la región zapoteca y quizás también con las culturas que se encuentran más hacia el sur." (idem)

Sumando estos hallazgos a los realizados meses antes en el Edificio "C", donde también se conjuntaban pendientes de piedra verde, caracoles, cuentas de concha y placas del estilo que nos interesa, César Sáenz concluye que "Las nueve placas o pendientes de jade que encontramos y que proceden tanto de la Estructura C, como de la Pirámide de las Serpientes Emplumadas, nos indican la existencia e importancia de esta deidad en Xochicalco, puesto que todas ellas representan con ligeras variaciones, al mismo personaje." (Sáenz, 1963b:7)

A partir de los años treinta Alfonso Caso estuvo al frente de un amplio programa de exploraciones en Oaxaca. Con ayuda de varios investigadores se recorrieron y excavaron sitios tanto de la Mixteca como de los Valles Centrales, de esta última región principalmente Monte Albán (Bernal, 1965:793). John Paddock, quien participó en estos trabajos, reúne algunas de las interpretaciones alcanzadas durante más de treinta años de intervenciones en aquella zona en su obra Ancient Oaxaca. Discoveries in Mexican Archaeology and History (1966).

Mencionamos de manera especial la publicación de Paddock porque en ella se ilustra una gran variedad de piezas que son variantes del estilo descrito por Sáenz, la mayoría de las cuales actualmente forma parte del acervo del Museo Nacional de Antropología e Historia (Figura 4).

Figura 4. Tomado de Paddock, 1966.

Paddock reproduce estos objetos pero no profundiza en su descripción ni menciona a qué contexto pertenecieron, aunque los atribuye a las fases Monte Albán IIIb, IIIb-IV y IV (1966:152, figs.159-165). La misma asignación temporal y escasos datos sobre su procedencia se desprenden del trabajo de Alfonso Caso sobre lapidaria oaxaqueña, publicado un año antes. En éste, Caso reconoce la similitud que guardan con piezas mayas contemporáneas (1965a:906-907), lo que puede observarse claramente en el trabajo de Robert Rands sobre jades de las tierras bajas mayas, que aparece en el mismo volumen (1965:569-573).

Nadie niega que existieron vínculos entre Xochicalco, los Valles Centrales de Oaxaca y el Área Maya, pero tampoco sobran elementos para reflexionar sobre qué tan estrechos llegaron a ser y qué matices adoptaron en el aspecto social, rebasando el valor comercial de los objetos compartidos. Es precisamente en ese sentido que pueden resultar de utilidad las piezas y contextos que motivaron este trabajo.

Sorpresivamente su rastreo nos lleva más allá de estas regiones, hasta sitios y contextos tan lejanos geográficamente y en apariencia tan ajenos culturalmente, que valdría la pena revalorar su papel dentro del dinámico mosaico mesoamericano.

César Sáenz es uno de los primeros investigadores en exponer con detalle el contexto en el que fueron encontradas las piezas. La importancia de sus publicaciones radica en reconocer la similitud de los rasgos representados, de manera que pueden considerarse no sólo dentro de un mismo estilo, sino incluso asociados a una deidad específica, a cuyos atributos se suman los objetos con los que suelen compartir un contexto arqueológico.

Años antes de los hallazgos en Xochicalco se había documentado la existencia de estas piezas en lugares como Tula, Monte Albán, Palenque, Veracruz, Chichén Itzá y diversos sitios en Centroamérica (véase Ringle et al, 1998; McVicker y Palka, 2001); incluso Ramón Mena, como Jefe del Departamento de Arqueología, había publicado un catálogo de los objetos de jade que albergara en sus bodegas el entonces Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, en el cual se ilustran varios ejemplos (1990 [1927]:láms. 2, 5, 13). Ahora sabemos que además existen ejemplares en otros lugares de Hidalgo, en Querétaro, Estado de México, Guerrero y la Mixteca, por ejemplo, y que abundan en los sitios de las tierras mayas del sur.

Página Anterior  |  Contenido  |  Próxima Página

Regrese al comienzo de la página