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Laura Solar Valverde
 

Dinámica Cultural del Valle del Mezquital durante el Epiclásico

Algunos Contextos

Para arribar de lleno al posible significado de las figuras y las implicaciones de su distribución, consideramos importante puntualizar en las regiones donde aparecen y, en caso de existir información, los contextos de los que formaron parte.

Area Maya

Una muestra numerosa de estas piezas fue extraída del Cenote Sagrado de Chichén Itzá (Figura 5, Figura 6 y Figura 7). A pesar de lo difícil que es arribar a conclusiones con piezas que fueron desligadas de su contexto original, Tatiana Proskouriakoff llevó a cabo la extraordinaria tarea de analizar los objetos recuperados por la Institución Carnegie de Washington en ese lugar y publicó un trabajo que rebasa la labor exclusiva de catalogación (Proskouriakoff, 1974). En él, la autora hace una clasificación preliminar de los objetos para distinguir temporalidad y procedencia, considerando como variables principales los motivos y representaciones, formas y arreglo, y técnica de manufactura.

Figura 5. Tomado de Proskouriakoff, 1974.

Independientemente de las diferencias impresas por cada fabricante Prouskouriakoff observa en el conjunto la aparición, transformación y declinación de ciertas técnicas, y un análisis comparativo de monumentos, esculturas y contextos le permite proponer una secuencia cronológica para este desarrollo.

En dicha evolución, a partir del Clásico parece adoptarse y generalizarse el manejo de implementos mecánicos que permitieron lograr un efecto más nítido y estandarizado al delinear motivos, y mayor precisión en los trazos curvos (Proskouriakoff, 1974:9).

Como parte de esta innovación tecnológica se observa el uso de perforadores o taladros tubulares, que dejan huellas muy particulares consideradas uno de los principales indicadores cronológicos del Clásico Tardío (Digby, 1972:24; Proskouriakoff, ibíd:13).

Figura 6. Tomado de Proskouriakoff, 1974.

Figura 7. Tomado de Proskouriakoff, 1974.

Ciertos patrones iconográficos en las ilustraciones que acompañan este texto hacen su aparición durante el Clásico Temprano. En la descripción que hace Alfred Kidder (en Proskouriakoff, ibíd:12) de placas halladas por él en la región de Nebaj, Guatemala, correspondientes a ese periodo, las figuras muestran los brazos flexionados y los dorsos de las manos unidos a la altura del pecho, complicados tocados y collares ajustados al cuello. A nuestros ojos es significativa la ausencia de perfiles ofidios o humanos flanqueando el rostro de los personajes en las piezas guatemaltecas tempranas, lo que Proskouriakoff resalta como una diferencia con su colección, donde este motivo se presenta en piezas que ya considera de un estilo transicional Clásico Temprano-Tardío. 5   Rasgos que se aprecian también por primera vez en esta transición son una "borla" al centro de la frente y orejeras perforadas, "presagiando convenciones comunes en fecha posterior", nos dice Proskouriakoff (idem).

A lo ya mencionado se anexan también durante el Clásico Tardío las bandas dobles simples que conectan la borla del tocado con las orejeras, en las últimas épocas ocasionalmente rizadas hacia arriba, 6   y un detalle importante: las manos se mantienen a la altura del pecho, pero esta vez aparecen las palmas hacia adentro, los dedos muchas veces tocándose, en contraste con la posición común en tiempos anteriores (idem).

Al finalizar su análisis, la autora concluye que "La mayoría de las piezas en la colección fueron manufacturadas, no en Chichén Itzá, sino en el área Maya del sur en el Periodo Clásico Tardío." (ibíd:x)

Hasta este momento sabemos entonces, que la manufactura de las piezas mayas que nos interesan ocurrió principalmente entre los años 600 y 900 D.C. y que derivan de un estilo sureño. Existe sin embargo una incógnita sobre en qué momento y con qué finalidad fueron ofrendadas al Cenote.

Lamentablemente es hasta ahora imposible conocer en qué momento se realizó el depósito (Thompson, 1973:133). Existen básicamente dos versiones sobre este hecho, que parten de concepciones disímbolas de sucesos históricos ocurridos en Chichén Itzá y el carácter de los vínculos que esta ciudad maya sostuvo con otras regiones. 7 

Proskouriakoff proporciona una alternativa para explicar la presencia de piezas del Clásico Tardío y estilo sureño en el extremo norte de la Península de Yucatán. Aunque algunos ejemplares pudieron llegar por esa vía, la autora considera que Chichén Itzá no fue durante el Clásico lugar de reunión para peregrinos procedentes del Petén, pues explica que no existe evidencia suficiente para pensar en un "intercambio" intenso entre ambas zonas en ese momento. Para ella, fue durante la "ocupación tolteca" que estos objetos fueron ofrendados a las aguas del Cenote Sagrado, sin haber sido esa su finalidad original, en palabras de Proskouriakoff: "[…] la mayoría de las piezas fabricadas en el sur fueron usadas ahí y debidamente enterradas con sus dueños en tumbas del Clásico, para ser desenterradas más tarde, ya sea por merodeadores toltecas o sus aliados regionales, y enviadas a Chichén Itzá como tributo o regalo […]." (ibíd:14-15). Para Proskouriakoff esta situación explicaría por qué una buena parte de los entierros en las regiones del sur se hallan despojados de su contenido 8   y por qué siendo el ’periodo tolteca’ el momento de mayor actividad en el Cenote Sagrado son objetos que datan del Clásico Tardío los más abundantes. Sin embargo, revisiones recientes de la cronología de Chichén Itzá han desvanecido la abrupta y secuencial distinción que se presumía entre las ’ocupaciones’ maya y ’tolteca’ de Chichén, e incluso parecen confirmar que el periodo de mayor dinámica en aquella ciudad se remite al Epiclásico (Cohodas, 1989; Wren y Schmidt, 1991; Ringle et al, 1998).

Clemency Chase Coggins propone que las piezas fueron arrojadas poco tiempo después de su manufactura: "Es lo más sencillo asumir que todos estos objetos foráneos, que fueron rotos en su consignación ritual al Cenote, 9   fueron llevados a Chichén Itzá durante el periodo Clásico Terminal cuando fueron tallados, más que hayan sido todos reliquias, o saqueados de tumbas mucho tiempo después" (1984:27).10

Coggins considera que se depositó a la mayoría de las placas de jade durante el Periodo Temprano I, alrededor del siglo IX (1984:43, véase también McVicker y Palka, 2001:184). Ringle, Gallareta y Bey proponen que esto pudo iniciar desde un siglo antes, contemplando el hallazgo de piezas del mismo tipo en contextos epiclásicos al interior de la propia ciudad de Chichén, en Monte Albán y en Xochicalco (Ringle et al, 1998:203).

Durante las exploraciones en el Templo del Chac Mool en Chichén Itzá, a cargo de E. Morris, J. Charlot y A. Morris de la Institución Carnegie, se localizó una caja de piedra con tapa depositada como ofrenda a un altar. El recipiente contenía restos de un collar de concha, jade y un pendiente con un rostro tallado del estilo que hemos descrito, además de un mosaico de turquesa (Morris et al, 1931:186-188, figs. 119 y 121). De iguales características es el collar que, también dentro de una caja de piedra, se dispuso al pie de la escalinata interior de El Castillo (Erosa, 1939:241; Marquina, 1990 [1951]:854-855, foto 428; CCM/MEB, 1990:189, fig. 96; Ringle et al, 1998:203, fig. 18; McVicker y Palka, 2001:184), esta vez junto a un "pequeño depósito de restos humanos" (Erosa, idem). Nuevamente el sartal estaba acompañado por dos mosaicos de coral, concha y turquesa, con diseños de serpientes en perfil (Erosa, ibíd, figs. 6 y 7; Marquina, ibíd, fotos 426 y 427). Hasta el momento es difícil asignarle a estos dos contextos una temporalidad definitiva, pero revisiones recientes de la cronología del sitio (Cohodas, 1989:227-238; Wren y Schmidt, 1991; Ringle et al, 1998:183-184, 188-192) permiten suponer que su disposición antecedió al Postclásico Temprano.11

Es viable que arrojar las placas de piedra verde a las aguas del Cenote Sagrado sea una acción contemporánea con la época de su manufactura, y que las ceremonias durante las que fueron ofrendadas deban insertarse en el ámbito de su significación original (como proponen Ringle et al, idem), pero a diferencia de Coggins (1984:70) creemos que su producción no estuvo diseñada con esa exclusiva finalidad.

Contrario a lo que afirma Coggins para sustentar que las figuras estuvieron siempre destinadas a arrojarse al Cenote, las versiones más sencillas de estas placas sí son representadas en escultura y pintura siendo portadas por personajes como parte de collares, pecheros o cinturones, razón por la que la mayoría tienen perforaciones, de lo que se desprende que sí fueron posesiones personales y ornamentos (Figura 6 y Figura 7; véase también Acosta, 1955, lám. 2; Jiménez, 1998, figs. 22 y 59; Mastache y Cobean, 2000, fig. 23; McVicker y Palka, 2001, figs. 10, 11 y 12c; ver nota 37).

En las tierras mayas del sur se han rescatado estas piezas en contextos de enterramiento. Por ejemplo, durante los trabajos en la Estructura A34 de El Caracol, en Belice, Diane y Arlen Chase exploraron una tumba donde habían sido colocados los restos de mínimo cuatro individuos y algunas ofrendas (1996:66-78). El depósito se había realizado por lo menos en dos episodios, reutilizando el sepulcro. Esta situación alteró parcialmente las deposiciones previas, dificultando la asociación entre los objetos y sus propietarios, pero las piezas cerámicas denotan un lapso de aproximadamente cien años en el que transcurrieron los eventos, dentro del Clásico Tardío.

De los cuatro individuos, sólo un adulto joven había sido desmembrado y sus restos posiblemente arreglados en un fardo mortuorio. Los artefactos asociados con este conjunto de huesos incluyen cuentas, orejeras y otros ornamentos de concha, navajas de obsidiana y un pendiente de jadeíta como los que tratamos aquí, del tipo que muestra únicamente el rostro con los característicos ojos y boca abultados, orejeras y el remate al centro de la cabeza, que en este caso es descrito como "[…] una especie de corona en su frente que ha sido asociada con las autoridades reales mayas." (Chase y Chase, ibíd:70-71, fig. 9)

Otro ejemplo es el ya citado hallazgo de César Sáenz en Palenque. En el año de 1954, cuando se realizaban trabajos de excavación y consolidación en el Templo XVIII, cerca del pórtico y por debajo del piso de estuco se hallaron tres cistas selladas con lajas. De éstas, la denominada Tumba No.2 contenía un entierro secundario al que acompañaban más de un centenar de objetos de jade (cuentas, pendientes, fragmentos de un mosaico y dos orejeras), concha (cuentas y una pieza con glifos grabados), pedernal (pendientes), perlas, pirita (laminillas), obsidiana y cerámica (Sáenz, 1956:8-9). Entre los objetos resalta "[…]una placa de jade que representa un "halach huinic" en posición sedente […]" según la descripción de Sáenz (idem), a la que más tarde agrega: "[…] con tocado formado por un círculo con dos líneas que se cruzan en forma de X, y dos especies de cabezas de serpientes, una a cada lado. Lleva orejeras y collar" (Sáenz, ibíd:15 y lám. 20) (Figura 3). El material que acompañaba al individuo desmembrado no pudo ser fechado absolutamente, pero al liberar el pórtico del templo se encontraron adheridas al muro exterior, por ambos lados, "[…]dos lápidas con su correspondiente Serie Inicial y fecha de Cuenta Larga […]" cuya lectura es "[…]9.12.6.5.8, 3 Lamat 6 Zac, año 678 de nuestra Era en la correlación B, y en la correlación A corresponde al año 418" (ibíd:9). Como se ha demostrado que la correlación Goodman-Martínez-Thompson es la más acertada, Sáenz se inclina por la fecha 678 D.C. y en sus menciones posteriores de este hallazgo se refiere únicamente a ella.

Volviendo al trabajo sobre los objetos del Cenote Sagrado, Tatiana Proskouriakoff concluye que "[…] la extensión geográfica total de la colección es difícil de juzgar. Un reducido número de piezas pueden adscribirse a las tierras altas de Guatemala y a su costa en el Pacífico" (1974:x) y posteriormente recuerda su existencia en Oaxaca: "Hay un estilo oaxaqueño relacionado cercanamente, que emplea mucho de la misma técnica [del Clásico Tardío]. Los ojos, nariz y boca son representados mediante simples arcos, y en los pendientes más grandes el tocado se compone de la borla central del Clásico Tardío y bandas que algunas veces se enrollan por encima de las orejeras." (ibíd:14)

Las coincidencias con Oaxaca fueron también señaladas por Clemency Coggins quien, refiriéndose a una placa de estilo "Nebaj" que forma parte de la colección recuperada en el Cenote Sagrado, opina que: "Como sea que haya viajado [desde las regiones mayas del suroeste], eventos similares probablemente vincularon al centro oaxaqueño de Monte Albán con la región del Río Usumacinta, donde está su origen. Un fragmento de una placa "Nebaj" como ésta fue incluida en una ofrenda de Monte Albán IIIB con una variedad de jades comparables con aquellos encontrados en el Cenote (Caso 1965a, fig. 20)." (Coggins, 1984:70)


Notas Finales

  1. Con bases estratigráficas, Alfred Kidder pudo establecer las diferencias básicas entre la talla de jade del Clásico Temprano y la del Tardío, para la región de Nebaj, Guatemala (Rands, 1965:574). Como parte del estilo tardío aparecen las placas que muestran personajes con la cabeza en perfil portando tocados serpentinos, caracterizados por narices alargadas (ibíd:573, 578, fig. 43).
  1. En su estudio sobre jades mayas, Adrian Digby (1972:23-24) también menciona una evolución tecnológica e iconográfica que puede rastrearse desde el Clásico Temprano al Tardío. El uso de perforadores o taladros tubulares había ya sido destacado por él como clave para diferenciar el estilo temprano del tardío, correspondiendo al último, al igual que las bandas que aparecen rizadas por encima de las orejeras (ver también Easby, 1961:74-75).
  1. Nos referimos a la secuencia ocupacional de Chichén Itzá, que ha sido dividida en dos grandes periodos: una ocupación propiamente "maya" del sitio (600/750-950 D.C.) y una ocupación tolteca (950-1250 D.C.) (Thompson, 1941; Kubler, 1961; Wren, 1984; Coggins, 1984, 1992). Es indudable que se dio una relación estrecha entre Tula y Chichén, lo que no es claro es en qué momento ocurrió y bajo qué condiciones. Hay quienes piensan que un grupo de guerreros provenientes de la ciudad de Tula arribaron a la península yucateca sojuzgando a la población local (Diehl, 1983:144; Coggins, 1984) e imponiendo un estilo arquitectónico y artístico (Jiménez Moreno, 1941:82; Acosta, 1956-57:108-109). Por el contrario, se exponen evidencias de que el impacto de los extranjeros no fue tan determinante en la población residente (Du Solier, 1941:188; Wren, 1984:21), que la "influencia" transitó también en sentido inverso incidiendo en el arte y arquitectura de la capital tolteca, e incluso que los toltecas residentes en Chichén exportaron más de lo que aportaron (Kubler, 1961:49, 76-79). Actualmente se sabe que algunas estructuras que se consideraban características de ese periodo son anteriores (Wren, ibíd:20; Cohodas, 1989:228-231; Wren y Schmidt, 1991; Ringle et al, 1998:184, 188-192), que el llamado ’estilo tolteca’ combina también conceptos de la Costa del Golfo y Oaxaca (Wren y Schmidt, ibíd:203; Schmidt, 1999:439; Ringle et al, ibíd:184) además de las tierras bajas mayas del sur y la costa pacífica de Guatemala (Wren, ibíd:19-20) y que muchos de los elementos definidos como ’toltecas’ en Chichén y otros centros de las tierras bajas tienen antecedentes en la propia región o ni siquiera existen en Tula (Kubler, 1961:47-79; Cobean, 1978:105-106; Cohodas, idem). Esto último ocurre con la mayoría de las piezas del Postclásico Temprano ofrendadas en el Cenote Sagrado (Proskouriakoff, 1974:16), y con respecto a las placas de piedra verde que nos interesan, tan abundantes en las colecciones provenientes del Cenote, hasta donde sabemos sólo cuatro ejemplares se han hallado en el sitio hidalguense. Quienes actualmente trabajan esta problemática se inclinan por una solución intermedia, donde los aspectos multiétnicos representados en el arte y arquitectura de Chichén Itzá son interpretados como "[…] un ejemplo de convergencia cultural, más que la oposición entre elites de dos grupos étnicos […]." (Wren y Schmidt, ibíd:201)
  1. Al parecer, la profanación de tumbas y el despojo de sus ofrendas fue una práctica común. Grube, N. y L. Schele han trabajado textos jeroglíficos al interior de tumbas mayas, que describen la irrupción en el sepulcro sellado en busca de reliquias (en Chase y Chase, 1996:77). Se sabe de un comportamiento similar entre los aztecas (Proskouriakoff, 1974:15).
  1. Sobre el deterioro intencional al que fueron sujetas las piezas antes de arrojarse al Cenote, McVicker y Palka proponen que fue resultado de un acto ritual en el que objetos emblemáticos de un orden político determinado fueron "matados" en razón del establecimiento y justificación de un nuevo orden (2001:194).
  1. Esto es lo más viable, sobre todo porque, como señalan Ringle, Gallareta y Bey, la limitada variedad de motivos entre la numerosa cantidad de piezas sería poco probable si los objetos hubiesen sido ’pepenados’ (1998:207, nota 17). No hay que olvidar, sin embargo, que en el Cenote existían piezas mucho más tempranas contenidas en ofrendas de copal del Postclásico Tardío, sobre las que sí acepta Coggins que "[…] habían sido aparentemente tomadas de tumbas u ofrendas cerca de un milenio anteriores […]" (1984:27).
  1. La subestructura de El Castillo es un edificio temprano en la segunda fase arquitectónica del sitio y la superestructura corresponde a la última parte de esa misma fase. Con base en fechamientos por C14 Cohodas ha situado ambas construcciones cuando más tarde en el Clásico Terminal (1989:229, ver también Ringle et al, 1998:191-192, Tabla 1). El Templo del Chac Mool, una porción del cual fue arrasada al construir el Templo de los Guerreros (Morris et al, 1931:70), corresponde a la siguiente fase arquitectónica, de lleno en el Clásico Tardío (Cohodas, idem). También se han obtenido fechas epigráficas y por radiocarbono, que vinculan al sitio de Uxmal con Chichén Itzá hacia el Clásico Terminal. Es interesante que en el Adoratorio al frente del Palacio del Gobernador, en Uxmal, se recuperó una de nuestras placas (Easby, 1961:72; Rands, 1965; CCM/MBE, 1990:190, fig. 100). De Uxmal también proviene una de las vasijas de tecali que se asemejan más en forma a los vasos cilindricos de soporte pedestal, también de tecali, registrados en Tula (Acosta, 1956-57:100), Sabina Grande (Carrasco, et al; Carrasco en preparación) (ver más adelante) y el Cenote (Coggins, 1984:33). La pieza de Uxmal tiene un panel grabado "en estilo maya Clásico Tardío-Terminal (800-900 D.C.)" (Coggins, idem).

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