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Dinámica Cultural del Valle del Mezquital durante el Epiclásico
Oaxaca
Alfonso Caso ya había observado el vínculo expuesto por Coggins, señalando una aparente influencia maya en la talla de jade en Monte Albán IIIb, además de que algunos fragmentos directamente importados desde aquella región fueron localizados como parte de ofrendas con piezas locales (Caso, 1965a:899).
Como ya hemos mencionado, son varias las piezas que provienen de Monte Albán y que se asignan a los periodos IIIb, IIIb-IV y IV (Caso, ibíd:906-911; Paddock, 1966:157-160) (Figura 4). En la secuencia cronológica del sitio son precisamente esos periodos los que encierran mayores confusiones en su delimitación temporal y caracterización social, ya que no existen verdaderas distinciones materiales entre ellos (Flannery y Marcus, 1983:184; Paddock, 1983:187; Kowalewski, 1983:188; Scott, 1998:185). Ignacio Bernal considera que culturalmente son "exactamente el mismo", pues tanto la cerámica como la arquitectura son iguales y el único rasgo que corresponde al último es la destitución de Monte Albán como centro principal del valle de Oaxaca (Bernal, 1965:802, 804, 806-807). Por este motivo el mismo autor concluye que se trata de un mismo periodo con dos subfases, no de dos periodos, y atribuye esta continuidad a que, independientemente del abandono de su centro ceremonial, el valle permaneció habitado (Bernal, ibíd:804).
En fecha reciente el arqueólogo Marcus Winter expuso un análisis detallado de los elementos que pudieran atribuirse confiablemente a cada intervalo, en Monte Albán y otros sitios contemporáneos, corroborando que no existe sustento para diferenciar los periodos IIIb y IV. Reconociendo que sólo es válida una designación (IIIb), y basándose en fechas de radiocarbono y correlaciones cerámicas, propone su inicio cuando más temprano en el año 500 D.C. y su culminación alrededor de 800 D.C. (los fechamientos oscilan específicamente entre 640 y 755 D.C.); en este lapso la antigua ciudad zapoteca de Monte Albán experimentó su apogeo. Winter agrega que tampoco existen bases para extender su ocupación hasta el año 1000 D.C., lo que comúnmente se ha hecho (1989:127).12
Es significativo que en los Valles Centrales de Oaxaca las figuras de piedra verde que nos interesan sutituyen a las de marcado estilo teotihuacano, que fueron comunes durante el Periodo IIIa (Caso, 1965a:903). Caso se refiere a este cambio como un renacimiento o reanimación de la talla del jade en Monte Albán, contemporáneo o ligeramente posterior al renacimiento del estilo maya en el Clásico Tardío.
A decir por el trabajo de Caso, lotes de estas figurillas fueron localizados en la Ofrenda 3 del Templo del Jaguar, y en la primera y tercera ofrendas del Montículo B. Con excepción de una pieza, en este trabajo no se hace referencia a su asociación con entierros humanos ni se profundiza en las características contextuales, resultando además asombrosa su aparente ausencia al interior de las famosas tumbas zapotecas. Es una lástima que de los ejemplares más elaborados que conocemos y sabemos provienen de Oaxaca, Caso sólo ilustra dos, uno de Guiengola cuya procedencia exacta se desconoce, y otro rescatado en el Montículo B de Monte Albán, de temporalidad dudosa (Caso, ibíd:908, 910, figs. 26 y 27). Sobre esta última pieza, que muestra a un individuo con vistoso tocado, nos dice Caso: "[
] tal vez representando a un hombre con atributos de una serpiente emplumada (i.e. Quetzalcóatl) [
]." (ibíd:908)
Los tocados con atributos de serpiente son comunes entre las placas más complejas, como aquella que se encuentra en el Museo de Völkerkunde, en Viena,13 ilustrada por Marcus Winter, quien a propósito nos dice: "Estos adornos son portátiles y probablemente fueron intercambiados entre grupos de distintas regiones, por lo cual han sido encontrados también en Xochicalco y Chichén Itzá. Su lugar de manufactura no se ha determinado." (Winter, 1994:165)
Notas Finales
- La siguiente fase sobre la que se tienen algunas certezas en los Valles Centrales de Oaxaca es Monte Albán V (1250-1521 D.C.), quedando un espacio de aproximadamente quinientos años de los que se sabe muy poco (Winter, 1989:127-129). Considerando el abandono de Monte Albán anterior al año 1000 D.C., secuencialmente correspondería al Periodo IV una duración aproximada de 200 años, por lo menos en aquella ciudad. Para evitar el problema que conlleva la designación numérica de fases, quienes actualmente trabajan en Oaxaca han propuesto una nueva terminología (ver: Winter, 1998:158, fig. 1), donde se denomina a la época de apogeo de Monte Albán como fase Xoo (Winter, ibíd:158, 170-176).
- Una pieza de éstas, casi con seguridad de manufactura zapoteca, fue encontrada en San Jerónimo de Juárez, Guerrero (Von Winning y Stendahl, 1972, fig. 338; Hirth, 2000:203). En el tocado del personaje se muestra una serpiente de perfil de cuyas fauces emerge el rostro, también en perfil, de otro personaje. Desconocemos su procedencia exacta y sobre su asociación contextual sólo sabemos que se encontraba al interior de una vasija trípode de tecali, con dos conchas (Von Winning y Stendahl, ibíd, fig. 337). Con estos datos es difícil proponer una temporalidad, ya que en este sector de la costa guerrerense hubo una ocupación aparentemente continua desde el Formativo y hasta el Postclásico Temprano (Weitlaner, 1948:80-81). Específicamente hacia el Clásico se habla de objetos teotihuacanoides y mayoides, y más tarde de elementos de la cultura mazapa y cerámica plumbate (ibíd:83).
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