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Dinámica Cultural del Valle del Mezquital durante el Epiclásico
Hidalgo y Querétaro
Por parte del Proyecto Valle del Mezquital de la ENAH, durante el invierno de 1998, se realizaron excavaciones miniextensivas en el sitio Sabina Grande, municipio de Huichapan, Hidalgo (Carrasco et al, 2001). En este lugar aparecen representados en superficie los complejos Corral, Corral Terminal y Tollán (López y Fournier, 1992:16-42; Fournier, 1995) como fueron designados por Robert Cobean para Tula (1990), pero durante los trabajos de excavación se detectó una secuencia estratigráfica que puede situarse dentro de los límites del complejo Corral Terminal (900-950 D.C.).
El Complejo Corral Terminal es transicional entre las fases relativas a Coyotlatelco y la ocupación principal de Tula Grande. En él se traslapan materiales de ambos complejos, Corral (800-900 D.C.) y Tollán (950-1150/1200 D.C.): "[
] la principal continuidad cerámica entre las ocupaciones de las esferas Coyotlatelco y Tollán en Tula, es el traslape temporal de algunos tipos bien definidos de ambas esferas, en lugar de la existencia de tipos de transición" (Cobean, 1990:502; ver también Cobean y Mastache, 1989, Tabla 5.2; Healan et al, 1989:243-244). En este momento además aparece como diagnóstica la cerámica Mazapa de Líneas Rojas Ondulantes (Healan et al, 1989:243; Cobean, 1990:267-280).
En congruencia con lo anterior, en la descripción estratigáfica de Sabina Grande (Carrasco et al, 2001:59-67) dentro de un mismo estrato se reportan tipos que de acuerdo con la clasificación de Cobean inician en Corral (i.e. Pastura, La Luz, Rito); otros diagnósticos de Corral Terminal (como Mazapa Líneas Ondulantes y Joroba) y algunos extensivos a Tollán pero que hacen su aparición desde Corral Terminal (i.e. Macana, Manuelito, Proa) (Cobean et al, 1981:195; Cobean, 1990:301-303, 327, 333, 362, 364, 502). Independientemente de esta convivencia, un indicador más de que la secuencia en general puede circunscribirse a los límites de Corral Terminal es la notoria ausencia tanto de los tipos más comunes en etapas anteriores como de tipos exclusivamente tardíos.16
Una cerámica que se considera diagnóstica de fase Tollán es Jara Anaranjado Pulido, cuya presencia en fases anteriores es insignificante en relación con su abundancia hacia la parte final de Tollán (Cobean, 1990:345). En contraste, menciona el autor que Blanco Levantado, que inicia en Corral Terminal y se extiende hacia Tollán, disminuye a medida que aumenta Jara, considerándolos incluso "excluyentes" (ibíd:455). En la excavación de Sabina se recolectaron cantidades importantes de Blanco Levantado, mientras que en el análisis cerámico preliminar se reportan únicamente dos tiestos de Jara (Carrasco et al, 2001:59-67).
Adicionalmente, no existen ejemplares de Sillón Inciso o Plumbate, cuya presencia sería de esperar en un contexto como el que describiremos a continuación. Ambos tipos se han localizado en la región a nivel de superficie, por lo que sabemos que sus habitantes tenían acceso a ellos, siendo el último "[
] relativamente común en sitios de la fase Tollán en la región de Tula, fuera de la zona urbana." (Crespo y Mastache, 1977, en Cobean, 1990:483)
En el contexto ofrendario principal de la excavación en Sabina, acompañaban a un entierro secundario una serie de objetos manufacturados en concha, jade, tecali,17 sílex, obsidiana y escasos componentes de un mosaico, presumiblemente de turquesa. Se cuenta también con un pendiente de piedra verde con un rostro tallado, del tipo que estamos tratando (Carrasco et al, 2001:61, 68-70, 72-73) (Figura 8).
| La presencia aislada de este objeto en esta región podría interpretarse como anómala, y su obtención como producto de un intercambio poco común a larga distancia, a no ser por el resto de los objetos que lo acompañan y el contexto similar que fue hallado unos años antes en San Juan del Río, Querétaro, y al cual nos referiremos en breve.18 |
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| Entre los ornamentos recuperados en Sabina Grande sobresalen la vasija de tecali,19 dos orejeras y varios objetos labrados en piedra verde, una navaja y un cuchillo de obsidiana, y varias puntas de sílex (Mario Carrasco, en preparación); cuentas y placas de concha labrada, un aro extraído de la superficie de un bivalvo y espirales labrados sobre caracoles (Mónica Jiménez, en preparación). |
Por su parte, durante las excavaciones de rescate realizadas en 1991 en el Barrio de la Cruz en San Juan del Río, Querétaro, Ana María Crespo y Juan Carlos Saint Charles exploraron una serie de entierros y ofrendas de gran interés (Crespo y Saint Charles, 1991). Acerca del Entierro 3 nos dicen:
"Se trata del enterramiento directo de un individuo adulto acompañado de tres osamentas infantiles, dos de ellas completas aunque mutiladas, y un cráneo. [
] Al frente del cráneo adulto se encuentran los tres cráneos infantiles alineados norte sur con la parte frontal al oriente. Diversos huesos largos, infantiles, parecen estar delimitando los restos del personaje central. Son acompañados por el esqueleto de un mamífero decapitado, posiblemente un perro[
]. Bajo el cráneo del individuo adulto, se localizó una cuenta tubular (1.5cm) de piedra verde jadeíta y un fragmento de navaja prismática de obsidiana; alrededor del mismo cráneo se encontraron cerca de 300 pequeñas cuentas de concha y piedra verde, las cuales eran parte de un collar que remataba con una placa también de piedra verde. Esta placa, de 5cm, tiene en una de las caras un personaje figurado de frente, en bajo relieve, al estilo mixteca." (Crespo y Saint Charles, 1996:130, fig.10, ver también Saint Charles, 1991a:7-8, 11; Crespo y Saint Charles, 1991 s/p) (Figura 9).
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El contexto fue hallado al excavar una trinchera en una de las plazas ubicadas al oeste del Cerro de la Cruz, cuya construcción fue fechada con base en muestras de C14 entre los años 650 y 750 D.C., aproximadamente (idem). Por desgracia, el Entierro 3 parece ser un evento intrusivo, por lo que su temporalidad es dudosa, pudiendo ser ligera o considerablemente posterior a estas fechas. Creemos, sin embargo, que no dista mucho de ellas, pues contenía vasijas que en otros contextos en el mismo sitio (i.e. UEG) aparecen asociadas a piezas que en su mayoría "[
]guardan gran similitud con cerámicas del Epiclásico[
]" tanto del Centro de México como del Bajío (Crespo y Saint Charles, 1996:137). Adicionalmente, en el Entierro 3 se recuperó una pieza del tipo denominado Rojo Inciso Postcocción Xajay, cuya situación cronológica es controversial desde que fue identificado en superficie por Enrique Nalda en el área de San Juan del Río (1975:95-98). |
Sin embargo, aunque es posible que esta cerámica rojo esgrafiado haya tenido una vasta extensión temporal, al menos en un lapso se corresponde con tipos cerámicos ubicados en otras regiones dentro del Epiclásico. Por ejemplo, en el informe de la excavación extensiva en El Zethé, Hidalgo, se reporta la correspondencia de tiestos Xajay con Cañones Rojo/Café (Morett et al, 1994:93), este último tipo perteneciente a la Esfera Coyotlatelco en el área de Tula, principalmente dentro de la fase Corral (800-900 D.C.) (Cobean, 1990:238-244).20 Durante la misma exploración se localizó una cista que contenía varios entierros y vasijas cerámicas, entre ellas un ejemplar de Rojo Inciso Postcocción Xajay. El contexto se asociaba a la construcción de una plataforma que fue fechada por Carbono 14 entre los años 777 y 997 D.C. (Morett et al, 1994:93, 115).
Mientras aquella placa recuperada en Sabina Grande reproduce únicamente el rostro del personaje, la procedente de Barrio de la Cruz sí aparece completa, con las manos al pecho. Ambas carecen del tocado con atributos de reptil, pero en el caso de Sabina, como parte de la misma ofrenda, fue recuperada una serie de conchas labradas que integraron un sartal (Carrasco et al, 2001:72) y que nuevamente retratan al personaje en cuestión, pero esta vez con cabezas de serpiente de perfil en ambos lados.
A pesar de su cercanía y por lo menos de en un punto su contemporaneidad, los sitios de Sabina Grande y Barrio de la Cruz pueden considerarse como pertenecientes a sistemas sociales distintos. El patrón de asentamiento y arquitectura difieren notablemente y hasta ahora se considera lo mismo de la mayor parte de su vajilla (es muy importante resaltar que aunque pocos, sí comparten tipos cerámicos, ver más adelante). Así, las coincidencias en la calidad de los objetos que componen las ofrendas recuperadas en ambos, los insinúa partícipes de un mismo bagaje ideológico que en principio no parece equivaler a un contacto cotidiano.
En su informe sobre el hallazgo de la figura queretana, Crespo y Saint Charles mencionan el reporte de Aveleyra de placas de serpentina con motivos semejantes en entierros de Apatzingán, Michoacán,21 y agregan: "La representación del personaje es parecida a la que se observa en una placa procedente de Tula, Hidalgo, como parte de las ofrendas dentro de recipientes de piedra en los altares de las salas ceremoniales exploradas por Acosta." (Crespo y Saint Charles, 1991, s/p)
Notas Finales
- Otro referente cronológico es un malacate con decoración moldeada al que se aplicó un baño de chapopote. Estas piezas provienen de la región Huasteca y sur de Veracruz y se consideran diagnósticas del Clásico Medio y Tardío (Drucker, 1943:66, 76; Thompson, 1953:453; Hall, 1997:129-130).
- Entre las sociedades prehispánicas el tecali debió considerarse un objeto de lujo, a decir por su escasez, fragilidad y dificultad para trabajarse. Desconocemos si además el propio material tuviera un significado metafórico, como ocurre con el jade. Sobre su origen, Coggins nos dice "El Tecali es una piedra calcita de las montañas de Puebla y Norte de Oaxaca" (1984:54) y Acosta: "Posiblemente provienen de la región de Veracruz, que fue uno de los centros principales de producción de objetos de este material" (1956-57:101). Vasijas de tecali se han encontrado en lugares muy distantes como Culiacán (Kelly, 1941:200), la Sierra Gorda de Querétaro (Museo Regional de Querétaro), Tula (Acosta, 1956-57:100-101; Castillo, 1970 en Diehl y Stroh, 1978:74-75, fig. 1, Diehl, 1983:101; y Paredes, 1990:188), Monte Albán, Chichén Itzá, Uxmal (Coggins, 1984:33, 54) y Tikal (Sáenz, 1963a:21). Algunas vasijas con pintura al fresco aparecieron en lugares como Xochicalco (Sáenz, 1963a:13, 21, lám. III) y nuevamente en el Cenote, donde la pieza es comparada con algunas provenientes de Oaxaca (Coggins, 1984:54).
- En comunicación personal (2001) Raúl García Chavez nos ha informado de un hallazgo similar en las cercanías de Tecamac, Estado de México. Se trata de un entierro con una placa de jade del mismo estilo al que nos hemos referido, conchas y vasijas cerámicas. Raúl García identificó entre los materiales de Sabina Grande los mismos tipos cerámicos del contexto excavado por él.
- En Tula, Acosta considera a las piezas de tecali "objetos en boga durante la ocupación tolteca" pero reconoce que "Por desgracia, los pocos fragmentos hallados hasta ahora carecen de valor cronológico" (1956-57:100). Algunos ejemplares recuperados durante la construcción de la carretera Actopan-Tula, que contenían restos humanos calcinados, tienen igual forma que la pieza procedente de Sabina: "[
]un vaso cilíndrico sencillo y con soporte circular, hecha en alabastro color blanco-amarillento no muy bien pulido [
]"(idem). Del Cenote Sagrado Coggins (1984:33) ilustra una vasija con la misma forma, y en este sentido la iguala con otra hallada en Uxmal que además tiene un panel grabado "en estilo maya Clásico Tardío-Terminal (800-900 D.C.)" (idem).
- Al excavar un drenaje en el Barrio de la Cruz fue localizada una rica ofrenda posteriormente entregada al INAH. Las vasijas provenientes de esta ofrenda fueron estudiadas por Juan Carlos Saint Charles, quien las interpreta resultado de dos eventos distintos. El autor también considera a los ejemplares Rojo Inciso Postcocción Xajay y Cañones Rojo/Bayo como parte del mismo evento (1998:341).
- Los autores se refieren al catálogo de adquisiciones del Museo Nacional que compendió Aveleyra en 1964. Entre los materiales de Occidente se muestra un collar de "cuentas de caracol marino con plaquitas de serpentina intercaladas" que lleva como ornamento central una placa con la figura de un personaje, efectivamente del estilo que trabajamos aquí. A decir por su introducción a esta sección, Aveleyra considera que el collar es tarasco, pero no proporciona absolutamente ningún dato sobre su contextualización o temporalidad particular, o sobre quién realizó el hallazgo y cuándo. Es posible que la pieza fuese producto de saqueo, como ocurre con una buena parte de los objetos que fueron adquiridos (comprados) por el Museo para acrecentar su acervo, a principios de la década de los sesenta (Jiménez Betts, com pers. 2001). La ocupación en Apatzingán inicia cuando menos a la par con Teotihuacán III (Kelly, 1948:67-70), por lo que la temporalidad de la placa de jade de este lugar no necesariamente es tardía. Existe otro ejemplar que se presume proviene de Michoacán (actualmente en el Museo de Brooklyn), pero nuevamente fue producto de saqueo y no se sabe nada sobre él (McVicker y Palka, 2001:184-185, notas 9 y 10).
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