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Dinámica Cultural del Valle del Mezquital durante el Epiclásico
Restos humanos asociados
En el caso de existir inhumaciones una distinción es pertinente. Puede tratarse del entierro de un personaje en cuyo honor se depositaron las piezas (quizás sus pertenencias, como señala Proskouriakoff) o los restos óseos sumarse a los objetos ofrendados. Esta distinción, tan importante, es difícil de establecer.
La respuesta no parece encontrarse en el estado que guardan los huesos, pues la disposición de un entierro secundario no necesariamente representa sacrificio humano, sino que puede ser motivado por un patrón ideológico de tratamiento del cadáver post mortem como parte del ritual de inhumación.27 En sepulturas individuales los entierros secundarios parecen ser un caso frecuente en Oaxaca, como lo expresa Alfonso Caso en un resumen sobre patrones inhumatorios zapotecas (Caso, 1933:645). A ello agrega que "[
] en algunas tumbas colectivas, coexisten entierros primarios y secundarios, pero en este caso, el entierro secundario es el más rico e importante" (idem). Por su parte, Chase y Chase especifican que los entierros primarios no son la práctica inhumatoria prominente en El Caracol y hacen referencia a la misma situación siendo relatada por Diego de Landa (1996:76-77).
Por otro lado, la relación de los restos óseos con elementos arquitectónicos sugiere que el individuo se sacrificó debido a una renovación constructiva, pero al menos por lo que se sabe para el Postclásico Tardío a través de las fuentes históricas, no siempre era así. Algunos personajes eran sepultados, de acuerdo con su importancia, en edificios con los que de alguna forma estuvieron relacionados en vida (López de Gómara, 1985:122, 302);28 en épocas muy anteriores se deba a una costumbre similar el que se hayan alterado pisos, muros y escalones para depositar entierros.
Ambos aspectos (el tratamiento del cadáver y su relación con estructuras arquitectónicas) podrían resultar de tradiciones regionales y adquirir matices locales, para lo que el universo con el que contamos resulta limitado. Si analizamos por separado los contextos observaremos amplias divergencias. En los casos de Palenque y Xochicalco, Sáenz resalta el avanzado estado de deterioro en el que se encontraban los huesos. No sólo no mostraron relación anatómica, sino que aparentemente faltaban miembros, por lo que podríamos pensar que fueron removidos de algún otro lugar antes de ser depositados en las estructuras, sin dejar de ser ésta una mera suposición. En El Caracol, si el desmembramiento fue ritual o si fue durante la profanación que los huesos fueron retirados de su matriz original y amontonados junto con sus ofrendas al fondo de la cámara, tampoco es claro. Barrio de la Cruz mostró, como parte de un mismo evento deposicional, un individuo completo y tres infantes mutilados (además de un mamífero).
Entonces, quizás nos brinde una pista el analizar la relación que pudo existir entre los materiales y los individuos. Casi por regla general al existir restos humanos los objetos parecen complementarse en una indumentaria. Es cierto que también se encuentran elementos como sartales, pendientes u orejeras por separado, pero hay casos en los que los ornamentos se hallaron en el lugar que ocuparían si hubiesen sido portados por sus dueños (esto se especifica en el Entierro 3 de San Juan del Río y el Contexto de Sabina) y en el caso de las orejeras sólo aparecen dos de ellas (como ocurre en la Tumba 2 de Palenque, el Entierro 2 de Xochicalco, nuevamente en Sabina Grande y presumiblemente en El Caracol; en contraste con Cerro de las Mesas, por ejemplo, donde aparecieron decenas, o Tula y Chichén, donde no estuvieron presentes).
Notas Finales
- Mary Helms describe como práctica entre los cacicazgos panameños el abandono de cadáveres a la intemperie. Una vez que los animales salvajes limpiasen los huesos, los restos eran recogidos y debidamente enterrados con sus respectivas ofrendas (Helms, 1979:17, 186, nota 16). Por su parte, al analizar las marcas en restos óseos recuperados en el Salón de las Columnas, La Quemada, Faulhaber (1960, en Darling, 1998:387) concluye que se trata de entierros secundarios, donde la limpieza de los huesos se realizó tiempo después de que el proceso de descomposición había iniciado y posterior a un primer episodio de enterramiento. Nelson et al (1992, en Darling, idem) coinciden con esta interpretación, añadiendo que algunas estructuras, tumbas e instalaciones donde se llevó a cabo ese proceso de manipulación múltiple de osamentas, pudieron servir para albergar los restos de ancestros venerados, antes de su entierro definitivo.
- "Muchos templos hay en Méjico, por sus parroquias y barrios, con torres, en los que hay capillas con altares, donde están los ídolos e imágenes de sus dioses, las cuales sirven de enterramiento para los señores que las poseen, pues los demás se entierran en el suelo alrededor y en los patios." (López de Gómara, 1985:122)
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