| |
Dinámica Cultural del Valle del Mezquital durante el Epiclásico
Indumentaria y parafernalia ritual
De ser cierto que se sepultó a los individuos con sus pertenencias, es posible que fueran en vida representantes de algún culto y las placas de piedra verde un distintivo de esa cualidad. Al hablar de las suyas, Jorge Acosta señala que son imágenes de sacerdotes puesto que no portan armas (1954:113; 1956-57:100). Claro que es imposible asegurar si hubo "armas" en los contextos arqueológicos descritos, más aún si éstas fueron de material perecedero, pero en contextos iconográficos, donde creemos se representan las figurillas de jade siendo portadas, quienes las llevan no usan armas sino que expresan una actitud ceremonial (ver Figura 6 y Figura 7; véase también McVicker y Palka, 2001, fig. 10 [vasija maya policroma del Clásico Tardío] y fig. 11 [panel grabado de Bonampak, Clásico Tardío]).29 Además, portan muchas veces tocados con atributos serpentinos que a su vez aparecen en escultura y pintura mural generalmente en representaciones sacerdotales o de gobernantes.30
Se ha dicho con frecuencia que las funciones religiosas y políticas en algunas sociedades prehispánicas recaían en una misma persona (Jiménez Moreno, 1959:1057, 1064; Millon, 1988a:205; Florescano, 1995:17-18) o grupo de personas (Earle, 1990:76. Para el autor esto es distintivo de los cacicazgos complejos). En realidad, no es posible establecer una regla general que explique el carácter de todos los individuos a los que estaba destinado el uso de las placas (o de los tocados ofidianos). Esto se debe a que el sistema de gobierno prehispánico fue heterogéneo, quizás debido al nivel de complejidad y grado de jerarquización alcanzado por cada sociedad. Pero también a que los rasgos elegidos para representar la imagen de individuos prominentes encuentra congruencia, no sólo en la situación política del momento, sino principalmente en el tipo de mensaje proselitista que se persigue expresar, de modo que en algunos casos se resaltan atributos guerreros mientras que en otros se subrayan cualidades sacerdotales. Como se ha dicho, en esta última categoría se integra el uso de la mayoría de las figuras de jade.31
Para el caso de Teotihuacán Linda Manzanilla propone que: "[
] el gobierno teotihuacano estuvo en manos de los sacerdotes, quienes no sólo organizaban el culto estatal y local, sino que velaban sobre circuitos económicos de distinta índole." (1995:167-168). Un caso similar parece presentarse en Monte Albán.
Como expresamos con anterioridad, nos inquieta nuestro desconocimiento sobre el hallazgo de estas figuras de piedra verde en contextos de enterramiento en Monte Albán. Nos inquieta porque precisamente en aquella ciudad creemos encontrar un buen ejemplo de su uso. Nos referimos a las famosas urnas, cuya presencia en las tumbas es casi una regla. Alfonso Caso e Ignacio Bernal analizaron cerca de trescientas piezas de este tipo y sobre su posible significado nos dicen: "Indudablemente, la mayor parte de las urnas son representaciones de dioses o bien de sacerdotes ataviados con los vestidos de los dioses [
]" (Caso y Bernal, 1952:10; Paddock, 1972b:253). Centraremos la atención en un rasgo presente sólo en cuatro de ellas, correspondientes todas al periodo IIIb.
Al decorar la fachada de la Tumba 104 se empotró la imagen de un personaje que Caso y Bernal denominaron Dios con Cabeza de Cocijo en el Tocado. El individuo extiende una de sus manos con la palma hacia arriba y con la otra sostiene una bolsa. Lleva, además del vistoso tocado con la imagen del dios de la lluvia, un "[
]pectoral formado por una mascarilla, que probablemente representa una mascarilla de jade, y un moño del que cuelgan tres cascabeles [
] formados por unos caracoles recortados del género olivella" (1952:52, fig. 72). A la entrada de la misma tumba se encontró otra urna, bautizada en esta ocasión como Dios del Moño en el Tocado, una de las supuestas advocaciones de Pitao Cozobi, deidad del maíz. La imagen también muestra "[
] un collar que tiene un pectoral formado por una mascarilla, probablemente de jade, de la que cuelgan tres cascabeles de caracol" (ibíd, 1952:101-104, figs. 168 y 168 bis). Además, en la boca lleva una "característica máscara serpentina, con la nariz volteada hacia arriba", rasgo que nuevamente aparece en el mural norte del sepulcro como tocado de un personaje y en la lápida que cerraba la entrada (ibíd:104, 107).
Los dos ejemplares restantes, que proceden de Xoxocotlán, llevan collares de las mismas características, presumiblemente insinuando adornos de jade y concha. La máscara de Cocijo cubre el rostro de uno de los individuos (ibíd:20, fig. 2) y el otro, sin máscara, fue asociado con Pitao Cozobi (ibíd:46, fig. 63).
Coincidimos con Joyce Marcus (1983b) en que la mayoría de las urnas representan seres humanos y no dioses. La autora argumenta que las deidades no reciben nombres calendáricos, como aparecen en algunas urnas, y llama la atención sobre la frecuencia con la que se combinan rasgos que se han supuesto inicialmente como de deidades diferentes. Este último fenómeno causó algunos problemas a Caso y Bernal, pues cada vez que aparecían nuevos elementos, o se recombinaban, recurrían a un nuevo nombre y al finalizar su clasificación pareciera que el panteón zapoteca fue vastísimo, una religión politeísta en toda la extensión de la palabra. Marcus propone: "[
] tal vez simplemente tenemos un sistema que incluye una figura humana y un grupo de atributos (por ejemplo agua, maíz, relámpago), que definen la fuerza supernatural o la serie de fuerzas supernaturales presentadas en el tocado." (1983b:146)
Pero, ¿qué significa que una persona muestre en su rostro o en el tocado estos rasgos? Marcus opina que en el primer caso puede tratarse de ancestros del enterrado que han adoptado atributos supernaturales, y en el segundo de individuos contemporáneos honrando a aquellos ancestros y a las fuerzas naturales plasmadas en sus adornos (ibíd:144, 146, 148). Esta segunda observación se asemeja a aquella de Caso y Bernal, no en el sentido de que se trata de deidades, sino de que pudieran ser imágenes de sacerdotes de un culto determinado (o cultos) que expresan esa cualidad a partir de su indumentaria (que en los cuatro casos particulares que señalamos incluye una figura de jade en sus collares).
La primera propuesta de Marcus presenta algunos obstáculos pues no siempre las urnas se encuentran asociadas a entierros, además de que muchas piezas fueron fabricadas en serie y se usaron en contextos diferentes (Caso y Bernal, 1952:10). Por ello, es difícil pensar que se trata de retratos de personajes específicos o ancestros verdaderos; sin embargo, bien podría ser que efectivamente se exprese con ellas un sentido de pertenencia a cierto linaje, pero tal vez un linaje ficticio o mítico, es decir, una línea de parentesco a la que pertenecen sus dueños por ostentar algún cargo y no por herencia sanguínea directa.32
Para generalizar nuevamente en los contextos, diremos por último que la mayoría de las urnas oaxaqueñas se han encontrado vacías, pero en las raras ocasiones que contienen algo "[
] hay navajas de obsidiana, cuentas de piedra verde, caracoles usados como cascabeles y, a veces, huesos de un pequeño animal." (Caso y Bernal, 1952:10)
Las navajas prismáticas, que son un elemento común entre las ofrendas que hemos descrito, podrían estar simbolizando el autosacrificio.33 Haciendo una analogía con las prácticas observadas por los conquistadores a su llegada, el uso de navajas para autosacrificio es reseñado por Bernardino de Sahagún y Francisco López de Gómara, como parte de los preparativos de algunas fiestas celebradas por los mexica.34
Quizás no aplica a todos los casos, pero específicamente en los contextos de Sabina Grande y San Juan del Río hay más elementos para considerar que las ofrendas son resultado del ritual de inhumación de un personaje, incluyendo la disposición de sus pertenencias, y que esta práctica estuvo vinculada con las actividades que el individuo ejerciera en vida. Como vimos, el adulto en Barrio de la Cruz estaba acompañado de restos infantiles (cuyos cráneos habían sido peculiarmente acomodados) y de un posible canino. Nuevamente remitiéndonos a las fuentes del siglo XVI, los mismos cronistas describen el sacrificio de infantes (Gómara especifica su "desollamiento") como ofrenda a los dioses del agua,35 y también la costumbre de enterrar a los perros con sus dueños para que fuesen de utilidad durante su tránsito al inframundo.36
Una característica distintiva de los sacerdotes es que portan incensarios al ejercer su oficio, como observamos en innumerables edificios, murales, estelas
y como lo señalan también las fuentes.37 En la ofrenda del personaje sepultado en Sabina se añadió uno de éstos, además de una pipa de barro (Carrasco et al, 2001:61, 68, 70). Las pipas son objetos que aparecen con marcada frecuencia en la región y podrían considerarse también de carácter ritual.
Otro elemento propio del contexto de Sabina Grande es el aro de concha con perforaciones que ya ha sido mencionado y que guarda gran similitud con los que ilustra Séjourné a propósito de sus excavaciones en Teotihuacán (1996 [1969]:254). Se trata de elementos que originalmente estuvieron unidos en pares y que eran portados por los hombres a manera de anteojos, sostenidos por una banda en la parte posterior de la cabeza. El uso de anteojeras es un rasgo que en la pintura mural sirve para distinguir seres humanos de mitológicos, pues mientras las figuras humanas los llevan como máscara cubriendo sus ojos, en el caso de una deidad los anillos son parte "monstruosa" pero orgánica de la cara de la criatura (Pasztory, 1974:13). Es posible que este objeto en Sabina cumpliera con la misma función.38
Notas Finales
- McVicker y Palka consideran que las placas de jade no fueron diseñadas para usarse como parte de una indumentaria, pues no conocen casos donde se representen individuos portándolas (2001:190). Disentimos con ellos, pues sí existen ejemplos donde las figuras aparecen en collares, cinturones o pecheros usados por personas, en escultura (principalmente estelas), pintura y en las placas mismas, cuando las imágenes son muy elaboradas. Los autores señalan que tampoco han sido recuperadas en tumbas o asociadas a individuos particulares en entierros (ibíd:192), lo que nosotros creemos sí ocurre en algunos casos, como ya hemos descrito. El hecho de que algunas de estas piezas fueron depositadas en ofrendas votivas no excluye lo otro.
- Los tocados de serpiente muchas veces están asociados a imágenes que portan bolsas de incienso consideradas un atributo sacerdotal (Rands, 1955:286, 288; Coggins, 1980:62; Von Winning, 1987:I:79; Millon, 1988a; Manzanilla, 1995:163; Taube, 2000a:15). En murales teotihuacanos con frecuencia los personajes que usan estos tocados llevan consigo ollas irrigadoras de pulque (Rivas, 1993), las bolsas (posiblemente con copal), y es común que de sus manos emane una corriente de agua o sangre y de sus bocas surja una vírgula que contiene elementos marinos y preciosos (como conchas y chalchihuites) (Millon, 1988a:196). En los relieves de la Pirámide de las Serpientes Emplumadas en Xochicalco, los individuos que alternan con las ondulaciones de las serpientes representan "[
] varias figuras humanas sentadas a la usanza oriental: éstas llevan como tocado una cabeza de serpiente y largas plumas vueltas hacia abajo [
]. Algunos de estos personajes ostentan la vírgula de la palabra y por su gesto y actitud reverencial parecen sacerdotes aunque también se han identificado como grandes señores o jefes. Ostentan en el cuello cinco grandes cuentas, de las orejas les penden anchas orejeras [
]" (Noguera, 1960:45). En Oaxaca, los frescos de la Tumba 104 muestran varios individuos entre los que se encuentra uno, muy similar a los que aparecen en murales teotihuacanos, con tocado serpentino del tipo que tiene el hocico alargado hacia arriba. Lleva en una mano una bolsa mientras extiende la otra hacia el frente (las interpretaciones de Caso y Marcus acerca de las figuras en los frescos son las mismas que exponen para las urnas, ver más adelante) (Caso, 1965b:867, fig. 28; Marcus, 1983a:137, 140, fig. 5.9). La urna que decoraba la fachada de la Tumba 104 presenta los mismos rasgos (Caso, 1965b:867; Caso y Bernal, 1952:52, fig. 72).
- Las únicas excepciones que conocemos de individuos que portan placas de jade y armas se encuentran en la columna 10W del Templo de los Guerreros, en Chichén Itzá (en McVicker y Palka, 2001, fig. 12c) y en dos esculturas de Tula (Acosta, 1955, lám. 2; Jiménez, 1998, figs. 22 y 59). En una de éstas Mastache y Cobean identifican además de armas algunos posibles "símbolos de realeza" (2000:119, fig. 23).
- A propósito de la anotación de Marcus acerca de que a las deidades no les corresponden nombres calendáricos, Judith Zeitlin menciona que en el Popol Vuh esos nombres sí se asignan a protagonistas sobrenaturales de eventos míticos (Zeitlin, 1993:133).
- Andrew Darlig comenta que la abundancia de navajas prismáticas de obsidiana en ciertas áreas mesoamericanas ha motivado que se les considere objetos de carácter utilitario (1998:383); sin embargo, su importación como producto terminado, la proveniencia lejana del material (a pesar de la posibilidad de obtener este recurso en yacimientos cercanos) y su ocurrencia en contextos específicos, permiten al autor sugerir que la distribución de navajas prismáticas pudo obedecer a "[
] un intercambio de bienes de prestigio entre elites o autoridades" (Darling, ibíd:382-383, 392, véase también Jiménez y Darling, 2000:175-177). Estos objetos fueron una herramienta ritual importante, incluyendo su uso para el autosangrado. Darling agrega que las navajas posiblemente se emplearon en el desmembramiento y limpieza de huesos, al completar un acto de sacrificio o como parte de un complejo ritual de inhumación de personajes prominentes (ibíd:384-388, 391): "[
] las navajas prismáticas no fueron un elemento esencial pero probablemente sí uno deseable en la ejecución de estos rituales, por su efectividad como herramientas y por su potencial significado como objetos sagrados de poder, asociados a contactos de larga distancia [
]" (Darling, ibíd:391)
- "[
] con unas navajitas de piedra se cortaban las orejas, y con la sangre que de ellas salía ensangrentaban las puntas del maguey que tenían cortadas y también se ensangrentaban los rostros." (Sahagún, Libro II, Capítulo XXV, 1982:114); "Los sacerdotes perfumaban aquellas nuevas navajas, y las ponían al sol en las mismas mantas. Cantaban unos cantares regocijados al son de algunos atabalejos. Callaban los atabales, y cantaban otro cantar triste, y luego lloraban muy fuerte. Iban entonces todos, unos tras otros, como quien toma ceniza, a un sacerdote que estaba en la grada más alta; el cual horadaba, como hombre diestro en el oficio, la lengua de cada uno por medio con su navaja, que para eso hacían tantas." (López de Gómara, 1985:325).
- "[
] En este mes mataban muchos niños: sacrificábanlos en muchos lugares y en las cumbres de los montes, sacándoles los corazones a honra de los dioses del agua, para que les diesen agua o lluvias." (Sahagún, Libro II, Cap. I, 1982:77); "[
] hacían fiesta al dios llamado Tláloc, que es dios de las lluvias. En esta fiesta mataban muchos niños sobre los montes; ofrecíanlos en sacrificio a este dios y a sus compañeros para que los diesen agua."(Sahagún, Libro II, Cap. III, ibíd:79); "[
] hacían gran fiesta a honra de los dioses del agua o de la lluvia llamados Tlaloque. Para esta fiesta buscaban muchos niños de teta, comprándolos a sus madres; escogían aquellos que tenían dos remolinos en la cabeza [
]. A estos niños llevaban a matar a los montes altos [
]" (Sahagún, Libro II, Cap. XX, ibíd:98); "Cuando ya los panes estaban un palmo de altos, iban a un monte que para tal devoción tenían destinado, y sacrificaban un niño y una niña de tres años cada uno, en honor de Tlaloc, dios del agua [
] no les sacaban los corazones, sino que los degollaban. Los envolvían en mantas nuevas, y los enterraban en una caja de piedra. La fiesta de Tozoztli, cuando ya los maizales estaban crecidos hasta la rodilla, repartían cierto tributo entre los vecinos, con el que compraban cuatro esclavitos, niños de cinco hasta siete años y de otra nación. Los sacrificaban a Tlaloc para que lloviese a menudo [
]." (López de Gómara, 1985:319-20).
- "[
] hacían al difunto llevar consigo un perrito de pelo bermejo, y al pescuezo le ponían hilo flojo de algodón; decían que los difuntos nadaban encima del perrillo cuando pasaban un río del infierno [
]" (Sahagún, Apéndice al Libro III, Cap. I, 1982:205); "[
] un perro que lo guiase a donde había de ir." (López de Gómara, 1985:302)
- "[Los "sátrapas" o "ministros de los ídolos"] salíanse al patio del cu, y puestos en medio del patio tomaban brasas en sus incensarios y echaban sobre ellas copal e incensaban hacia las cuatro partes del mundo [
]" (Sahagún, Libro II, Cap. XXV, 1982:113).
- En el contexto de Sabina sólo fue recuperado uno de estos elementos, por lo que se podría cuestionar si su función fue realmente esa. Sin embargo, al reportar algunos entierros asociados a cerámica Mazapa en Atetelco, Pedro Armillas menciona el hallazgo de también una sola "placa anular de concha [
] con pequeños agujeros que seguramente sirvieron para pasar hilos para colgarla", dispuesta ante la órbita izquierda de uno de los cráneos (1950:56).
Página Anterior | Contenido | Próxima Página
Regrese al comienzo de la página |