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Dinámica Cultural del Valle del Mezquital durante el Epiclásico
Interacción Social en el Epiclásico
En su interesante artículo, Ringle, Gallareta y Bey (1998) abordan la amplia distribución de las placas de jade en Mesoamérica como reflejo de la dispersión ideológica de un culto relacionado con Quetzalcóatl. A diferencia de estos autores, los datos y contextos que hemos examinado en este trabajo y su análisis iconográfico nos sugieren la expresión de un culto diferente, relativo al complejo mesoamericano del agua y la fertilidad a partir de uno de sus principales exponentes: la serpiente emplumada. Este aspecto lo exploramos ampliamente en un trabajo nuestro en preparación (Solar, en preparación).
En fin, que los individuos inhumados pudieron ser sacerdotes que presidían este culto y que las placas de jade formaron parte de su peculiar indumentaria, es una posibilidad. Que eso al mismo tiempo les confiriera un status o poder político, también es viable (ver págs 33-34, este volumen). Los mismos personajes, en vida, podrían haber dispuesto algunas de sus pertenencias como parte de ofrendas votivas en ceremonias relativas al culto del que eran representantes, o a su muerte serían acompañados por ellas como testimonio de su distinción. Por ahora, lo que nos interesa es que podemos ver esta expresión no en una ciudad ni una región, sino a todo lo largo de dos terceras partes del territorio mesoamericano.
En un excelente trabajo sobre continuidad como común denominador en el aspecto social, John Paddock nos dice: "[
] el Clásico mesoamericano no declinó, no se existinguió y no lo siguió una Edad Media que antecediera el surgimiento del Postclásico [
] lo siguió directa e indirectamente una fase panmesoamericana [
]" (Paddock, 1987:26, ver también Flannery y Marcus, 1983:183; L. Austin y L. Luján, 2000:23; Jiménez, 2001:4). Este fenómeno no debe ser resultado de otra cosa que una apertura en el sistema de comunicación e intercambio ideológico a que dio lugar el desvanecimiento del auge teotihuacano. Un obstáculo para acercarse a dicho sistema lo representa la concepción que se tiene de Mesoamérica durante el Epiclásico como un periodo de enorme tensión y constante enfrentamiento entre grupos humanos.
El estrechamiento de vínculos ideológicos y el distanciamiento social son argumentos no sólo opuestos, sino contradictorios. Esto no quiere decir que el ser partícipes de un mismo bagaje ideológico descarte la posibilidad de enfrentamientos políticos, pero sí que la comunicación que se requiere para expresar de un mismo modo dicha ideología se vería mermada de existir un eterno e insalvable conflicto intercultural. ¿Cómo explicar esquemas ideológicos y su manifestación material compartidos entre sociedades en proceso de mutua anulación?: un "panorama marcado por la competencia y el bajo nivel de integración", un "clima incierto" donde se disputaban los "recursos escasos" y donde "la inestabilidad política logra que lo militar permee todos los ámbitos de la vida social" (López Luján, 1995:262, véase también Paredes, 1990:30, nota 21; Sugiura, 2001:347) y las poblaciones sostienen "una lucha interminable para mantener su autonomía ante sus ambiciosos vecinos" (Marcus, 2001:29), son algunas de las características que se han propuesto como descriptivas del Epiclásico.
No se puede negar que en la época prehispánica existieron conflictos entre poblaciones, pero como ya se ha desechado la idea de que la diferencia entre los periodos Clásico y Postclásico consistió en el carácter exclusivamente teocrático del primero y el militarismo exacerbado del segundo,43 el Epiclásico no debiera tampoco asumirse como el periodo de hostilidad que algunos autores han manejado (i.e. Pasztory, 1988:71; Hers, 1988:30-36; López Luján, 1995; Florescano, 1995:225-228; Ringle et al, 1998:185, 195; L. Austin y L. Luján, 2000; Marcus, 2001; Sugiura, 2001:347, 349, 385). En una situación de esa naturaleza es difícil concebir que pudieran sostenerse canales de tan estrecha comunicación e integración, como los reflejados en la obtención, distribución y contextualización de los rasgos que hemos tratado.
La presencia de materiales alóctonos ha sido un argumento de quienes esbozan imposiciones políticas, invasiones guerreras y conquistas (i.e. Bernal, 1976:133), como si la única vía por la que viajaran los objetos fuera la propia mano de sus fabricantes, sin intermediarios ni sistemas complejos de intercambio: "[
] confundimos a un pobre alfarero con un ejército imperial [
], creamos grandes imperios para explicar lo que podrían explicar unos cuantos mercaderes [
]", nos dice John Paddock (1972b:251).
Es difícil deslindar aspectos en esencia articulados como lo fueron la política, la economía y la religión (Drennan, 1998). En Mesoamérica el comercio estuvo estrechamente vinculado con todos ellos y podríamos decir que constituye precisamente el nudo de su enlace.
Pareciera que el auge de los sitios del Epiclásico resultó de un giro en la importancia religiosa, política y económica de Teotihuacán, que pudo propiciar la reestructuración (no la anulación) de los patrones de comercio e intercambio y dar oportunidad a otros centros de engancharse a la red económica con posturas más favorables (Senter, 1981:149; Flannery y Marcus, 1983:185; Ball y Taschek, 1989; Jiménez, 2001:2-3). En otro espacio profundizamos en algunos de los modos en que interactuaron dichas sociedades, como causa y consecuencia de su inmersión en un sistema de comunicación abierto, cuyo origen es más la tendencia natural de los seres humanos a buscar participar en la dinámica global de una civilización, que la existencia de meros receptores pasivos (Solar, en preparación).
Relaciones estrechas entre grupos humanos existieron a todo lo largo (geográfica y temporalmente hablando) de Mesoamérica, y este sistema no fue víctima de drásticas interrupciones, como lo aparentan nuestros cuadros cronológicos. El que Teotihuacán constituyera un atractor durante el Clásico no llegó a extinguir esa estructura. Coincidimos con Sanders en que tal vez la mayor herencia que dejó Teotihuacán al resto de Mesoamérica fue precisamente la integración de redes existentes (Sanders, 1989:214; ver también Willey y Phillips, 1958, en Jiménez Moreno, 1959:1058; Jiménez, 1989:29-30; Jiménez y Darling, 1992:22). Esta articulación entre sociedades se mantuvo durante el Epiclásico (no sólo a una escala local como se ha sugerido, véase Sugiura, 1996:239; 2001:376), y es posible incluso que su complejidad aumentase.
Precisamente a raíz de aquellas expresiones que no son de enfrentamiento, la interacción entre sociedades adquiere mayor complejidad y de manera irregular e impredecible van tomando forma fenómenos de alcance geográfico inaudito.
Entre las observaciones de los autores citados se desprende que, aunque existen varios lugares donde el jade está disponible, la producción física de las figurillas que nos interesan se desarrolló hacia la costa del Pacífico, en el territorio que actualmente ocupan los estados de Guerrero (al sur), Oaxaca y Chiapas, en México; y Guatemala y El Salvador, en Centroamérica. ¿Por medio de qué redes distributivas arribaron las placas de jade a los estados de Querétaro e Hidalgo? y, en sentido inverso, ¿Por qué vías pudo haberse distribuido la turquesa hasta la Península de Yucatán?
En la siguiente sección esbozaremos algunas de las redes por las que pudieron haberse dispersado estos objetos, con énfasis en la porción norte de la Mesa Central. Esta región, cuyo papel en la dinámica mesoamericana se ha subestimado, es clave si se intenta profundizar en la magnitud y alcances de ese sistema social.
Como veremos, en la medida que se reduce la perspectiva de análisis desde un nivel macro hasta uno regional, las relaciones suelen involucrar a un mayor número de elementos materiales.
Nota Final
- La definición del mundo clásico como una teocracia fue introducida por Wigberto Jiménez, Pedro Armillas, Ángel Palerm, Ignacio Bernal y Alden Mason, entre otros (Jiménez Moreno, 1959:1056-1057), y la transformación de éste en militarista fue una propuesta principalmente del primero (ibíd:1063-1064). El esquema se adoptó y gozó de bastante popularidad hasta hace pocos años, pero actualmente se conocen indicios de militarismo en la capital "teocrática" del Clásico, y también se sabe que el Epiclásico y Postclásico Temprano no fueron exclusivamente periodos de conflicto social.
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