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Dinámica Cultural del Valle del Mezquital durante el Epiclásico
La Red Septentrional del Altiplano
Siguiendo la tipología de Porter (1948:187), en el Mezquital son abundantes las pipas angulares con soporte plataforma sencillo o zoomorfo; el hornillo o cazoleta tiene forma de embudo y al igual que el tubo sus paredes son delgadas. Por lo general estas piezas llevan un baño de engobe rojo pulido, aunque también las hay cafés, negras o sin recubrimiento. La decoración es al pastillaje, frecuentemente una tira delgada que abraza a la cazoleta y cuyos extremos continúan por la parte superior del tubo, en forma recta, ondulada o formando motivos; algunas veces en la plataforma el diseño es zoomorfo (Figura 12). Como ya se ha dicho, objetos como éstos fueron rescatados por Acosta durante las exploraciones del Palacio Quemado en Tula (Figura 11b).75 También se mencionó la asombrosa similitud de la pipa (objeto único en aquella región) que fue recuperada en el Templo de los Guerreros, Chichén Itzá (Morris et al, 1931:177-179, lám. 21), y cuyo origen se ha supuesto tolteca (Porter, 1948:210; Cobean, 1978:73) o michoacano (Thompson, 1966 en Cobean, idem) (Figura 11a). En los sitios Xajay del Mezquital (y alrededores) se han recolectado abundantes ejemplares de estas pipas en superficie y en excavación (Morett, 1992:24; 1996:8); mientras que entre los sitios que comparten vajilla con Tula, un ejemplar completo proviene de Sabina Grande (Carrasco et al, 2001:61, 68, 70) y en Sabina y Chapantongo se han recuperado en superficie varios fragmentos (Fournier, 1995:382, cuadro 8; Cervantes y Fournier, 1996:111, 112, 125, fig. 13).
En general para los sitios al sur de Querétaro se reportan fragmentos de pipas, por ejemplo en El Palacio (Brambila y Castañeda, 1991:153), La Joya (Crespo, 1991a:123, fig. 10a), La Magdalena (Crespo, 1991a, fig. 14c), La Griega (Flores y Crespo, 1988:214), El Cerrito (Flores y Crespo, 1988:214; Crespo, 1991a:104), el Valle de San Juan del Río (Nalda, 1991:37, 41), y Barrio de la Cruz (Saint Charles, 1991a:9; Crespo y Saint Charles, 1996:125). Aunque a veces no se ilustran o los segmentos son demasiado pequeños, es factible que la mayoría sea del mismo tipo que hemos descrito, como ocurre con piezas de Tequisquiapan, un lugar bastante cercano (véase Porter, 1948:203, lám. 17).76 En Guanajuato, cerca de su límite con Querétaro, se reportan dos pipas en el sitio de Morales (Braniff, 1999:92), una de ellas muy semejante a las de Tequisquiapan (ibíd, fig. 52d), la otra diferente de todas las que hemos descrito (ibíd, fig. 52e).
Algunas pipas en Guanajuato también son angulares y de soporte plataforma, hornillo en forma de embudo y decoración al pastillaje frecuentemente zoomorfa. En ocasiones tienen un par de protuberancias en la plataforma, pero en la mayoría no podrían considerarse soportes pues se extienden a los lados y no llegan a alterar el ángulo del cuerpo. Varios ejemplares completos proceden de Tierra Blanca (Braniff, 1972:283, lám. 8; 1999:146) y otros se exhiben en el Museo de San Miguel de Allende, algunos semejantes a los nuestros. También en el centro de Guanajuato se han reportado fragmentos de pipas en Cañada de la Virgen (Nieto, 1997:101) y hacia el norte del estado en Cerrito de Rayas (Ramos et al, 1988:314) y Carabino (Diehl, 1976:271; Flores y Crespo, 1988:214), pero ninguno se ilustra.77
Refiriéndose a los estados de Querétaro, Guanajuato y San Luis Potosí, Beatriz Braniff considera que el uso de pipas inició hacia el Clásico Tardío (1972:292-293; 1974:43). Ahora sabemos que debe incluirse el estado de Hidalgo y, como veremos un poco más adelante, el de Michoacán.
Profundizando un poco en la temporalidad de estos objetos, es conveniente recordar que el contexto de Sabina Grande, donde se recuperó completa una de estas pipas, se ubica por correlación cerámica dentro de la fase Corral Terminal de Tula (900-950 D.C.). Los fragmentos localizados en Chapantongo, que se han clasificado con el nombre de Cerritos al Pastillaje, se relacionan con elementos de los complejos Prado-Corral (Fournier, 1995:382, cuadro 8; Cervantes y Fournier, 1996:111, 112, 125, fig. 13), que en la secuencia de Cobean se sitúan entre 700 y 900 D.C.78 En el caso de Cerrito de Rayas, Guanajuato, los tipos cerámicos identificados sugieren que la ocupación del sitio no se extendió más allá de la misma época (véase Ramos et al, 1988).79
Para el sur de Querétaro Enrique Nalda calcula que las pipas son posteriores al año 900 D.C. (1996:269) pero señala que aparecen por primera vez en asociación con el RIP Xajay (1975:97), que creemos puede situarse entre 750/800-950 D.C. Esto es congruente con fragmentos de pipas recuperados en excavación en Barrio de la Cruz, San Juan del Río, que convivían estratigráficamente con Café Inciso Pulido Garita, Rojo-Naranja sobre Bayo Cantinas, Rojo sobre Bayo El Mogote y ollas de tipo Cañones (Saint Charles, 1991a:9; Crespo y Saint Charles, 1996:125), por lo que Saint Charles las sitúa en la fase El Mogote de Cerro de la Cruz, entre 400 y 900 D.C. (Saint Charles, ibíd:10). Los ejemplares de El Palacio provienen de superficie, pero entre los materiales que permiten situar cronológicamente al sitio se cuentan los tipos Cantinas y R/B El Bajío (400 a 900 D.C.), además de una cerámica que se considera muy similar a la Mazapa Líneas Ondulantes (Brambila y Castañeda, 1991:153). Un caso similar es el de La Joya, donde hay tiestos Cantinas y Paso Ancho Borde Rojo, este último con una duración propuesta de 600 a 900 D.C. (Saint Charles, 1990), misma temporalidad que sugiere Crespo para las pipas de este lugar (Crespo, 1991a:123, fig. 10a). En La Magdalena y La Griega las colecciones también son de superficie, por lo que la asignación temporal de las pipas es incierta. Ambos lugares comparten elementos de la vajilla de Tula y en sitios como éstos las pipas se han considerado correspondientes a fase Tollán (véase Flores y Crespo, 1988:214, 217).80 Sin embargo, es interesante que en La Magdalena no se presentan tipos diagnósticos posteriores a la fase Corral (cfr. Flores y Crespo, ibíd:210-215), con excepción del Blanco Levantado, que tiene una profundidad temporal mayor en esta región que en Tula (Braniff, 1992:105; Crespo, 1996:77). Además, el asentamiento muestra una continuidad ocupacional por lo menos desde el periodo precedente, como lo demuestra la presencia de R/B El Mogote, Paso Ancho Borde Rojo, Cantinas y San Miguel R/B (véase Crespo, 1991a, figs. 14a-14c).
El Cerrito, Qro. es otro sitio vinculado con Tula en sus últimas fases. En este lugar se han registrado fragmentos de pipa en excavación, que en los niveles superiores conviven con materiales de Corral Terminal y Tollán (Crespo, 1989:12; 1991b:176). Sin embargo, también se les señala en correspondencia con tipos más tempranos, como Garita Black Brown y Valle de San Luis Policromo, en el Nivel III de su secuencia (véase Crespo, 1989:12; Crespo, 1991b, fig. 9), donde se obtuvieron dos fechamientos por radiocarbono (676±77 y 805±113, Crespo, 1989:4; 1991b:165, 218). Regularmente, Crespo sitúa a las pipas de El Cerrito entre 600/650-900/950 D.C. (1989:20; 1991b:192), dentro de la fase homónima (650-1100 D.C.) (Crespo, 1991a:104), periodo donde además de las cerámicas mencionadas aparece el Paso Ancho Borde Rojo. Dada la frecuencia de tipos del sur de Guanajuato, la autora considera que las pipas provienen de la región del Río Laja (1989:20; 1991b:192).
En la fase San Luis del Tunal Grande (650-900 D.C.) se reporta el uso de pipas en Villa de Reyes, conviviendo con Valle de San Luis Policromo, el tipo diagnóstico de ese periodo (Crespo, 1976:43, 45, 56; Braniff, 1992:39, 61).81 La distribución temporal de esta cerámica es amplia, pero conviene recordar que en El Cerrito algunos fragmentos de pipas ocurren en el mismo nivel que Valle de San Luis. También se presenta en Guanajuato, donde se ha ubicado en la hipotética Fase Tierra Blanca del Clásico Tardío, nuevamente en compañía de las pipas de barro (Braniff, 1972:283).
Si hubiese que sugerir una filiación de las pipas que hemos mencionado (cuando conocemos su forma), con pipas de otra área, nuestro principal candidato sería sin duda el noreste de Michoacán, en los alrededores de la laguna de Cuitzeo (Figura 11c-e). De aquí provienen tres de los nueve ejemplares ilustrados por Porter que guardan entre sí una verdadera similitud (los otros son la pipa de Chichén, una de las rescatadas en Tula, otra procedente de Pánuco82 y tres fragmentos de Tequisquiapan, Qro.) (1948:186-189, 197, 209, 210, 216, láms. 8k, 17b, y 22). La autora parece asumir que todas las piezas de Michoacán son tarascas, pero en su estudio se observa que específicamente las de Cuitzeo difieren bastante del resto.83 Desconocemos su temporalidad y procedencia exacta pero, como vimos, puede considerarse que el tipo al que corresponden se generalizó antes del año 1000 D.C.
Entre trabajos recientes sólo conocemos un fragmento que con seguridad corresponde al mismo tipo, ilustrado por Moguel (1987:lám. 50) y recolectado durante la prospección en el Tramo Yuriria-Uruapan, a la par con ejemplares tarascos de boquilla enrollada o retorcida (Moguel, ibíd:láms. 50-51). Específicamente en la Cuenca de Cuitzeo se han recolectado pipas en superficie (Moguel y Sánchez, 1988:231) pero no sabemos si son del tipo que hemos descrito o son tarascas. Lo mismo ocurre en la Cuenca de Zacapu, donde Brigitte Faugere las atribuye a la fase Milpillas (1200-1450 D.C.), pero sólo con datos de superficie, habiendo pipas en lugares donde además de materiales de fase Milpillas hay algunos de La Joya (850-900 D.C.), como el Grupo Hornos y el Borde Chirimoyo (véase Faugére, 1996:87-88).84
La distribución de pipas angulares con soporte plataforma, cazoleta en forma de embudo y decoración al pastillaje, abarcó durante el Epiclásico a varias esferas (que trataremos más tarde). Las piezas de Cuitzeo que ilustra Porter son un buen indicador de la existencia de una red que vinculaba por lo menos el Noreste de Michoacán, Guanajuato, el sur de Querétaro y la porción poniente de Hidalgo. Quizás estos vínculos, que también se observan en relación con otros materiales arqueológicos por lo menos desde finales del Clásico, propiciaron la inserción de Tula en las redes por las que circularon la obsidiana de Ucareo/Zinapécuaro y la turquesa, desde el Epiclásico y hasta el Postclásico Temprano.
La presencia humana en territorio michoacano tiene considerable antigüedad, pero se ha propuesto que la ocupación principal al noreste ocurrió a partir del Epiclásico.85 Específicamente al este de la Laguna de Cuitzeo el asentamiento es relativamente insustancial hasta cerca del final del periodo Clásico, cuando aparecen sitios vinculados con la explotación de la obsidiana en Ucareo/Zinapécuaro (Healan, 1997:94-96; 1998:106) que durante el Epiclásico llegó a ser un recurso de importancia panmesoamericana (Healan, 1997:77; 1998:107; Healan y Hernández, 1999:136).
Los vínculos entre el Mezquital y el noreste michoacano también se hacen evidentes a partir de esta obsidana, que por lo menos durante las primeras fases de Tula (700-950 D.C.) constituye casi el 90% (Cobean, 1982:80; Healan y Stoutamire, 1989:236; Healan et al, 1989:244, 248; Healan, 1997:77, 1998:101; Healan y Hernández, 1999:136, 141).86 Es lógico pensar que la relación entre estas dos regiones fue consecuencia secundaria de la participación de ambas en una misma red (Healan y Hernández, 1999:141), y no que ocurrió forzosamente de manera directa: "[
] la red puede tener lazos directos (asentamiento a asentamiento) o indirectos (en cadena) y múltiples puntos de contacto, lo cual incide en principio en que los artefactos puedan transportarse distancias considerables." (Cervantes y Fournier, 1996:118)87
Notas Finales
- En el Cerro de la Malinche, en los alrededores de Tula, Blanca Paredes reporta fragmentos de pipas que conviven estratigráficamente y aumentan en proporción con la cerámica Mazapa Líneas Rojas Ondulantes (1990:194). No se ilustran ejemplos, pero a decir por su descripción estas piezas difieren de las que tratamos nosotros, pues se dice que su decoración es esgrafiada (idem).
- Sobre los fragmentos de Tequisquiapan Porter sugiere una similitud con las pipas de Guasave (1948:203, lám. 17), pero las primeras son de plataforma con aplicaciones al pastillaje, mientras que las segundas tienen soportes y muestran una decoración pintada o esgrafiada. En la Fig. se aprecia el parecido de las piezas queretanas con las hidalguenses.
- Muy cerca de estos sitios se encuentra Villa de Reyes, ya en territorio potosino, donde también hay pipas (Crespo, 1976: 43, 45, 56; Flores y Crespo, 1988:214, Braniff, 1992:39, 61; 1974:43) que son descritas con un baño de pintura roja pulida, cazoleta cónica y "remate" que "puede ser en forma de abanico o de espiral" (Crespo, ibíd:56), ocasionalmente con decoración zoomorfa o antropomorfa (Braniff, ibíd:61). Pipas de "remate en espiral" como las que describe Crespo se exhiben en el Museo de San Luis Potosí, en la Sala del Norte del Museo Nacional, y varias de las piezas de Tierra Blanca, Gto. lo tienen también (véase Braniff, 1999:146, lám. 11). El uso de pipas es una costumbre que comparten durante la misma época el sur de San Luis Potosí y los lugares que hemos mencionado, pero en apariencia es claro que las pipas del Tunal Grande se asemejan más a las de la región de Río Verde y Guadalcázar (Braniff, 1992:61; Braniff, 1999:146) y quizás también a las de la Sierra de Tamaulipas que son contemporáneas (Braniff, 1974:43). Es posible que los ejemplares del norte de Guanajuato (o algunos de ellos) sean como éstos y no como los que hemos referido para el sur de Querétaro y poniente de Hidalgo.
- Al parecer los hallazgos en el Palacio Quemado de Tula son una excepción a la asignación Epiclásica de estas pipas, pues se localizaron sobre el piso y en convivencia con materiales de Fase Tollán (Cobean, 1978:71).
- Aunque el reconocimiento en Cerrito de Rayas fue superficial, destaca la presencia de tipos diagnósticos del Clásico Tardío como Valle de San Luis y Garita. Hay Blanco Levantado, pero éste no parece corresponder a una ocupación del Postclásico Temprano como en otros sitios, ya que en Cerrito de Rayas no hay Plumbate y tampoco parece haber otros elementos del complejo Tollán (véase Ramos et al, 1988). Existe una cerámica de pasta gruesa, pero los autores consideran que no corresponde a la conocida Pasta Gruesa Tardío (ibíd:313).
- Flores y Crespo no señalan la existencia de pipas en La Magdalena (véase 1988:214), pero en un trabajo posterior Crespo ilustra un par de fragmentos de este lugar (1991a:fig. 14c). Al pie de las imágenes aparecen las fechas 400-800 D.C.
- Braniff destaca que las pipas son comunes en Fase San Luis, pero existen tres fragmentos en la Fase San Juan (ca. 270 a.C.-130 D.C., 1992:147). Éstos son negros y carecen de decoración detrás de la cazoleta (ibíd:61, 117-118)
- Esta pieza es interesante, pues efectivamente es comparable con las que hemos descrito y parece excepcional entre las colecciones de la Huasteca, aunque en esta región se da una amplia variedad de tipos (Porter, 1948:191-193, láms. 8 y 9). Entre las más frecuentes se encuentran pipas de soporte plataforma, pero de bordes gruesos redondeados y con hornillo cilíndrico al centro (Porter, ibíd, lám. 9b; Du Solier et al, 1947-48:21, lám. 3 a y b, 24). En cuanto a su forma, estos últimos artefactos parecen vincularse estrechamente con aquellos de la región de Caddo, en el sureste americano, donde suelen fabricarse en piedra (Porter, ibíd:192, 227; Du Solier et al, ibíd:26-29; Armillas, 1999 [1964]:34). Para el Mezquital únicamente conocemos un fragmento que tal vez corresponde a una pipa de barro de este tipo, recolectado en superficie y procedente de Sabina Grande.
- Las pipas tarascas más comunes son también angulares, pero no de plataforma, regularmente tienen soportes y la decoración se logra a partir de diseños punzonados, pintados o esgrafiados (Porter, 1948:186-190, 193-199, láms. 12-15), compartiendo algunos de estos atributos con las pipas sinaloenses en algún punto contemporáneas (véase Porter, ibíd:199-203, láms. 16 y 17).
- El único sondeo donde aparecen fragmentos de pipa se realizó en un abrigo. Se trata de boquillas negras pulidas, una de ellas retorcida. Coincidimos con la autora en que "recuerdan" a los tipos tarascos (Faugére, 1996:94).
- A raíz del análisis de los materiales recuperados en el tramo Yuriria-Urupan del Proyecto Gasoducto, María Antonieta Moguel observó una continuidad ocupacional desde el Preclásico Superior hasta el Postclásico Tardío en la Cuenca de Cuitzeo, pero ocurriendo la mayor diversidad y frecuencia de tipos cerámicos a partir del Clásico Tardío (1987:2, 5, 68, 115, 129). Al oeste de la laguna se localiza la población de Zacapu, y entre ésta y el río Lerma se ha observado también una continuidad desde épocas tempranas, aunque nuevamente ocurriendo la ocupación principal durante la parte final de la fase Lupe (700-850 D.C.), durante La Joya (850-900 D.C.) (Faugére, 1992:41, 43, 45; 1996:84, 90, 95; Pollard, 1995:36; 2000a:63) y extendiéndose durante la fase Palacio (900-1200 D.C.) (Faugére, 1996:84, 90-92, 95, 100).
- Richard Diehl dice que por lo menos el 80% de la obsidiana en Tula proviene de Pachuca y tal vez el 10% de Zinapécuaro (1982:111), pero parece que esto aplica sólo a la fase Tollán (Cobean, 1978:117; Healan y Stoutamire, 1989:234, 236; Healan et al, 1989:248-249).
- Con seguridad se involucraron también recursos cuyo rastro no se aprecia de manera clara en el registro arqueológico, pudiendo ser uno de ellos la sal, cuya explotación al oriente de la laguna de Cuitzeo está documentada para el Postclásico Tardío (Moguel, 1987:12; Nalda, 1996:261-262; Williams, 1999:164-165, 170-171).
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