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Laura Solar Valverde
 

Dinámica Cultural del Valle del Mezquital durante el Epiclásico

Esfera Septentrional

Desde finales de los años ochenta, Peter Jiménez ha correlacionado una serie de rasgos y materiales arqueológicos comunes a una extensa área en el Noroeste de Mesoamérica, redefiniendo la "Esfera Septentrional" propuesta originalmente por Charles Kelley (1974) (Jiménez, 1989; 1992; 2001; Jiménez y Darling, 1992; 2000). En sus palabras, "La presencia de esta esfera es importante, porque articula el área de Chalchihuites con áreas vecinas y con el corredor Lerma-Santiago." (Jiménez, 1989:9)

El traslape de esta esfera con regiones al sur se infiere por lo menos desde el Clásico Temprano (Jiménez, 1989:36), pues ya entonces existe una relación entre los tipos esgrafiados y rojo sobre bayo de Chalchihuites, Juchipila, Malpaso y Guanajuato (Braniff, 1972; Jiménez, 1989:10-11; 1995:40; Jiménez y Darling, 2000:160). Dicha relación cerámica permanecerá por varios siglos, percibiéndose claramente durante el Epiclásico e involucrando a varias regiones más.

De acuerdo con Jiménez, hacia finales del Clásico y durante el Epiclásico (ca. 650-850 D.C.), la articulación de los grupos humanos que habitaron el centro y sur del actual estado de Zacatecas, los Altos/Valle de Atemajac en Jalisco y el norte de Guanajuato, se hace evidente, entre otras cosas, a partir de la distribución generalizada de algunos materiales diagnósticos como son la cerámica pseudo-cloisonné (Kelley, 1974; Jiménez, 1989:20, 35; 1995:56; Jiménez y Darling, 1992:14; 2000:164, 175) y la Figurilla Tipo I (Jiménez, 1989:14-16, 35; 1995:47, 56; Jiménez y Darling, 1992:14; 2000:165-166, 175).93  Los sitios donde concurren estos elementos, el esquema arquitectónico del complejo plaza-altar-pirámide, y lozas de manufactura local que sostienen entre sí coincidencias que sugieren una relación genérica, integran la Esfera Septentrional (Jiménez, 1989; 1992; 1995; Jiménez y Darling, 1992; 2000) (Figura 20).

Jiménez y Darling (2000) delimitan dos subesferas en la porción sur de la Esfera Septentrional: Altos-Juchipila y Valle de San Luis Policromo (Jiménez y Darling, ibíd, fig. 10, 13) (Figura 20), esta última caracterizada por la cerámica homónima.

Figura 20. Esfera Septentrional. Tomado de Jiménez y Darling, 2000.

El tipo Valle de San Luis Policromo es diagnóstico del Tunal Grande durante su fase San Luis (ca. 600-900 D.C.) (Crespo, 1976:37-38; Braniff, 1992:17-18) y su distribución abarca principalmente Aguascalientes, el extremo sureste de Zacatecas, Noreste de Jalisco (Los Altos), norte de Guanajuato y sur de San Luis Potosí (Crespo, 1976:37-38; Brown, 1985:224; Braniff, 1992:17-18, 69; Crespo, 1998:329), aunque aparece como intrusivo en el Valle de Malpaso (Jiménez y Darling, 2000:164, 180, nota 13), la Cuenca de Río Verde, el centro de Guanajuato y el suroeste de Querétaro (Braniff, 1992:17-18, 69; Crespo, 1991b:192, 1998:329). No conocemos ningún tiesto ya en territorio hidalguense.94

Este tipo diagnóstico se encuentra usualmente en conjunción con Blanco Levantado, vasijas al negativo y ocasionalmente Cloisonné (Brown, 1985:224; Braniff, 2000:40). La presencia de Blanco Levantado en el Tunal, aunada a la intrusión de Valle de San Luis Policromo en sitios del centro de Guanajuato y suroeste de Querétaro, confirma el traslape de la Esfera del Bajío con la Septentrional, pero además insinúa la conexión de ambas hacia el este, con territorio Huasteco (Jiménez, 2001:6).95

En un trabajo reciente, Beatriz Braniff habla de una clara frontera cultural que separó al Tunal Grande y El Bajío de los territorios al noreste, incluyendo la Sierra Gorda de Querétaro, el Valle de Río Verde en San Luis Potosí y la Sierra de Tamaulipas (2000:36). Es cierto que estas últimas regiones sostienen más afinidades con la Costa del Golfo (Michelet, 1989:185; Herrera y Quiroz, 1991), pero también existen elementos que las vinculan con las esferas Septentrional y del Bajío. Es notable, por ejemplo, la aparición en sitios del Tunal de Zaquil Negro (Braniff, 1972:276; 1992:17; Crespo, 1976:56; Jiménez, 2001:6) y San Diego Naranja Fino (Crespo, idem), cerámicas diagnósticas del Periodo IV en la región de Pánuco (Ekholm). Como especifica Crespo, "Ambos tipos son del Clásico tardío y representan la tradición desarrollada en el altiplano potosino, basada en patrones cerámicos de la vertiente del Golfo" (idem). Congruentemente, tiestos Valle de San Luis se han recuperado en Buena Vista Huaxcamá (Braniff, 1972:276; 1992:17) y en Río Verde durante su Fase B (700-900 D.C.) (Michelet, 1984 en Crespo, 1998:329). Pipas que aparecen tanto en Río Verde como en Villa de Reyes muestran similitudes, y Braniff comenta que algunas pipas de barro y piedra de San Luis Potosí se asemejan a las de la región de Caddo. Precisamente la conexión con esta área del Sureste Americano se ha detectado vía norte de Tamaulipas y la Huasteca (Porter, ibíd:192, 227; Du Solier et al, ibíd:26-29; Armillas, 1999 [1964]:34). La relación entre el Tunal Grande y Río Verde ya ha sido destacada (Braniff, 1992:43-44; Michelet, 1995:218, nota 48), lo mismo que los lazos entre esta última región y la Huasteca (Ochoa, [1979] 1984:33).96  Al suroeste de Querétaro se reporta un fragmento de "escultura de barro del Golfo", presumiblemente procedente de El Cerrito (Crespo, 1991b:192, fig. 13), sitio donde además se ha recuperado cerámica "Negro Esgrafiado Postcocción de Río Verde" (Crespo, idem). Zaquil Negro se ha encontrado hasta en el Mezquital (Fournier, 1995, cuadro 9).97

Volviendo a la subesfera Valle de San Luis, Beatriz Braniff considera que los vínculos más estrechos del sur potosino y el Bajío se sostuvieron con el Occidente (Braniff, 2000:36, 41). Destaca como ejemplo de ello el que algunos tipos cerámicos recuperados en Villa de Reyes son reminiscentes del Chametla Polícromo Temprano de Sinaloa, que las figurillas también son similares a las de la Costa occidental, y que en La Gloria y Peralta, Guanajuato, hay algunos elementos arquitectónicos de tradición Teuchitlán (Braniff, ibíd:40-41). Esta asociación pudo ocurrir principalmente vía la subesfera Altos-Juchipila, que en su extremo este se traslapa con la subesfera Valle de San Luis (Figura 20), y cuyas conexiones con el Occidente ya han sido ampliamente exploradas (Jiménez y Darling, 2000:167-171, fig. 10-13). Quizá a esto se deba que una forma tan característica en la cerámica del grupo naranja-guinda de los Altos de Jalisco, como es el borde de escalón, se haya encontrado hasta el valle de San Luis Potosí (durante la fase San Luis) y hasta la región de Río Verde, "lo que amplía la interrelación de las formas diagnósticas del norcentro-Occidente hacia la zona oriental de Mesoamérica." (Ramos y López, 1999:255)

La Esfera Septentrional se traslapa con la del Bajío vía sus dos subesferas. La de los Altos-Juchipila se extiende ligeramente fuera de los límites de la Esfera Septentrional hacia el este, llegando a Cerrito de Rayas e incluyendo también a La Gavia, en Guanajuato. Estos dos sitios son importantes porque muestran el engranaje de las dos subesferas a partir de las cerámicas al Negativo y el Valle de San Luis Policromo, pero además representan un área de conexión con los límites distributivos de Garita, Cantinas y Negro sobre Naranja (Moguel y Sánchez, 1988:230; Ramos et al, 1988:315; Ramos y López, 1999:258; Jiménez y Darling, 2000:180, nota 13; Jiménez, 2001:6). También hacia su extremo sureste, la Esfera Septentrional incorpora a los sitios de El Cóporo, La Gloria y El Cobre, en Guanajuato, que constituyen el límite noreste de la Esfera del Bajío (Jiménez y Darling, 1992:17). En los tres sitios conviven la Figurilla Tipo I, el Pseudocloisonné y el Negativo, con Blanco Levantado, tipos incisos, esgrafiados y rojo sobre bayo (Jiménez, 1992:189-190, nota 8; Jiménez y Darling, 1992:14-15, 18; Braniff, 2000:40).

Hace ya bastante tiempo, Charles Kelley llamó la atención sobre la similitud entre algunos tipos cerámicos Rojo sobre Bayo de Durango y Zacatecas, y el tipo Coyotlatelco definido por Tozzer (1921) para la Cuenca de México (Kelley, 1960:570; véase también Braniff, 1972:284-285; Jiménez, 1989:34-36; Mastache y Cobean, 1989:55). Desde el Altiplano Central esta relación generalmente se asume como secuencial, considerando al Coyotlatelco como derivado de un proceso evolutivo con tendencia de avance geográfico, y no a ambos estilos como interrelacionados. Esto se debe, por un lado, a la supuesta aparición repentina del Coyotlatelco en la Cuenca de México durante la época en la que el sistema teotihuacano se encontraba en decline; y por otro, a la postura cronológica inicial de aquellos tipos ’norteños’, donde aparecían como anteriores. Con los ajustes recientes a la cronología de estas dos áreas, actualmente parece más adecuado asumir que la similitud entre los tipos Suchil o Gualterio Rojo sobre Crema de Chalchihuites y el Coyotlatelco de la Cuenca, es reflejo de su parcial contemporaneidad (Jiménez, 1989:34-35; com pers. 2002), que Coyotlatelco es una expresión local de un fenómeno panregional (Solar, en preparación), y que alguna respuesta importante sobre este fenómeno debe buscarse en la región intermedia (Jiménez, idem; Jiménez y Darling, 1992:2), precisamente en el traslape de las esferas que, como la del Bajío, integraron la Red Septentrional del Altiplano.


Notas Finales

  1. En su propuesta original, Jiménez asigna a la distribución de la Figurilla Tipo I una temporalidad de ca. 650-850/900 D.C., apoyándose en su presencia en contexto estratigráfico en el sitio de Alta Vista, durante la fase homónima (ca. 750-850 D.C.) (Jiménez, 1989:16, 35; 1995:47, nota 16). Más tarde, la anotación de Beatriz Braniff sobre la convivencia de esta figurilla con Anaranjado Delgado en El Cóporo, Gto. llevó a Jiménez a reconsiderar dicha cronología, hacia el Clásico Medio (Jiménez, 1992; Jiménez y Darling, 1992). Sin embargo, posteriormente Braniff reconoció que en su contexto también estaba presente el tipo Valle de San Luis Policromo, lo que, aunado a la aparición de nuevos ejemplares de la Figurilla Tipo I en la Cuenca de Sayula en contextos del Epiclásico, o su asociación con figurillas tipo Cerrito de García y cerámica del complejo Ixtépete-El Grillo en Juanacatlán, Jal., revierte su cronología a la postura inicial (Jiménez y Darling, 2000:179, nota 10). La supuesta presencia de ’Anaranjado Delgado’ en el estrato de El Cóporo no atenta necesariamente contra una temporalidad clásica tardía de la Figurilla Tipo I, pues si bien se ha considerado a esta cerámica como un marcador de vínculos hacia Teotihuacán, quienes la han estudiado reconocen que en aquella urbe su consumo se incrementó durante la última fase (Rattray, 1981:64-65). Generalmente se dice que Anaranjado Delgado dejó de existir a la caída de Teotihuacán (Rattray, ibíd:67), pero también se han expuesto evidencias de su posible existencia en la Cuenca hasta época Coyotlatelco (Good 1972, en Cobean, 1982:66). Por otro lado, en el complejo Prado de Tula (ca. 700-800 D.C.) se incluye una cerámica "muy similar al Anaranjado Delgado […] inclusive en la textura y el color de la pasta", sugiriéndose que, aunque las formas difieren, puede tratarse de una imitación local (Cobean, 1982:65). Esto es congruente con los datos sobre el tipo de arcilla con la que se fabricó el Anaranjado Delgado, la cual también se encuentra en una franja al Centro del estado de Querétaro y Noroeste de Hidalgo (Lambert, 1978 en Rattray, ibíd:67). Tal vez cabría preguntarse si algunos tiestos que han sido identificados en sitios al Norte de la Mesa Central (incluyendo El Cóporo), como el Anaranjado Delgado producido en Puebla y consumido por la Cuenca durante el Clásico, no son en realidad variedades producidas con arcillas de estos yacimientos cercanos. De ser así, la utilidad correlativa de esta cerámica en la región quedaría por evaluarse.
  1. Valle de San Luis Polícromo se ha reportado en Buenavista, SLP (Braniff, 1992:17-18, 69); Peñasco, SLP (Braniff, 1992:69); Río Verde (Michelet, 1984, en Crespo, 1998:329); Villa de Reyes (Crespo, 1976:37-38; Braniff, 1992:17-18); La Quemada (Jiménez y Darling, 2000:164, 180, nota 13); El Cerrito, Zac. (Brown, 1985:224; Braniff, 1992:69); Peñón Blanco, Zac. (Braniff, 1992:69); Aguascalientes (Braniff, 1992:17-18); Chinampas, Jal. (Braniff, 1992:69); Cuarenta, Jalisco (Brown, 1985:224; Braniff, 1992:69); El Cóporo, Gto. (Fase Cóporo Medio, asociado a materiales locales y Cloisonné) (Brown, 1985:224; Braniff, 1992:69); Cerrito de Rayas, Gto (Ramos et al, 1988:313); Agua Espinoza y Tierra Blanca, Gto. (Brown, 1985:224; Braniff, 1972:283); La Gavia, Gto. (Jiménez y Darling, 2000, nota 13); La Magdalena, Gto. (Brown, 1985:224); Tlacote, Gto. (Crespo, 1991a:123); El Cerrito, Qro. (Crespo, 1991b:192, fig. 13).
  1. El Tunal Grande pudo ser también una región intermediaria entre las poblaciones agrícolas y los grupos nómadas de los desiertos al norte (Braniff, 2000:36). Para Braniff, "Las interrelaciones entre grupos mesoamericanos y los de la región de cazadores-recolectores del norcentro, se pueden corroborar con base en ciertos artefactos líticos que son compartidos en la región llamada del Tunal Grande, que es mesoamericana, y las extensas regiones al norte de San Luis Potosí y sur de Coahuila" (1994:135, véase también Crespo y Viramontes, 1999 en general para el norcentro). Entre estos artefactos líticos se cuentan los famosos ’Raspadores Coahuila’, que además de en El Tunal han aparecido en Guanajuato (Rodríguez, en Crespo y Viramontes, 1999:113), en Zimapán (Sánchez et al, 1995:143, 154, fig. 17) y en Cerro Las Burras, al poniente del Valle del Mezquital (Polgar Salcedo, com pers. 2000).
  1. "[…] con base en las similitudes cerámicas de la última parte del Periodo IV y principios del V, quizá podrían correlacionarse con las cerámicas de Río Verde, zona que tal vez fuera lugar de tránsito de varios elementos mesoamericanos, no sólo hacia el norte de México, sino tal vez a la sierra de Tamaulipas. En algunos sitios de esta área, que no son claramente huaxtecos, indistintamente aparecen formas circulares y rectangulares en la arquitectura, cerámicas semejantes a las de Buenavista y los tipos Zaquil negro e inciso, así como juego de pelota y yugos en entierros, entre otros elementos." (Ochoa, [1979] 1984:33)
  1. Se habla también de una relación entre Río Verde y la Sierra Gorda (Herrera y Quiroz, 1991:299; Michelet, 1995:215) y desde luego entre esta última y la Huasteca (Herrera y Quiroz, ibíd:287, 297, 299). Aunque son escasos los rasgos atribuibles a la Sierra que aparecen en el sur de Querétaro y poniente de Hidalgo, vale la pena recordar que en sus estribaciones se ha recuperado el tipo Xajay Esgrafiado (Mejía y Herrera, com. pers, 2001), y del Mezquital conocemos fragmentos de figurilla del mismo tipo que una expuesta en el Museo Nacional, como procedente de Sierra Gorda. Se ha supuesto que el cinabrio, que decora varias figurillas en el Mezquital, proviene de los yacimientos de la Sierra, pero esto de ningún modo es confiable dada su existencia en otras regiones, por ejemplo cerca de la región de Acámbaro (Cárdenas, 1997, mapa 2).

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