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Dinámica Cultural del Valle del Mezquital durante el Epiclásico
La Concurrencia de Vínculos Inmediatos en la Construcción de Redes Macroregionales
Las vajillas compartidas por los grupos humanos que habitaron esta franja geográfica son el testimonio residual de la construcción y mantenimiento de vínculos sociales. Como hemos visto, por lo menos desde mediados del Clásico y en el Postclásico Temprano, el Centro Norte del Altiplano participaba de un sistema de comunicación e intercambio cuyo cauce principal fluía en dirección este-oeste, consecuencia de los sistemas fluviales Lerma/Santiago y Moctezuma-Pánuco (Diehl, 1976:280; Jiménez, 1989: Sánchez et al, 1995:145; Faugére, 1996:142; Ramos y López, 1999:258). A primera vista las relaciones se manifiestan en la distribución de recursos específicos como la obsidiana y en el uso compartido de materiales como las pipas de barro o ciertos tipos cerámicos, pero con seguridad derivan de un interés mucho mayor. De hecho, como propone Peter Jiménez, "las materias primas que circularon al interior de este amplio sistema económico no fueron las causas del sistema, sino sus resultados" y "Parecería que las redes de intercambio surgieron a la par de la interacción per se." (Jiménez, 2001:4)
El origen y consecuencia de estos vínculos debió tener expresiones e implicaciones más complejas que la sola adopción de vasijas. Una de las más significativas en nuestro caso es su posible enganche con redes vecinas (véase Pollard, 2000a:64) y la subsecuente conformación de redes macrorregionales:
"[
] los espacios económicos del Epiclásico no son excluyentes sino más bien interactuantes, conformándose canales a través de los cuales circulan artefactos desde diferentes regiones. Tales canales tienden a ser preferenciales respecto a un determinado tipo de artículo y son en este sentido redes limitadas en cuanto a la clase y número de artefactos, aunque pueden ser muy amplias respecto a su cobertura espacial." (Cervantes y Fournier, 1996:117)
No es difícil reflexionar sobre las ventajas que ofrecía a estas sociedades su participación en dicha red. Entre ellas está, por supuesto, el enlace de productos de proveniencias extremas a partir de relaciones consolidadas entre regiones intermedias. Guanajuato y el noreste michoacano, por ejemplo, fueron clave para la integración en las esferas del Norte y Occidente (véase Diehl, 1983:114, 116; Jiménez, 1992:180; Williams, 1999:160-161), también conectando con el Estado y la Cuenca de México (Jiménez, idem; Williams, idem), y vía el Valle de Toluca posiblemente con el Valle Occidental de Morelos (ver págs. 49-51 este volumen). San Luis Potosí contribuyó con sus vínculos hacia el Noroccidente, Norte y La Huasteca; mientras que por el sur de Querétaro y el Mezquital pudo darse una conexión también con la Cuenca de México, tal vez la Sierra Gorda, nuevamente la Huasteca (véase Sánchez et al, 1995:145; Fournier, 1995:61) y quizás a partir de la Costa del Golfo con el sur de Veracruz y hasta el Área Maya (véase Diehl, 1983:114).
Podemos pensar entonces que los diversos objetos de lujo o prestigio que tanto hemos considerado en este trabajo, se desplazaron a partir de esas redes, aunque estemos muy lejos todavía de comprender la plataforma ideológica sobre la que esto ocurría. Visto así, no resulta ya tan asombroso encontrar durante el Postclásico Temprano en Tula concha de abulón del Golfo de California
adornando una vasija Plumbate de la región maya.98
La eficacia de este sistema permitió que por lo menos desde el Epiclásico algunos sitios tierra adentro tuvieran acceso a material querático, como Cerrito de Rayas (Ramos et al, 1988:314; Ramos y López, 1996:104)99 y Cañada de la Virgen (Nieto, 1997:101), en Guanajuato, Barrio de la Cruz (Crespo y Saint Charles, 1996:130; 1991; Saint Charles, 1991a:7-8, 11) en Querétaro, o Sabina Grande (Carrasco et al, 2001), El Zethé (Morett, 1991; López y Fournier, 1992:240-257) y El Pañhú (Morett, com. pers. 1996), en Hidalgo. En ocasiones se obtuvo concha proveniente tanto del Pacífico como del Golfo, por ejemplo en Tula, al suroeste de Hidalgo (Diehl, 1976:263; Cobean y Estrada, 1994:78) y en Urichu (Pollard, 2000b) y Loma Santa María (Cárdenas, 1999:223), en Michoacán.100
La importación y conjunción contextual de concha de ambas costas, en sitios tierra adentro, nos permite considerar que existió una relativa facilidad de tránsito de objetos entre las sociedades involucradas en la red.101
Menos sorprendente es la presencia de concha en sitios michoacanos pues, aunque no siempre se ha comprobado, es de esperar que una buena parte provenga del Pacífico. Además de los ya mencionados, entre los sitios del noreste con ocupación epiclásica donde se ha registrado material querático están Tingambato (Pollard, 1995:37; 2000a:63); Tres Cerritos (Pollard, 2000a:63) y la zona de la Vertiente del Lerma (Faugére, 1992:39; 1996:132). En este último lugar se han hallado también figurillas cerámicas del Occidente (Faugére, 1996:93-132).
Es importante rastrear los vínculos del noreste de Michoacán con la costa, pues es posible que el comercio de algunos productos (i.e. la concha) se enganchara durante el Epiclásico al mecanismo de distribución de la obsidiana de Ucareo/Zinapécuaro que, en dirección oriente, pudo haberse valido de la red septentrional del Altiplano para llegar a Tula y quizás hasta territorio veracruzano (se ha localizado por ejemplo en El Tajín, Healan, 1998:102, 104). Esto en un momento dado ayudaría a explicar la presencia de concha del Pacífico en sitios del poniente hidalguense, la aparición de figurillas con ruedas en Michoacán (ver nota 94), la aparición de figurillas aparentemente de Occidente en Tula (Diehl, 1976:263) y, vía el centro y sur de Veracruz, la existencia de obsidiana del yacimiento michoacano tan lejos como el norte de Campeche (i.e. Edzná, Healan, 1998:104), el norte de la Península de Yucatán (Healan, 1997:77; 1998:102, 104; Healan y Hernández, 1999:137; Schmidt, 1999:445) o la costa de Belice (Healan, 1998:102, 104; Healan y Hernández, 1999:137).
La distribución de la obsidiana de Ucareo/Zinapécuaro tuvo también otro cauce importante, que posiblemente atravesaba el Valle de Toluca para llegar a Xochicalco y quizás vía el territorio morelense continuaba hacia el sur, pues se ha identificado obsidiana de esta fuente en la Costa y los Valles Centrales de Oaxaca (Healan, 1997:77; Healan, 1998:102, 104).
Por lo menos durante el Epiclásico la circulación de la turquesa pudo también engancharse a ambos cauces de la misma red,102 como lo sugiere por un lado la aparición de este material nuevamente en Urichu (Pollard, 2000b), Tingambato (Pollard, 1995:37; 2000a:63), Loma Santa María (Cárdenas, 1999:215, 221-222; ver nota 137), Cerrito de Rayas (Ramos y López, 1996:104); Barrio de la Cruz (Saint Charles, 1991a:9; Crespo y Saint Charles, 1991 s/p), Sabina Grande (Carrasco et al, 2001), Tula (Cobean y Estrada, 1994:77-78; Mastache y Cobean, 2000:121), y hasta Chichén Itzá (Morris et al, 1931:186-188; Marquina, 1990 [1951]:854-855, fotos 426 y 427); y por otro lado, hasta Xochicalco (Sáenz, 1962b:1-2).
Sobra resaltar la importante incidencia que estos enlaces pudieron tener en la dispersión, en sentido contrario, de nuestras placas de jade.
Notas Finales
- Se ha identificado como concha de abulón a las aplicaciones en la vasija plumbate que representa un rostro humano surgiendo de las fauces de un coyote (Braniff, 1994:137), actualmente en el Museo Nacional. En su texto, Braniff puntualiza en el lugar de origen de esta especie, que se restringe al norte del paralelo 28o en la Costa del Pacífico, Baja California Norte y Alta California (idem).
- Ramos et al, (1988:314) mencionan una cerámica en Cerrito de Rayas que quizá proviene del Golfo.
- Loma Santa María tuvo una ocupación importante relacionada con Teotihuacán. Sin embargo, el análisis de los materiales cerámicos y elementos arquitectónicos del sitio ha permitido a Efraín Cárdenas distinguir dos momentos principales, el primero de ellos efectivamente dentro del Clásico (300-600 D.C.) y el segundo en el Epiclásico (600-900 D.C.) (1999:217, 228). Desconocemos el contexto del que provienen la concha y otros materiales que incluimos aquí, además de su temporalidad. Al parecer, el registro llevado a cabo durante las exploraciones arqueológicas (1977-1982) fue insuficiente y el análisis de materiales quedó inconcluso, por lo que mucha de esa información se ha predido (Cárdenas, 1999). Si incluimos a Loma Santa María al hablar de una red que funcionó durante el Epiclásico, es por la gran coincidencia que existe entre los materiales que en conjunto circularon a partir de dicha red y los que han sido recuperados, también asociados, en aquel sitio. Entre ellos se cuenta la obsidiana de Ucareo (Cárdenas, 1999:222), cuya explotación no debe limitarse al Epiclásico, pero que en ese momento, como hemos visto, alcanzó su mayor demanda.
- En La Negreta, un sitio del Clásico al sur de Querétaro, se importó también concha de ambas costas (Brambila y Velasco, 1988:291). Aunque en un periodo anterior al que abordamos en este trabajo, es interesante la posibilidad de que la red del Centro Norte existiese desde el Clásico. ¿Por qué no pensar que fue ésta una de las razones por las que Teotihuacán se vinculó con las regiones norteñas del Altiplano Central? En el Templo de Quetzalcóatl se recuperó concha del Golfo de California y del Océano Pacífico (Rubín de la Borbolla, 1947:65; Sugiyama, 1989;92-93). ¿No podrían haber jugado un papel importante, al menos en lo que concierne al abastecimiento de la concha de Occidente, sitios como La Negreta, y no a la inversa como se ha planteado, que los objetos de concha "llegaron a La Negreta vía Teotihuacán" (Brambila y Velasco, 1988:292-293, ver también Brambila et al, 1988:17)?
- Es bien sabido que en territorio mesoamericano se importó turquesa desde el Suroeste de los Estados Unidos. Aunque de menor calidad, existen también yacimientos en México que fueron explotados durante la época prehispánica. De acuerdo con los estudios de Weigand, éstos ocurren en Santa Rosa, al oeste de San Luis Potosí, Saucedo de Mulatos, Zacatecas, Coahuila, Chihuahua y Sonora (Weigand, 1995:127). Mientras no se analice la composición de este material en las diversas fuentes y por supuesto de las piezas recuperadas en contexto arqueológico, es difícil establecer su procedencia exacta; sin embargo, parece que la distribución de la turquesa en general estuvo estrechamente vinculada con el sistema social responsable de la actividad minera en Chalchihuites, Zacatecas: "Aparte de sus propias operaciones mineras, las gentes de la zona de Chalchihuites se encontraban asiduamente adquiriendo turquesa química de otras regiones [
]. Parte de esta turquesa se obtenía de yacimientos bastante cercanos, aunque de relativamente mala calidad, encontrados en Zacatecas, San Luis Potosí y Coahuila. Mientras que estos depósitos eran los más cercanos [
] no fueron tan intensamente explotados como los de mayor calidad que se encontraban más al norte" (Weigand, ibíd:120-121). Las primeras turquesas químicas en el área de Chalchihuites aparecen hacia 500 D.C. (idem) pero su consumo se intensifica desde finales del Clásico (véase Weigand, ibíd:130, fig. 1).
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