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Publicación: El Clásico Terminal en las Tierras Bajas Maya: Colapso, Transición, y Transformación
Perspectivas en el Final del Período Clásico
Historicismo Temprano
Exploradores de las tierras bajas mayas a finales de los siglos decimonoveno y los comienzos del veinte descubrieron monumentos tallados, de piedra fechados en los sitios del sur, notando simultáneamente que su erección cesó a finales del siglo nueve d.C. Junto con el cese del complejo altar-estela y textos jeroglíficos, también hubo un declive en las cerámicas de policromo, entierros suntuosos, y abandono aparente de muchas de las ciudades del Clásico del sur. Y alrededor del mismo tiempo, ellos notaron, que la ocupación empezó a florecer en sitios nuevos diferentes en las tierras bajas del norte.
En estos primeros años, el pensamiento arqueológico y antropológico en el cambio cultural fue relativamente simple, y las explicaciones tenían la tendencia a expresarse en términos de escenarios justamente dramáticos de levantamientos y caídas de imperios, o colapsos de civilizaciones (vea Yoffee y Cowgill 1988; Cowgill 1988). Probablemente sólo la caída del Imperio Romano Occidental ha sido discutida más a menudo que la del maya como un ejemplo del declive de una civilización. Un resultado de este pensamiento fue la noción del colapso de la civilización maya de las tierras bajas, es decir, el "Viejo Imperio" del sur, seguido por el establecimiento de un "Nuevo Imperio" en el norte (Morley 1946; Thompson 1954). Y así se estableció un santo grial para posteriores investigaciones arqueológicas: si éste fue el colapso de la civilización del período Clásico, ahora debemos descubrir sus causas.
A mediados del siglo veinte, numerosas causas han sido propuestas para explicar el declive y colapso de lo que se había previsto como una jerarquía sacerdotal gobernante en los sitios del sur. Estas causas incluyeron (Morley y Brainerd 1956:69-73; vea también Adams 1973a): actividad de terremotos, cambio climático (sequía), enfermedades epidémicas tales como malaria y fiebre amarilla, conquistas extranjeras, "decadencia cultural," agotamiento agrícola (suelo), y revuelta de las clases bajas. La última se vio como la más plausible.
La Noción del Clásico Terminal
El concepto del período de la tierra baja maya "Clásico Terminal" fue formalmente introducido dentro del léxico arqueológico en la Conferencia de la Cerámica de la Tierra Baja Maya de 1965 en la Ciudad de Guatemala, Guatemala (Willey, Culbert, y Adams 1967). Esta reunión se celebró con el propósito de discutir y comparar visualmente complejos cerámicos, particularmente para comparar cronologías, como datos de cerámica publicados que no estaban disponibles ampliamente. El enfoque fue primeramente en sitios relativamente más grandes donde en el comienzo se habían llevado a cabo proyectos de investigaciones mayores.
La intención del concepto del Clásico Terminal fue principalmente como un mecanismo para separar y marcar la transición del Clásico al Posclásico (Culbert 1973b:16-18) en las tierras bajas, e inicialmente se definió sobre las bases de su contenido cerámico. Su nombre, Tepeu 3, se tomó prestado de la secuencia de cerámicas Uaxactún, aunque la designación de la esfera, Eznab, es sacada de la de Tikal. El Clásico Terminal, hasta ahora referido a un período de tiempo (aproximadamente 830950 d.C.) así como a un juego particular de circunstancias culturales: específicamente, el cese de las prácticas culturales que caracterizaron el pináculo Clásico de la civilización maya. Aunque el término fue adoptado "con la esperanza que [habría] de implicar tanto la continuidad como la destrucción de los modelos anteriores
" (Culbert 1973b:17), el énfasis ha sido más a menudo en sus finales que en sus continuidades. El concepto del Clásico Terminal estuvo siempre conectado inseparablemente a la terminación del "Clasicismo" maya su colapso y el abandono de los mozos de las tierras bajas del sur y centrales.
Los participantes en la conferencia de la cerámica en 1965 también identificaron el Clásico Terminal como un "horizonte" arqueológico. Un horizonte se caracteriza como "una continuidad espacial representada por la distribución amplia" de artefactos reconocibles, estilos, o prácticas, definidas más sobresalientemente por "su relativamente limitada dimensión de tiempo y su extensión geográfico significativa" (Phillips y Willey 1953:625; Willey y Phillips 1955:723; 1958:38). La opción de la etiqueta horizonte para la tierra baja del Clásico Terminal Maya fue dictada no por la prominencia extendida de un estilo de artefacto distintivo, entonces y ahora las bases más comunes para definir los horizontes arqueológicos (D. Rice 1993a), pero por el contrario, por la percepción que el período Clásico Tardío de las tierras bajas finalizó en todas partes con una sociedad derrumbada tan extendida que constituyó un horizonte cultural genuino. Como más tarde lo notó T. Patrick Culbert (1973b:16), el horizonte Tepeu 3 fue "el período durante el cual el proceso de la caída hizo su curso."
Centrismo del Colapso
No mucho después de la Conferencia de la Cerámica Maya, líderes escolares mayistas se reunieron en un seminario en el Colegio de Investigación Americana (School of American Research) en Santa Fe, Nuevo México, en 1970 para el primer intento de comparar sistemáticamente y sintetizar los datos que [habían] acumulado sobre las causas del colapso. La conferencia, se organizó porque "una serie de proyectos de investigación importantes [habían] sido llevados a cabo en las Tierras Bajas Maya en las últimas dos décadas que proporcionaron importantes masas de datos nuevos" (Culbert 1973d:xiv), revelaron algunas de las complejidades de las tierras bajas del mundo maya del Clásico Tardío y el surgimiento de modelos regionales diferentes de cambio en los siglos octavo al décimo. Pero es importante reconocer que los datos presentados en la conferencia y publicados en el volumen resultante, The Classic Maya Collapse (El Colapso del Clásico Maya) (Culbert 1973a), representa más bien una muestra parcial de las tierras bajas. El esfuerzo de Robert L. Rands (1973a) de proveer el resumen cronológico para el volumen fue basado en los datos de solamente ocho sitios esencialmente los de la conferencia de cerámicas tempranas particularmente en el oeste a lo largo de los Valles Pasión y Usumacinta (Seibal, Piedras Negras, Altar de Sacrificios, Palenque, y más).
The Classic Maya Collapse (El Colapso del Clásico Maya) concluyó con un resumen característicamente hábil por el "Gran Sintetizador," Gordon Willey, asistido por Demitri Shimkin. Estos autores (Willey y Shimkin 1973) abrieron paso aparentemente a las interpretaciones contradictorias y los juegos de datos diversos dentro de una suma que incluyó consideraciones "estructurales" (subsistencia, densidad de población, organización sociopolítica, religión, militarismo, urbanismo, comercio, y mercados) y los rasgos dinámicos (papel de la élite, distinciones sociales, competencia interna, problemas agrícolas, presión demográfica, enfermedades de gran peso especialmente malnutrición y comercio exterior). Significativamente, ellos minimizaron el papel de militarismo, ya sea como rebelión interna (favorecida anteriormente por Sylvanus G. Morley y J. Eric Thompson) o invasión externa (vea Rice s/f). Ellos concluyeron con un modelo descriptivo de clases que incómodamente forzaron la integración de todas estas causas posibles y, como tal, fue insatisfactorio (Culbert 1988:76 lo llama un "Modelo de lavaplatos-Cocina"). Las fisiones en nuestras visiones de un "Colapso Maya Clásico" uniforme ya eran aparentes.
Posteriormente, en los a finales de los años 1970 y los 1980 la investigaciones arqueológicas en las tierras bajas empezaron a legitimizar un nuevo enfoque el período Posclásico y esto trajo perspectivas completamente diferentes sobre el colapso Clásico. En lugar de mirar los siglos noveno y décimo como el final súbito de algo (ese "algo" siendo una civilización del Clásico Tardío, privilegiada como el período principal de la historia maya digno de estudio), los arqueólogos empezaron a considerar la visión de que estos siglos representaban simultáneamente una transición y, posiblemente, el comienzo de algo más que fue también de importancia (Chase y Rice 1985; Sabloff y Andrews 1986). Realmente, una conclusión que se deduce de tales perspectivas es que, en las tierras bajas Maya, las transformaciones verdaderamente dramáticas "vinieron con la caída de Chichén Itzá en el siglo trece d.C. y no con la caída de los centros Clásicos en el Sur" (Andrews y Sabloff 1986:452).
En los años siguientes de la conferencia en 1970, el escrutinio adicional del colapso incluyó nuevos acercamientos tales como simulación de computadora (Hosler, Sabloff, y Runge 1977), teoría de sistemas general (Culbert 1977), teoría de catástrofe (Renfrew 1978), análisis de la tendencia superficial de la distribución de los monumentos fechados (Bove 1981), y mecanismos causales nuevos o revisados, incluyendo rebeldías de campesinos (Hamblin y Pitcher 1980), declive de la influencia de Teotihuacán (Webb 1973; 1975; Cowgill 1979), y estrés de subsistencia agrícola (Culbert 1988). Al mismo tiempo, interés creciente en estudios de asentamiento, combinados con interpretaciones de despoblaciones masivas en los siglos noveno y décimo, provocó más atención a demografías regionales y a estimados de poblaciones más realistas (Culbert y Rice 1990). Ha sido estimado que para el año 800 d.C. la densidad de la población era aproximadamente de 145 personas por kilómetro cuadrado, cayendo dentro de los bajos 40s por kilómetro cuadrado para los años 1000 d.C. (Turner 1990:312). En términos de números, por los años 800 d.C. lo máximo de la población se estimó que podía llegar entre 2.6 y 3.4 millones, disminuyendo a "menos de un 1 millón o algo así" por los 1000 d.C., un radio de despoblación de 0.530.65 (Turner 1990:310). También durante los años de 1980 y los 1990, avances rápidos en desciframientos de jeroglíficos trajo nuevas interpretaciones de eventos del período Clásico Tardío, principalmente llevando a un énfasis de militarismo e intensa guerra interna como factores en el colapso en algunas regiones (Demarest, Valdés, et al. 1991; Demarest 1996; 1997; Schele y Miller 1986; Schele y Freidel 1990; también Cowgill 1979.)
Cambio Cultural
Consideraciones más tempranas del llamado colapso Clásico Maya fueron plagadas por la suposición de una "causa" común y por la terminología vaga (vea, por ejemplo, Cowgill 1988). Aquí, en nuestra consideración de lo que constituye el declive, colapso, o transformación de un sistema político, como el del Maya, seguimos recientes discusiones y debates de la epistemología de tales consideraciones de cambio cultural (por ejemplo, Eisenstadt 1967; 1968; 1986; Tainter 1988; Yoffee y Cowgill 1988).
En particular, como explica Norman Yoffee (1988:14), los significados variados asignados a la palabra "colapso" pueden ser agrupados dentro de dos categorías. Una categoría consiste de palabras como caída, colapso, fragmentación, y muerte, que implica "que algunas entidades significativas cesaron de existir". La segunda categoría implica un cambio a algo que es "moralmente o estéticamente inferior," como en las palabras declive, deterioro, y decadencia. Aquí, cuando nosotros hablamos de un "declive," es en referencia a un sistema político en particular que experimenta un declive notable en el grado de complejidad.
Además, Cowgill (1988:256) urge una distinción cuidadosa entre las clases de las entidades que están en transición, tales como estado, sociedad, y civilización. El término "estado" se refiere al tipo de una organización política, y su final, al menos que haya sido logrado por la fuerza, debe referirse como a una "fragmentación" en lugar de colapso o caída. La civilización debería ser usada especificamente "en un sentido cultural, para significar
una gran tradición. Para hablar del colapso de una civilización, entonces, debería ser para referirse al final de una gran tradición cultural" (Cowgill 1988:256).
Sin embargo, algunas de estas distinciones específicas son difíciles de aplicar a las tierras bajas Mayas. El término "fragmentación política" puede o no puede ser inapropiado, ya que depende del grado en el cual los estados Mayas son vistos como centralizados o descentralizados. Similarmente, "colapso civilizacional" es inapropiado al menos que uno postule una "variante de las tierras bajas sureñas de la gran tradición Maya" (Cowgill 1988:266).
Postmodernismo y Postprocesoalismo
El colapso del maya, como la de cualquier otra civilización, es una metáfora adherida para miedos contemporáneos de muerte individual o el declive de sociedad, y ha sido siempre una lectura subjetiva, reflexiva de un pasado imaginado en el presente. Como han enfatizado las tendencias recientes en filosofía, social, el pasado antiguo nunca ha sido "objetivamente" o "científicamente" estudiado. El pasado antiguo siempre ha sido, en lo mejor, una prueba Rorschach para las preocupaciones contemporáneas, y en el peor de los casos, un texto construido en una metronarrativa con una agenda consciente o subconsciente de legitimar la tradición capitalista Occidental conquistada. Claramente, el "misterio del colapso maya" cae de alguna manera entre estos extremos subjetivos como una lectura emocional contemporánea del pasado (cf. Montejo 1991; Castañeda 1996; Hervick 1999).
La noción del colapso de la civilización maya se ha visto como ofensiva por algunos escolares y algunos activistas mayas, dado el vigor de las tradiciones culturales mayas de millones de portavoces de las lenguas mayas en México y Guatemala hoy. Ambos, la confusión intelectual y la insensibilidad política puede atribuirse a la terminología descuidada acerca de lo que constituye una "transición," "declive," o "colapso" y qué es lo que experimenta la transición, declive, o colapso. Claramente, la civilización maya como cultura general y tradición étnica una "gran tradición" no experimentó ningún "colapso" o "declive." Los reinos Posclásicos mayas del norte de Yucatán, Belice y Guatemala fueron grandes políticas vigorosas, y la tradición maya de más de diez millones de ciudadanos indígenas de Guatemala y México están actualmente experimentando un gran florecimiento cultural, lingüístico, y político (por ejemplo, Fischer y Brown 1996). De hecho, este resurgimiento contemporáneo maya está desafiando nuestras concepciones de lo que es "Maya" y cómo los antropólogos y arqueólogos ven estas sociedades (por ejemplo, Warren 1992; Watanabe 1995; Nelson 1999; Montejo 1991; Fischer 1999; Cojtí Cuxil 1994).
A este respecto, nuestra referencia a/o descripción de un "colapso," "declive," "transición," o "transformación" de los reinos de las tierras bajas del Clásico maya no es ni un juicio estético/moral ni una declaración denigrando acerca de las políticas mayas Posclásicas o de las sociedades posteriores y las formaciones culturales de los portavoces de las lenguas mayas y sus tradiciones (aunque algunos autores anteriores pueden haber colocado tales connotaciones en estos términos). Más bien, estas son interpretaciones más específicas acerca de lo que sucedió a unos sistemas económicos y políticas en particular en los siglos noveno y décimo. Similarmente, hablando del declive del Imperio Romano Occidental o el colapso de la hegemonía Austrohúngara no es una declaración denigrante amplia en la tradición Europea Occidental o de la sociedad Occidental moderna; es una generalización acerca de cambios, algunos rápidos, otros graduales, en particular sistemas políticos.
Mientras reconozcamos la naturaleza inevitable reflexiva de la arqueología, muchos de nosotros todavía permanecemos dedicados a lo mundano, tarea tradicional de ordenar artefactos de regiones diferentes, fechándolos usando una variedad de métodos, comparándolos, y entonces intentando construir historia-cultural consistente con esos juegos de datos y secuencias. Nuestra dedicación a esta tarea simplemente se debe a la falta de valor intelectual; es decir, somos lacayos en el sistema de construcción meta-narrativo capitalista y este es nuestro trabajo! Alternativamente, sin embargo, uno puede argumentar que a pesar de los esfuerzos de Jacques Derrida, Michel Foucault, y un organizador de filósofos franceses (y sus "traductores" arqueológicos Británicos, Ian Hodder, Michael Shanks, Christopher Tilley, et al.), algunos de nosotros todavía nos aferramos a los conceptos aparentemente anticuados de tiempo linear, distinciones objeto/sujeto, y otros credos de la ciencia moderna.
Un volumen como éste debe verse como una construcción tradicionalista y comparación de historias culturales regionales, junto con algunos intentos iniciales en interpretación de casualidad en términos de "meta-narrativa" tradicional científica occidental. Nosotros no buscamos en este volumen debatir la epistemología o terminología de discurso como se aplica en la arqueología, en arqueología mayista, o, específicamente, en el estudio de los siglos finales de la civilización Maya Clásica. Compartimos preocupaciones con respecto a los términos problemáticos reconocidamente usados en interpretación de discurso aquí y en general en el campo maya, tales como civilización, tradición, declive, colapso, etc. Estas preocupaciones se tocan brevemente en varios artículos en este volumen y también en el Capítulo 2 por Diane Z. y Arlen F. Chase. No necesariamente estamos de acuerdo con la presentación negativa de Chase de investigaciones anteriores, tampoco con sus acercamientos a los "hermenéuticas". No obstante, creemos que los reconocimientos de la crítica del proceso posterior han enriquecido algunos de estos capítulos. En general, sin embargo, dejamos a los futuros foros el debate digno y la re-evaluación general de nuestros puntos de vista esenciales de "La civilización Maya" y su historia-cultural, y los caminos de valores abrumados y subjetivos necesariamente en los cuales interpretamos tales abstracciones en el registro arqueológico.
Nuevo Balche, Ollas Viejas
Desde la conferencia de Santa Fe en 1970, el concepto del colapso civilizacional ha causado un enorme desacuerdo entre mayistas, particularmente porque tal evento nunca ocurrió simultáneamente en el norte, donde las ciudades estaban floreciendo. En los treinta años desde la conferencia, una cantidad enorme de investigaciones han proporcionado una riqueza de datos, estimulando la necesidad de un nuevo vistazo en los cambios de los siglos noveno y décimo tomando lugar en las tierras bajas. Esta investigación también ha revelado considerable variabilidad en el tiempo de estos procesos y en la magnitud en los cuales ellos tomaron lugar. La mayoría de las discusiones de los arqueólogos ahora resaltan (en lugar de suprimir) variabilidad dentro y entre los reinos Clásicos Mayas durante este período. Abandono total versus el lento declive repentino, cambio económico gradual versus cambio súbito, dispersión de población, guerra endémica, destrucción, reorientación, y florescencia todo está representado en las interpretaciones de cambio y transformación en las culturas regionales de la tierra baja durante estos siglos. Además, se está pensando de nuevo en toda la noción, de "colapso" como definiendo un evento de los siglos noveno y décimo en las tierras bajas, y cambios mayores en acercamientos teóricos a la historia cultural y revisiones similares de pronta casualidad.
Adoptamos el término "Clásico Terminal" en la acumulación de estos documentos, mayormente por tradición: esto es lo que ha sido llamado en las tierras bajas del sur y centrales. El Clásico Terminal en las tierras bajas del sur fue fechado cerámicamente de aproximadamente a comienzos de 800/830 d.C., a aproximadamente finales del 950/1000. Sin embargo, en las tierras bajas norteñas, el intervalo temporal del Clásico Terminal está subsumido con un período más largo (alrededor de 7001050/1100 d.C.) conocido usualmente como "Floreciente" o "Puro Floreciente" aludiendo a el florecimiento de los centros Puuc en la esquina norteña de la península de Yucatán (vea Brainerd 1958). Para las tierras bajas norteñas, entonces, el término "Clásico Terminal" es más bien una etiqueta mal ajustada y restrictiva para este período más largo.
Por consiguiente, hemos tomado aquí el período bajo la consideración de ser un intervalo de algunos trescientos años, de aproximadamente 750 a 1050 d.C. Esto no es un intento con remordimientos de conciencia que trata de encajar forzosamente la cronología del sur dentro de la del norte, por el contrario reconocer que, sobre todo, el enfoque de interés para los mayistas ya no es simplemente un colapso político en el sur. En cambio, la investigación ha revelado que el final del reino divino la eliminación de un elemento clave de "clasicismo" en el sur es solamente una hebra de un tejido complejo de eventos y procesos de dinámicas de intrasitios e intersitios y mas amplias interacciones continuas inter regionales entre el norte y el sur. Aunque todavía defectuoso, la designación del "Clásico Terminal" por lo menos permanece más neutral que los términos "colapso," "caída" o "declive".
El lector encontrará variación cronológica aun mayor en los períodos cubiertos por estos artículos. Hasta cierto punto, esto refleja la gran variabilidad cronológica en los cambios en cultura material en regiones diferentes. Por ejemplo, los eventos y procesos que llevan a un declive de población y emigración en el occidente de Petén empezó antes de los 750 d.C. y en algunas áreas (tales como el Petexbatún, y posiblemente el Valle de Copán) fueron todas pero se acabó por los 830 d.C. Todavía en algunas otras áreas, en Belice y el norte de la península de Yucatán, una variedad de desplazamientos diferidos y cambios continuaron a través de 1100 d.C., antes de que el material cultural e instituciones asociadas con el Clásico Posterior estuvieran firmemente en su lugar. Esta variabilidad es especialmente notable en los capítulos 1922 en los sitios de las tierras bajas norteñas.
Otras variaciones en el marco cronológico de los capítulos se deben al acercamiento interpretativo y las teorías del autor, que atrajo procesos paralelos más tempranos o posteriores. Por ejemplo, en el Capítulo 15, Richard Adams et al. prevé un "colapso" verdadero que es el último de los tres "desastres" globales más temprano manejados climatológicamente causó sequías y hambres. Ellos trazaron su historia cultural regional, entonces, regresan al Preclásico para tratar de demostrar tales modelos repetitivos. Recíprocamente, Christopher R. Andres y K. Anne Pyburn (Capítulo 18) y Marilyn A. Masson y Shirley Boteler Mock (Capítulo 17) intentan elucidar los cambios envueltos en la transición del Clásico al Posclásico trabajando hacia atrás desde las evidencias Posclásicas en Belice que ayudan a definir la nueva pero todavía vigorosa, tradición Maya en Belice después 1100 d.C.
Lo que es realmente de interés para los arqueólogos antropológicos, después de todo, son los procesos subrayando una transformación cultural más amplia, una transición Clásica Tardía a la Posclásica, tomando lugar en este período. En las tierras bajas del sur, la transición focal ha sido por largo tiempo el final de los reyes divinos y de las grandes ciudades que ellos gobernaron. En algunas áreas, esto era un colapso político súbito del tipo que es identificado tradicionalmente con el período del Clásico Terminal y es ciertamente digno de atención escolar. Sin embargo, factores contribuyentes pueden ser trazados desde antes, por lo menos al siglo seis, la estela tallada continuó erigiéndose en algunos sitios en los comienzos del siglo diez, y los resultados de los movimientos de la población y las nuevas alianzas todos demandan que por lo menos varias décadas inmediatamente precediendo y siguiendo el Clásico Terminal sean consideradas apropiadas a cualquier esfuerzo genuino para entender estos procesos amplios de transformaciones culturales..
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