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James F. Garber
 

La Fase Kanocha (1200-850 a.C.) del Formativo Temprano/Medio en Blackman Eddy, Belice
James F. Garber, M. Kathryn Brown, y Christopher J. Hartman

La Fase Kanocha (1200-850 a.C.)

La fase Kanocha representa la primera ocupación de Blackman Eddy. Hay dos cerámicas presentes en el Complejo Kanocha; una utilitaria amasada con calcita y cuarcita, y la otra una cerámica con un slip opaco caracterizada por su mezcla con ceniza (Figura 6 y Figura 12). Entre las formas más importantes se encuentran las tinajas de cuellos cortos con asas en tiras, los tecomates, las coladeras, las ollas de distintas formas, y los platos de fondo plano con lados curvados hacia afuera y anchos bordes evertidos. Las técnicas decorativas incluyen bandas de appliqués e incisiones post-slip. La cerámica utilitaria que predomina muestra un notable paralelismo con Jocote, de Jenny Creek, y parecería ser su precursora de desarrollo. Algunos de los tipos con el slip opaco presentan fuertes lazos de desarrollo también con el grupo Mars Naranja (Mars Orange) que le sucedió.

Varios aspectos de estas cerámicas, tales como su fechamiento, orígenes, y relación con los complejos subsecuentes, han sido objeto de discusiones y debates considerables. Las fechas radiocarbónicas de Blackman Eddy (Cuadro 2, Figura 13) apoyan la fecha de inicio propuesta para la aparición de estas cerámicas en el 1000 a.C., aunque también pueden ser de fecha tan temprana como el 1200 a.C. Ésto mismo es válido para el Complejo Cunil de Cahal Pech (Awe, 1992). Previo a estos descubrimientos, los depósitos más tempranos del valle fueron aquellos de la faceta temprana de Jenny Creek para el 800 a.C. (Gifford, 1976), y de este modo, la fase Kanocha de Blackman Eddy y la fase Cunil de Cahal Pech son anteriores a Jenny Creek. Estos tempranos tipos cerámicos también fueron recuperados en Xunantunich (Strelow y LeCount, 2001), Pacbitun (Powis, comunicación personal, 2000) y en las excavaciones del PAVB en Floral Park.

La cuestión de los orígenes ya es más compleja. Hay cuatro posibilidades básicas: (1) estas cerámicas se desarrollaron in-situ, sin ninguna influencia externa, o en todo caso muy poca; (2) los conceptos subyacentes de la producción cerámica fueron introducidos en el valle por grupos mayas de las regiones adyacentes; (3) las cerámicas y/o los conceptos subyacentes de producción cerámica fueron introducidos en el valle por grupos no mayas de las regiones adyacentes o más allá, por medio de la interacción, y; (4) esta parte de las tierras bajas mayas fue colonizada por grupos no mayas, que trajeron consigo los conceptos de producción cerámica.

La iconografía y calidad general de las cerámicas de la fase Kanocha representan una tecnología muy desarrollada, y no un primer intento de producir cerámicas. No se hallaron evidencias de experimentación con cerámicas. La primera posibilidad mencionada más arriba, puede quedar razonablemente eliminada sobre la base de claras relaciones iconográficas con otras regiones de Mesoamérica. Más aún, se hallaron objetos exóticos no locales dentro de la fase Kanocha de Blackman Eddy y dentro de la fase Cunil de Cahal Pech (Awe, 1992), lo cual sugiere una interacción con regiones externas. Con las poblaciones productoras de cerámica que rodeaban a las tierras bajas mayas, parece lógico que los primeros habitantes del valle tuvieran alguna comprensión de la tecnología cerámica. El hecho de que los cultígenos y otras tecnologías asociadas se estuvieran diseminando en todo el ámbito de Mesoamérica, representa amplia evidencia de una interacción considerable, inclusive durante una fecha temprana.

La segunda posibilidad, según la cual los conceptos subyacentes de la producción cerámica hubieran sido introducidos en el valle por grupos mayas de las áreas adyacentes, emana de una "sabiduría convencional" entre los mayistas a través de una suposición general muy simple de trabajo: que cualquier cosa que esté presente en las tierras bajas mayas, ha de ser maya. Deberíamos esperar hallar depósitos precerámicos en el valle, que indicaran un modo de vida más temprano y más dependiente de los recursos silvestres. Tales hallazgos se han dado, pero son escasos, y la densidad e importancia de estas poblaciones arcaicas del valle no han sido determinadas. Las evidencias precisas en cuanto a que los aldeanos que se asentaron en tiempos tempranos estaban bien adaptados al medio ambiente local del valle, apoyan esta posibilidad.

Las claras influencias externas ocurridas durante los períodos Clásico, Posclásico e Histórico están bien documentadas, y por lo tanto, las posibilidades tres y cuatro, que involucran ambas a grupos no mayas, deberían ser cuidadosamente tenidas en cuenta. Ball y Taschek (2000, en prensa) presentan una aseveración intrigante acerca de las cerámicas del Formativo Medio en el valle, que puede arrojar alguna luz sobre esta cuestión. Ellos sugieren que los primeros pobladores permanentes del valle no fueron mayas o por lo menos no fueron los mayas del período Clásico. Más aún, ellos sugieren que las cerámicas en uso en el valle entre el 950-500 a.C., no corresponden a un sólo complejo, resultado de un "sistema cerrado", sino que en todo caso representan un compuesto de sistemas múltiples:

Mientras que los complejos cerámicos Kanluk [Cahal Pech Jenny Creek] y Jenny Creek de acuerdo a como ya han sido definidos, están basados en asociaciones depositacionales estratigráficas, no representan equivalentes en exacta correspondencia con los conjuntos locales del Preclásico Medio de producción-consumo, sino en todo caso compuestos depositacionales formados por alfarería fabricada y utilizada localmente, más agregados resultantes del intercambio local, el comercio a larga distancia, posibles regalos, la restauración de bienes heredados o vasijas antiguas, y otros procesos. Las evidencias de algunos de estos procesos son fácilmente reconocibles, aunque no de otros. Sin embargo, lo que debe comprenderse es que el carácter compositivo de un complejo del Preclásico Medio como Jenny Creek o Kanluk en verdad no es diferente de aquel de un complejo Clásico Terminal de las tierras bajas centrales, que incluyen cerámicas naranja fino, plumbate, o de pizarra delgada, o de un complejo Tardío de las tierras bajas del norte, con inclusiones de los grupos polícromos de Palmar o Petkanche, o cerámicas de pasta fina de fuera de la región inmediata del descubrimiento arqueológico (Ball y Taschek, 2000:6).

De acuerdo con su línea argumentativa, aquello que ha sido considerado como un complejo simple en verdad puede estar formado por dos diferentes sistemas de producción: uno maya, el otro no maya. Los grupos cerámicos que conforman estos complejos parecen ser parte de una tradición cerámica "genérica del Preclásico Medio", con una amplia distribución que se extiende por todo el istmo, en contraposición con una tradición "maya del Preclásico Medio". Este modelo resultaría análogo a la situación del Valle de Copán, donde las cerámicas más tempranas (complejos Rayo y Gordon) han sido conectadas con complejos de Chalchuapa (Demarest, 1987; Fash, 1991), y las cerámicas Xe conectadas con grupos mixe-zoque, casi con seguridad del oriente de Chiapas o de las tierras altas del norte de Guatemala (Andrews, 1990). En estos modelos, los grupos mixe-zoque fueron absorbidos o reemplazados por grupos mayas que se expandieron a partir de los sistemas cerámicos Mamom, que se había desarrollado fuera de sus bases en Petén o a partir de raíces Swasey pre-Mamom. La validez de este modelo para el Valle de Belice descansa, en última instancia, en un análisis abarcativo del material cerámico, conjuntamente con una comparación cuidadosa con las áreas vecinas y más allá. Ya está en curso un análisis de estas características (Joseph Ball, comunicación personal, 2001).

En la descripción inicial de la fase Cunil de Cahal Pech, Awe (1992) describe un conjunto de motivos y elementos de los tipos incisos al igual que aquellos que aparecen en artefactos de piedra verde de la misma fase. Subsecuentemente, estos motivos fueron objeto de un análisis más detallado, y los tipos incisos se definieron como el subcomplejo Chitam de Cunil (Cheetham, 1998). La cruz de Kan y la serpiente alada han sido identificadas en las cerámicas de la fase Kanocha de Blackman Eddy (Figura 14). Ambas forman parte de un sistema genérico, ampliamente disperso, del Formativo Medio, hallado en varias regiones de Mesoamérica entre las que se encuentran; Chiapas, la Costa del Pacífico, la Costa del Golfo, El Salvador, Morelos, el Valle de México, y Oaxaca. Las figurillas de las fases Kanocha (Figuras 15, 16, 17, y 18, abajo) y Cunil, son similares estilísticamente a ejemplos de las tierras altas del norte de Guatemala, del occidente de El Salvador, y del centro de Chiapas, y son bastante diferentes de las de la Costa del Golfo y las de la Costa Sudeste del Pacífico (Awe, 1992; Cheetham, 1998).

Figura 15. Figurilla de la Fase Kanocha (1200-850 a.C.).

Figura 16. Figurilla de la Fase Kanocha (1200-850 a.C.).

Figura 17. Figurilla de la Fase Kanocha (1200-850 a.C.).

Figura 18. Figurilla de la Fase Kanocha (1200-850 a.C.).

La distribución de estos motivos indica que el programa iconográfico no fue maya en su origen sino más bien parte de un sistema simbólico panmesoamericano más amplio del Formativo Medio. Estos símbolos no son parte del Complejo Swasey del norte de Belice (Kosakowsky, 1987; Kosakowsky y Pring, 1998). Lo que es más, no forman parte de Jenny Creek ni de Barton Ramie, ni de Blackman Eddy, ni de Kanluk (Jenny Creek de Cahal Pech), ni de Mamom ni de Bolay. Cheetham (1998) cree que estos motivos panmesoamericanos fueron adoptados por la población maya residente en el valle. Si bien no rechazamos esta hipótesis, dejamos abierta la posibilidad de que los primeros colonos del valle (mayas u otros) hubieran llegado con estos conceptos iconográficos como parte de su bagaje cultural. Considerando la reaseveración anterior de Ball y Taschek y los posibles problemas con nuestra actual comprensión acerca de quiénes fueron en realidad estos primeros pobladores del valle, de dónde pudieron haber venido, o por cuáles grupos pudieron haberse visto influenciados, nos reservamos un juicio sobre las posibles explicaciones acerca del origen de las primeras cerámicas del valle, hasta tanto se relicen más análisis y excavaciones.

Los artefactos Kanocha incluyen lascas retocadas, raspadores, brocas, buriles, macronavajas, piedras para martillar, manos de cuarcita y granito, ollas tipo tecomate de piedra, piedra verde pulida, cuentas de concha con forma de disco, de mar y de agua dulce, agujas de hueso, anillos de hueso, espinas de raya, colgantes de piedra, ocarinas de cerámica, y figurillas cerámicas de molde. Desde el establecimiento de su asentamiento inicial, los habitantes del valle de principios del Formativo Medio estuvieron involucrados en el comercio de larga distancia. Las mercancías exóticas incluyen la piedra verde, la obsidiana, y las conchas marinas. La presencia de piedra verde de la fase Kanocha de Blackman Eddy y la fase Cunil de Cahal Pech (Awe, 1992), es uno de los usos más tempranos de la piedra verde en las tierras bajas mayas. Las conchas marinas son predominantemente Strombus, y se las encuentra en la costa caribeña. La presencia temprana y los orígenes diversos de estas mercancías exóticas implican que hacia los comienzos del primer milenio a.C. ya se había establecido un sistema extensivo de comercio e intercambio a larga distancia en las tierras bajas mayas.

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