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Excavaciones en el Sitio de Fundición de Cobre de El Manchón, Guerrero, México

Informe Final
El trabajo aquí descrito, que fue financiado por FAMSI, abordó uno de los vacíos más significativos de nuestra comprensión sobre la metalurgia basada en el cobre que se desarrolló en la antigua Mesoamérica. Hasta nuestras excavaciones en El Manchón, teníamos muy escasa evidencia arqueológica de la producción de metal fundición y procesamiento, y dónde se concentraban dichas actividades si bien poseemos amplia documentación sobre los métodos de fabricación, las aleaciones usadas (aleaciones de cobre-estaño, cobre-arsénico, bronce, y cobre-plata), las relaciones con Sudamérica, y el énfasis general suntuario de esta tecnología. El Manchón es uno de varios sitios de fundición de cobre que encontré en la cuenca del Balsas, en Guerrero, en un relevamiento practicado en 1997. El Manchón es por ahora el único sitio de fundición del que se tenga noticias en Mesoamérica. El sitio está situado a 1400 metros sobre el nivel del mar en la Sierra Madre del Sur, en Guerrero, y consiste en dos áreas habitacionales físicamente distintas, que se caracterizan por ser montículos largos, bajos y rectangulares que miden entre 12 y 22 m de largo, 2.5 m de ancho, y unos 2 m de altura. También hay una gran área de fundición entre estas dos áreas delimitadas por dos arroyos estacionales. El área de fundición está cubierta por una escoria de aspecto vidrioso, y restos de hornos que han sido perturbados. El sitio mismo se extiende aproximadamente a lo largo de 1 km, se ve interrumpido por profundas barrancas y arroyos, y está altamente erosionado.

Con el apoyo de FAMSI completamos una temporada de campo en el sitio, que ya ha sido discutida en el Informe provisorio. También construimos un campamento base rudimentario. Las investigaciones en el área de la fundición consistieron en la excavación completa y el mapeo de uno de los hornos. Recuperamos importantes volúmenes de escoria y numerosas muestras de mineral de cobre, además de algunos tepalcates. Este horno en particular se vio marcadamente perturbado por raíces de árboles, haciendo que la configuración original resultara casi imposible de determinar. También estudiamos varios de los montículos en las áreas de depósito/habitación y abrimos horizontalmente dos de ellas. Pudimos recuperar depósitos rituales de tepalcates (que parecen basurales) y recolectar algunas muestras de obsidiana y cuarzo de dentro de estos montículos, pero no encontramos una evidencia estructurada de actividades artesanales o domésticas (cocinar u otras). Asimismo no nos fue posible identificar agujeros para postes que pudieran haber sostenido alguna superestructura de madera o bahareque. Hasta el momento no hemos podido identificar definitivamente la función o el uso de estas largas estructuras rectangulares, pero tenemos planeado indagar en este tema durante la siguiente temporada de campo.
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Durante Junio del 2002 y Junio del 2003, emprendimos el análisis preliminar de la alfarería, así como del mineral de cobre y las escorias que recuperamos en el horno. Pudimos identificar platos, jarras, ollas poco profundas, una taza con base de pedestal, y numerosos fragmentos que pueden ser de incensarios o de grandes cucharones. Todos ellos se encuentran marcadamente erosionados, pero muchos consisten de elementos decorativos rojos sobre un slip blanco. La pintura roja se aplicó antes de la cocción. Nuestros estudios muestran que los minerales de cobre son malaquita y cuprita, asociados con óxido de hierro en una matriz de cuarzo. El trabajo experimental muestra que el mineral es autofundente, lo cual hace descender el punto de fundición del cobre. Nuestro trabajo en este aspecto de la tecnología de fundición continúa. Tenemos planeado hallar la obsidiana (las hay verdes, grises y negras) y someter algunas muestras de carbono a análisis (recolectamos aproximadamente 100 muestras). El resultado de éstos y otros estudios de laboratorio actualmente en curso, conjuntamente con excavaciones adicionales, amplificará nuestra interpretación de la tecnología de fundición empleada en este sitio.
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Comentarios
Este proyecto de investigación constituye un emprendimiento a largo plazo, en parte porque estamos trabajando en un área que es prácticamente desconocida desde el punto de vista arqueológico. La ubicación de El Manchón, al igual que los restos materiales (alfarería, arquitectura) sugieren que este no fue un sitio de producción de metales que se hallara bajo el dominio de ninguno de los grupos sociales contemporáneos, ya adecuadamente documentados (tarascos, matlatzincas, mexicas). Sí tenemos dos fechas preliminares que se agrupan alrededor del 1300 d.C., pero las mismas sólo deben considerarse como muy aproximadas. Todavía no conocemos las afiliaciones étnicas de los individuos que vivían en esta zona montañosa de Guerrero. Todos estos datos comenzarán a surgir en la medida en que continuemos con el análisis de la alfarería, con otras excavaciones y con los estudios comparativos. Tampoco sabemos dónde se procesaban los lingotes de cobre después de la fundición. Puede ser que los recuperemos en el mismo sitio de El Manchón, o alternativamente, en alguno de los varios sitios que se encuentran en las cercanías de El Manchón, donde al menos uno de ellos está caracterizado por arquitectura monumental. Las gentes del lugar informan que han recuperado anillos de cobre de ese sitio, y esta área puede resultar apropiada para explorar en trabajos futuros.
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