Imagen - Vasija de Cacao - K6706 © Justin Kerr FAMSI © 2005:
Karl Taube, Zachary Hruby y Luis Romero
 

Fuentes de Jadeíta y Antiguos Talleres: Un Reconocimiento Arqueológico en el Curso Superior del Río El Tambor, Guatemala

Composición y Distribución de los Sitios

La gama de técnicas de reducción de la piedra indicada por los artefactos de superficie parece ser bastante variada, aunque, sin embargo, apunta a la producción de un producto en particular: las hachas con forma de hachuelas. Las etapas de producción de estas hachas pueden dividirse en cuatro procesos básicos que abarcan desde la extracción del jade en bruto de sus distintas fuentes, la preparación de trozos y macrolascas en objetos sin labrar, la reducción bifacial de los objetos sin trabajar en preformas, hasta el picado de las preformas de hachas para que sean exportadas y pulidas en algún otro lugar. Esta descripción de la reducción del jade en el área de estudio del curso superior del río El Tambor, sigue siendo, en el mejor de los casos, un ejercicio preliminar basado en observaciones de artefactos de jade observados en el terreno. Inclusive, la extensión del tiempo durante el cual la producción tuvo lugar en estos sitios, tampoco es del todo conocida, puesto que no se ha realizado excavación alguna. La presencia generalizada de cerámicas del Clásico Tardío junto con los sobrantes de jade, sugieren que tales actividades fueron importantes en una fecha más tardía de la que se sospechaba en un principio.

Las fuentes de jade en el curso superior del Río El Tambor tomaron tres formas diferentes, que pueden tener implicaciones a la hora de entender la explotación en la antigüedad. Los guijarros de ríos y arroyos eran removidos de las cuencas aluvionales y tal vez inclusive de los mismos cursos de agua, pero la presencia de lascas de descortezado de trozos gastados por el río no parece ser un tipo de sobrante habitual en esta región montañosa. En cambio, la mayoría de los trozos grandes eran angulares y probablemente fueron extraidos de bloques de material en bruto. Grandes bloques y pedrones de jade fueron procurados en al menos dos diferentes tipos de afloramientos geológicos, ya sea de grandes afloramientos directamente asociados con la veta de jade, o de laderas montañosas erosionadas donde los bloques quedaron expuestos por la flojedad del suelo. En los bloques de jade expuestos, la corteza es mucho más gruesa que la del jade obtenido directamente de una veta, lo cual tiene implicaciones para las posteriores técnicas de reducción.

Según los abundantes sobrantes que se hallaron en los sitios de extracción y en los sitios de la primera etapa de reducción, las grandes lascas y trozos se retiraron de la fuente al menos de tres maneras diferentes. Las fallas y fisuras naturales en los afloramientos de jade probablemente fueron usadas como un medio para arrancar trozos considerables de jade. Estos trozos podían usarse para seguir reduciéndolos hasta obtener una preforma de hacha. Sin embargo, las fuentes que presentan fallas como éstas, tienden a producir jades con fracturas incipientes que podrían representar un obstáculo ante posteriores intentos de reducción. De hecho, la integridad interna del jade probablemente fuera el factor más importante a la hora de seleccionar un trozo de jade para la producción de hachas. La razón para ello es que dada la resistencia y dureza de la jadeíta, la producción de hachas de jade fue discutiblemente la más violenta y rigurosa de las tradiciones líticas mesoamericanas. La rotura de la piedra con fuego, la percusión con grandes mazas, la reducción bifacial, el picado, y finalmente el tallado y el pulido, requieren de una pieza homogénea de materia prima que no falle durante ninguna de estas etapas. De este modo, la elección de una pieza en blanco es extremadamente importante en términos del tiempo invertido, porque una falla que se produzca en cualquiera de estas etapas podía significar la pérdida de muchas horas de un trabajo físico muy desgastante y agotador. Las piezas de jade sin líneas de fallas eran deseables por esta razón, y una de las primeras fuentes de un material de este tipo podrían ser las flotaciones aluvionales, puesto que a través del proceso natural de frotación, las partes fracturadas y falladas a menudo se desprenden. Sin embargo, las grandes piedras de jade sin grietas también presentaban grandes dificultades para los antiguos trabajadores del jade (por ejemplo, véase la Figura 4, abajo). Esas grandes piedras requerían de ángulos de plataforma apropiados para retirar lascas de tamaños considerables y trozos de jade aptos para ser trabajados, y también una inmensas cantidad de fuerza, probablemente reforzada a través de algún gran martillo de jade. De acuerdo con las roturas curvas en algunas grandes trozos de jade, la rotura por calor extremo puede haber sido un método alterno para sacar grandes trozos de jadeíta, ya sea de grandes bloques angulares o de piedras desgastadas por el río, y de guijarros (véase Figura 5, abajo, para un ejemplo moderno).

Figura 4. Piedra de jadeíta, río La Palmilla, nótese la marcada corteza anaranjada que presenta la piedra.
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Figura 5. Jadeíta recientemente fracturada por el fuego para ser extraída por los prospectores, región de Río Hondo.
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Una vez lograda la lasca o el trozo, se lo reducía aún más con una maza de jade. La lasca o pieza en blanco era desbastada en sus bordes y se le daba una forma tosca por medio de la remoción de lascas de preparación con bordes pequeños. En esta etapa, los talladores controlaban que no hubiera impurezas o fallas en la piedra. Los trozos de jade de tamaño medio, demasiado pequeños para fabricar un hacha con forma de hachuela, son comunes en los sitios de canteras. Es probable que estos trozos se produzcan no sólo por medio de la reducción de grandes piedras de jade y guijarros, sino también durante las pruebas preliminares y la preparación de objetos en blanco.

Una vez que un objeto en blanco era manufacturado, se preparaba un margen bifacial del cual retirar lascas de reducción bifacial. El objetivo no era necesariamente hacer la pieza más delgada, sino mas bien producir un corte transversal lenticular extremadamente regular. Si una preforma no tenía una cara regular, obtenida por medio de la remoción de una hojuela que adelgazaba demasiado la pieza, el siguiente paso de ir picando el hacha hasta darle una superficie suave y redondeada, habría de resultar más arduo y hasta sin sentido. De este modo, muchas de las preformas halladas sobre la superficie de las áreas de producción habían sido descartadas, porque la cantidad de tiempo que hubiera llevado darle forma al hacha probablemente habría excedido la cantidad de tiempo necesaria para producir otra preforma de hacha, más viable. Según un breve estudio de duplicación que llevó a cabo Hruby, es probable que la reducción bifacial pueda haber sido efectuada con el uso de una maza de jade de tamaño mediano, o del tamaño de una mano. También es posible que se hubiera usado un yunque para remover bordes cuadrados especialmente dificultosos, pero todavía es necesario continuar con la experimentación.

Figura 19a. Antiguo yunque de jade de la región de Río Hondo.
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Figura 19b. Antiguo yunque de jade de la región de Río Hondo.
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Como sólo se halló un ejemplo de un hacha parcialmente picada en el curso superior del Río El Tambor, es probable que estos sitios montañosos tuvieran a su cargo principalmente sólo estas primeras etapas de la producción de hachas. La siguiente etapa de reducción podría describirse como una técnica de picado con un martillo duro, que habría requerido de un yunque de jadeíta para estabilizar el hacha. Primero, se ponía el hacha en el yunque, y luego, las deformidades residuales de la superficie, de la reducción bifacial, se picaban o martillaban hasta obtener una superficie lenticular lisa en el extremo proximal, y un corte transversal casi circular en el extremo distal del hacha. Esta forma de hachuela es altamente reminiscente de las hachas de jade del Formativo que usaban los olmecas. Si bien los yunques de jadeíta que se asemejan a los metates gruesos ya se conocen de sitios de reducción lítica en el área de Río Hondo, en el Valle del Motagua Medio, éstos todavía no han sido documentados en la región del curso superior del Río El Tambor (Figuras 19a y 19b, arriba). La existencia de yunques de jadeíta en el Valle del Río Motagua y las cantidades aparentemente más abundantes de hachas parcialmente picadas y pulidas, indican que las preformas de hachas preparadas por percusión eran el probable producto de exportación para los sitios montañosos. El picado y pulido parecen ser actividades realizadas por los trabajadores del jade, más avanzada la cadena de intercambio. También es importante destacar que no se halló evidencia de pulido, aserrado con sogas, o manufactura de cuentas en los sitios de la región del curso superior del Río El Tambor, en marcado contraste con los numerosos ejemplos que se conocen para Guaytán, la Vega de Cobán y otros sitios del Valle del Motagua Medio. Las lascas y los guijarros pueden haberse comercializado fuera de las montañas, pero según los datos actuales, allí no se observa la presencia de etapas posteriores de producción artesanal.

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