Imagen - Vasija de Cacao - K6706 © Justin Kerr FAMSI © 2006:
J. Kathryn Josserand y Nicholas A. Hopkins
 

Lenguaje Ritual Chol
Con Terrence Lee Folmar, Heidi Altman, Ausencio Cruz Guzmán, y Bernardo Pérez Martínez
©1996 J. Kathryn Josserand y Nicholas A. Hopkins

Historia y Relaciones Culturales

El cholán una vez ocupó la mayor parte del área de las tierras bajas, desde el río Grijalva en el oeste, hasta el río Motagua en el este, incluyendo a la mitad sur (fluvial) de la península de Yucatán, una distribución prácticamente idéntica a la de las inscripciones monumentales del Clásico Maya. Los centros urbanos de esta civilización fueron abandonados con la caída, hasta el momento no explicada, de los mayas del Clásico, alrededor del siglo diez. Una población considerable sobrevivió, aparentemente, en pequeños asentamientos agrícolas hasta el siglo dieciséis, cuando fueron diezmados por las enfermedades y otras consecuencias del colonialismo español.

A fines del siglo dieciséis, los asentamientos chol se encontraban ubicados junto al río Usumacinta y sus tributarios de las tierras bajas, desde el norte de Guatemala (Alta Verapaz, donde se hablaba el choltí, la lengua cholán del oriente), hasta la Costa del Golfo (Tabasco, donde la mayor parte de la población indígena era chontal y no chol) (Thompson 1938). A los choles se los llamaba con muchos nombres locales, entre ellos el de lacandón, nombre tomado del río Lacantún y más tarde aplicado a los inmigrantes yucatecos. Estos asentamientos chol de las tierras bajas resistieron tanto las incursiones de los españoles como la actividad misionera, y realizaron incursiones en las áreas montañosas ya pacificadas y controladas por la corona española. En consecuencia, fueron sometidos a 100 años de iniciativas militares (1590-1690) que conquistaron y reasentaron a los choles, área por área, comenzando por las áreas del Usumacinta inferior y el río Tulijá, para proceder río arriba en sucesivas campañas que concluyeron con la conquista de los mayas mopanes e itzáes, al este de los choles (de Vos 1980).

Las poblaciones choles que sobrevivieron al proceso de pacificación fueron reubicadas entre los indígenas mayas de las tierras altas, junto al borde de las tierras bajas conquistadas, que incluían a Palenque (fundado por Fray Pedro Lorenzo de la Nada para albergar a los choles nuevamente asentados), Tila, Tumbalá, y Bachajón, en Chiapas, y a Retalhuleu, en Guatemala. De éstas, las dos únicas poblaciones de choles que sobrevivieron hasta el siglo veinte son aquellas que fueron reasentadas en las zonas de Tila y Tumbalá. Los hablantes de chol quedaron asimilados, o en su defecto desaparecieron en todas las otras áreas, mientras que en Tila y Tumbalá comenzaron a diseminarse distintos dialectos chol. En tanto que el "chol de Palenque" está mencionado en la literatura, todas las evidencias indican que el idioma es el que utilizaron los inmigrantes de Tumbalá, y no se ha podido probar la existencia de un dialecto palencano diferente. Hacia fines del período Colonial, Salto de Agua fue fundado por los choles que habían colonizado al valle del río Tulijá de los pueblos de la región montañosa, principalmente Tumbalá.

John Lloyd Stephens, un explorador norteamericano que pasó por la zona de Tumbalá en 1840, destacó que los indios en ese lugar vivían en condiciones esencialmente aborígenes, con escasas muestras de influencia española (Stephens 1841). Pero hacia mediados del siglo diecinueve, los intereses alemanes y norteamericanos comenzaron a fundar plantaciones de café en los Altos de Chiapas, e incorporaron a los choles en un sistema de peonaje por deuda que reemplazó con eficacia la organización social tradicional fuera de los pueblos de Tila y Tumbalá. Este sistema de peonaje por deuda fue desapareciendo gradualmente después de la Revolución Mexicana de principios del siglo veinte, y los choles, con el tiempo y a través de la reforma agraria, se hicieron con el control de muchas plantaciones cafetaleras en la década de 1930, bajo la administración del presidente Lázaro Cárdenas (Villa Rojas 1969). Estas tierras se transformaron en la primer docena, aproximadamente, de ejidos choles (granjas colectivas sancionadas a nivel federal).

A pesar de su interés potencial para los estudios mayas, especialmente para las inscripciones jeroglíficas del período Clásico, el área chol fue dejada de lado por los proyectos antropológicos que tan prolijamente documentaron las culturas tzotzil y tzeltal inmediatamente al sur (Vogt 1969, 1976, 1994; McQuown y Pitt-Rivers 1970). El breve esbozo de la etnografía chol escrito para el Handbook of Middle American Indians (Villa Rojas 1969) solamente ocupó tres páginas, sin que prácticamente se citaran fuentes etnográficas modernas, situación que no se ha visto modificada (Hopkins 1995).

Hacia 1960, un nuevo e importante desarrollo tuvo lugar, cuando el gobierno federal autorizó la expansión de las poblaciones de las tierras altas hacia las áreas bajas de selva que habían quedado casi completamente despobladas desde el siglo diecisiete. El resultado fueron cientos de nuevos asentamientos, a medida que los grupos se fueron organizando y comenzaron a peticionar tierras bajo el sistema ejidal, y la expansión de la población llevó nuevamente a los choles a ocupar prácticamente la totalidad del territorio mexicano que habían ocupado sus ancestros antes del siglo dieciséis.

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