Imagen - Vasija de Cacao - K6706 © Justin Kerr FAMSI © 2006:
J. Kathryn Josserand y Nicholas A. Hopkins
 

Lenguaje Ritual Chol
Con Terrence Lee Folmar, Heidi Altman, Ausencio Cruz Guzmán, y Bernardo Pérez Martínez
©1996 J. Kathryn Josserand y Nicholas A. Hopkins

Los Asentamientos Choles

Los asentamientos urbanos más importantes ocupados por hablantes de chol están indicados en las cifras del censo que citamos más arriba: Tila, Tumbalá, Salto de Agua y Palenque; sin embargo, hasta cierto punto en ellos predominan las poblaciones ladinas (no indígenas). Palenque no sólo es un destino turístico de primer nivel por las ruinas del período Clásico que se encuentran en sus cercanías, sino también el centro de la industria ganadera de la llanura costera, y su población chol vive, en su mayor parte, fuera del casco urbano. Salto de Agua tiene una población ladina más reducida, y ha sido desde tiempo atrás un importante centro de comercio para los choles de las tierras bajas. Está estratégicamente situado sobre el río Tulijá en la línea que marca el comienzo de la meseta, y maneja el transporte por barco desde el Golfo, y por tren a través del Ferrocarril del Sudeste (que une Mérida con la ciudad de México). Tila es el más conservador de estos pueblos, tanto por su cultura ladina como por la indígena.

Tumbalá y Salto de Agua fueron centros de la industria cafetalera dominada por los extranjeros durante el siglo diecinueve, y por lo tanto han perdido muchas de sus instituciones tradicionales. Por ser el centro de un culto religioso que continúa con una tradición precolombina (Pérez Chacón 1988), Tila es al mismo tiempo el más urbano de los asentamientos choles y el más conservador, manteniendo las instituciones sociales y las costumbre que hace tiempo perdieron los demás centros (por ejemplo las fraternidades religiosas y las representaciones públicas simbólicas llamadas "danzas"). Tumbalá también conserva algo de estas instituciones (Meneses López 1986), pero ha sufrido una aculturación más intensa debido al trabajo de las modernas misiones católicas y protestantes.

La gran mayoría de los choles viven fuera de estos centros urbanos, en asentamientos agrícolas más pequeños. Los más antiguos entre ellos son los que se encuentran en los municipios de Tila, Tumbalá, y Sabanilla. La designación de estos asentamientos como colonias, refleja su status de satélite político y económico de los pueblos. Hay asentamientos agrícolas más recientes que son resultado de la reforma agraria bajo el sistema ejidal de ’granjas colectivas’. Los ejidos más antiguos también se encuentran en las regiones montañosas alrededor de Tila y Tumbalá, al igual que junto a las tierras adyacentes al valle del río Tulijá; muchos resultaron de la redistribución de las tierras con plantaciones cafetaleras que se encontraban en poder de extranjeros, hecho que se produjo después de la Revolución Mexicana. A partir aproximadamente de 1960, una nueva ola de ejidos llevó a los choles de las tierras altas a las tierras bajas selváticas que no estaban ocupadas más al este, y cientos de estas comunidades desde entonces han estado abriendo su propio espacio a distancias tan grandes como la frontera con Guatemala, y corriente arriba del río Usumacinta hasta la boca del río Lacantún.

Los asentamientos ejidales tienden a ser pequeños, por cuanto las leyes que rigen la reforma agraria especifican exactamente cuántos cabezas de familia tendrán derechos de tierra, para que luego el derecho hereditario quede restringido únicamente a un hijo; los hijos más jovenes que carecen de tierras son el factor más importante en la formación de nuevos ejidos. En consecuencia, estos nuevos asentamientos ejidales también tienden a ser peculiares, desde una óptica demográfica, porque son fundados por parejas de la nueva generación y en principio cuentan con pocos ancianos. Por la misma razón son socialmente innovadores, y es muy poco lo que sobrevive del estilo de vida tradicional en los ejidos de las tierras bajas. Por ejemplo, una gran mayoría se encuentra bajo el dominio de sectas protestantes, contrastando con el catolicismo bien atrincherado de las tierras altas; nombres bíblicos como Jerusalén y Babilonia son característicos de los ejidos protestantes, frente a los nombres de santos como Santa María y San Miguel, o los nombres de lugar choles (Tiemopá, Joloniel). Aunque la mayoría de los ejidos no tienen más que una iglesia, y muchas incluyen tanto grupos católicos como varios protestantes, por lo general es una iglesia la que predomina en la vida social del asentamiento.

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