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Lenguaje Ritual Chol
Con Terrence Lee Folmar, Heidi Altman, Ausencio Cruz Guzmán, y Bernardo Pérez Martínez
©1996 J. Kathryn Josserand y Nicholas A. Hopkins
El Calendario Ceremonial
Tila celebra una ronda de ceremonias religiosas de principal importancia que están ligadas al calendario cristiano, pero que retienen elementos de las creencias y prácticas precolombinas y coloniales. El calendario ritual comienza el 6 de enero, con nueve días de actividad ceremonial que terminan con el festival del Señor de Tila el día 15, organizado por los cuatro mayordomos principales, y que incluye misas, procesiones del Cristo Negro y otras imágenes del santuario, al igual que comidas rituales en las casas de los mayordomos. (Uno de los textos que registramos durante el trabajo de campo de 1995 en Tila, La Novena, es un relato de los acontecimientos durante los nueve días de actividades rituales que tienen lugar entre el 6 y el 15 de enero.)
El Carnaval se celebra desde el último fin de semana de Cuaresma hasta el Miércoles de Cenizas, y es la ocasión en que los nuevos funcionarios reemplazan a los nuevos en su cargo. También es la ocasión de las representaciones en público de los danzantes varones (los Hombres Negros versus las Marías) y de los combates rituales entre los Toros y los Jaguares (que simbolizan el choque entre las culturas hispana e indígena). Según lo que describe Pérez Chacón (1988), las actuaciones durante el Carnaval de Tila son similares a las del vecino pueblo tzeltal de Bachajón, más al norte, que fueran documentadas por Becquelin-Monod y Breton (1979). Las representaciones de Bachajón constituyen una confrontación que dura cinco días entre los funcionarios que representan al pueblo, por un lado, y los que representan a los indios salvajes de la selva (identificables como choles de las tierras bajas; Breton 1984: 147) por el otro. Los encuentros rituales incluyen "danzas" (ahkot en tzeltal) que proceden de eventos de discursos rituales (pat otan, saludos desde el corazón) hasta simulacros de combates, para terminar en una comida ritual. Estos eventos han sido interpretados como representaciones simbólicas de las oposiciones entre cultura y naturaleza, pueblo y selva, civilización y salvajismo (Becquelin-Monod y Breton 1979: 231).
Victoria Bricker ha interpretado los ciclos de danzas de los altos de Chiapas como registros o documentos históricos de conflictos étnicos ocurridos en el pasado (Bricker 1981: 129-154). Las "danzas" de Tila tienen en común con las ceremonias mayas precolombinas, algunos rasgos que mencionan Kurath y Marti (1964 passim) y Bricker (1989); están programadas calendáricamente, y centradas en dioses particulares, con ofrendas específicas; las ceremonias públicas presentan procesiones y formaciones de masas de la población (con gestos expresivos pero sin pasos y movimientos complicados), y se portan estandartes; se representan simulacros de combate entre fuerzas opuestas, y la música incluye flautas y tambores, al igual que música secular (no indígena). Un rasgo clave para las personificaciones de animales y deidades es el uso de máscaras y trajes.
La Fiesta de la Santa Cruz (del 1 al 4 de mayo) está centrada alrededor de la procesión ritual de la imagen del Señor de Tila desde la iglesia hasta la cueva donde reside su estalagmita, con la intercesión de los ancianos para trasladar las peticiones (véase el texto Santa Cruz, en el Apéndice II).
Corpus Christi, que por lo general cae en junio (el jueves después del Domingo de la Santísima Trinidad, el domingo que le sigue al Domingo de Pentecostés) es una importante feria comercial, cuando peregrinos provenientes de todo el sur de México y partes de Centroamérica llegan a venerar al Señor de Tila, el Cristo Negro, en sus dos apariciones como el Dios de la Cueva y al Cristo crucificado sobre el altar del santuario. Las calles de Tila se ven atestadas durante más de una semana, mientras que las peticiones que presentan los peregrinos son atendidas por los ancianos y los mayordomos.
La estación de lluvias comienza a intensificarse poco después de la feria de Corpus Christi, y el ciclo ceremonial queda interrumpido durante el verano, durante el período de lluvias más intensas. Todos Santos (del 30 de octubre al 3 de noviembre) es principalmente una celebración familiar, donde los altares en cada casa se preparan para recibir a los muertos de la familia. Entre las actividades rituales se cuentan las plegarias especiales y las ofrendas en los cementerios. (Otro texto que recogimos en Tila durante el trabajo de campo de 1995 tiene por nombre Todos Santos, un relato del comportamiento ritual asociado con este período). El año ceremonial finaliza con los festivales de la Virgen de Guadalupe (12 de diciembre) y más tarde Navidad, siendo ambos ocasiones relativamente menores en lo que a actividad ritual se refiere.
Cada una de las ceremonias del año ritual de Tila da lugar a una alocución ritual, como lo son las sesiones de planificación que preceden a cada ocasión, las entrevistas formales entre quienes se postulan para algún puesto y los mayordomos principales, y muchas otras situaciones. Mientras que ya se han publicado unos pocos ejemplos de plegarias (véase especialmente Pérez Chacón 1988), no sabemos de ningún registro amplio del discurso formal, si bien los ejemplos tzotziles (Cancian 1965: 223-224, Gossen 1974, Arias 1990) presentan dos versos pareados y oposición estructural.
Además de esta vida pública ceremonial, Tila, en su calidad de centro de actividad religiosa, también es rico en otros contextos menos públicos de habla formal. Los chamanes curanderos, las comadronas, y otros especialistas en rituales, tienen extensos repertorios de plegarias y alocuciones con propósitos específicos, algunos ejemplos de los cuales han sido reportados por Pérez Chacón (1988). Buena parte de este discurso ritual es aprendido, y los consejeros de rituales o maestros son un componente omnipresente en la vida pública de Tila.
Muchas actividades rituales se llevan a cabo de principio a fin en chol, y el análisis de los ejemplos publicados de lenguaje ritual muestran el inventario habitual de los elementos del habla formal hallados en otras lenguas mayas: coplas, artificios especiales para un primer plano, y un juego de frases retóricas y patrones de estructura de textos. Debido al sujeto de su tema, los textos rituales abundan en vocabularios de actos rituales, la colocación de ofrendas y el llamado a las dedidades, la creación de contratos para apoyar sus peticiones, y a solicitudes de ayuda sobrenatural para curar las almas.
El patrón de coplas usado en el discurso ritual también pone al descubierto oposiciones estructurales subyacentes y metáforas a las que no es posible acceder mediante el estudio ordinario de la lengua. La revisión sistemática de esta amplia gama de terminología relevante para lo ritual habrá de resultar productiva, puesto que podrá proporcionarnos un gran número de palabras y frases no corroboradas previamente con sus correspondientes categorías conceptuales de interés potencial para la interpretación de materiales del Clásico Maya. Pero ésta es una de las áreas más difíciles de investigar; la información básica sobre tales metáforas rara vez se presenta en el lenguaje cotidiano, y aún cuando se la pueda detectar en el discurso ritual, sus significados no siempre son claros, ni siquiera para los hablantes de la lengua. En última instancia, sus significados deberán derivarse de la comprensión amplia de la matriz cultural en que son usadas.
Por las razones que expresamos más arriba, la investigación en Tila debería proporcionar perspectivas sobre el lenguaje de la actividad ritual del Clásico Maya, y aunque el estudio piloto tuvo un alcance limitado, resultó bastante exitoso, y en la sección final de este informe se presentan algunas contribuciones preliminares para la comprensión de la cultura ritual chol y su vocabulario.
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