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William T. Sanders
 

Proyecto Tepetlaoztoc: Investigaciones Arqueológicas

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En agosto de 1995 Sanders regresó al Valle de Teotihuacán para visitar nuevamente algunos sitios del período Teotihuacán ubicados en sus partes media y alta, junto con algunos sitios que se encuentran en el área de Maquixco Alto. Durante la temporada del nuevo reconocimiento, se visitaron los siguientes sitios: TC-25, cerca de San Francisco Tlatica; TC-87-88-89 en el Rancho de Tlatilhuacan; TC-83, el gran centro provincial al este de Axapusco; TC-73, el el centro provincial ubicado en la ladera oriental inferior del Cerro Buena Vista; TC-40, el centro provincial ubicado en las adyacencias del Panteón de San Juan Teacalco; TC-46, el gran sitio de aldea al oeste de Maquixco Alto, y TC-44, un pequeño sitio que se encuentra en la cima del Cerro Tiquimil, que identificamos como una potencial comunidad minera especializada en el tezontle.

Los objetivos del nuevo reconocimiento de Sanders fueron los siguientes:

  1. Controlar los fechamientos de los pequeños montículos residenciales que se encontraron en TC-87, TC-25, y TC-46. En nuestro informe preliminar, que fue escrito en 1965, llegamos a la conclusión que toda la población rural del Valle de Teotihuacán, o parte de ella, residió en los tiempos de Teotihuacán, en grandes complejos de dimensiones elegantes similares a los de la ciudad. Sin embargo, una revisión más cuidadosa de los datos de nuestro reconocimiento, demuestra la existencia de una amplia variedad de montículos residenciales y, en consecuencia, de tamaños de las unidades de vivienda, y que una porción substancial de la población residía en unidades de vivienda sólo ligeramente más amplias que las aztecas, esto es, en unidades de familias nucleares o pequeñas unidades de familias más numerosas. Sanders visitó nuevamente los sitios mencionados más arriba para obtener una nueva impresión de campo acerca de la exactitud de los reconocimientos anteriores de dichos sitios con respecto al fechamiento de los montículos más pequeños.
  1. Verificar la naturaleza urbana de los grandes sitios, y muy particularmente para comprobar la observación de Marino según la cual algunos de los edificios del sitio estaban orientados en una cuadrícula similar a la de la ciudad. Él sugirió inclusive que TC-73 tenía una avenida central (que corría, sin embargo, de este a oeste), y que las estructuras ceremoniales y las residencias estaban alineadas a lo largo de esta avenida en una forma muy parecida a como se las encontraba en el sitio urbano de Teotihuacán.

Un problema importante en lo referente a la obtención de datos de campo en estos sitios, es la destrucción masiva que ha tenido lugar virtualmente en todos los sitios arqueológicos de la Cuenca de México en años recientes, y que ha sido consecuencia de varios procesos e innovaciones en la tecnología agrícola que ya han sido descritos en este informe.

Los dos procesos, el uso de tractores en áreas de suelos profundos y los arados de uñetas para recuperar áreas erosionadas, han arrasado con buena parte de la arquitectura de los sitios arqueológicos nuevamente visitados, entre ellos los pequeños montículos en TC-87, TC-25 y TC-46. Sin embargo, al examinarlos con detenimiento, Sanders pudo ubicar el sitio original de los montículos, y la alfarería que se observa en la superficie sugiere fuertemente un fechamiento de estos montículos para el período Teotihuacán.

El nuevo reconocimiento de los centros provinciales reforzó marcadamente nuestra evaluación inicial en cuanto a su naturaleza urbana y estatus político. Buena parte del área residencial de TC-40 ha sido intensamente arada, pero la totalidad de la arquitectura pública sobrevivió, aunque en las cimas de los montículos se han cavado pozos muy profundos y las áreas basales se han visto fuertemente erosionadas por el uso de maquinaria más pesada. En TC-73 el estado de preservación es mucho más satisfactorio, y el sitio se encuentra prácticamente intacto, incluyendo las partes residenciales de los sitios. TC-83 prácticamente no se ha visto afectado por los procesos que han tenido lugar de 1965 en adelante.

Por lo tanto, y de manera general, con el nuevo reconocimiento se pudieron resolver las preguntas iniciales, aunque el estado actual de la arqueología constituye un espectáculo deprimente. Por ejemplo, TC-46, el sitio de una gran aldea, ha sufrido alteraciones importantes en más del 80% de su superficie, entre ellas por el uso de arados de uñeta en las áreas de suelos delgados a fin de que fuera posible plantar nopal, y la construcción de terracerías masivas sobre la parte sudoriental del sitio y las áreas adyacentes que contenían el supuesto sistema de irrigación prehispánico. Por el contrario, el área que se encuentra inmediatamente arriba del camino Maquixco Alto–San Cayetano (en la ladera inferior sur del Cerro Tiquimil), ha quedado prácticamente intacta, aparentemente por tratarse de tierras propiedad de la Iglesia. Hasta los pisos que detectamos en el corte de la ruta en 1963 se encuentran intactos (véase Figura 8a, Figura 8b, Figura 8c, Figura 8d, Figura 9a, y Figura 9b).

Además del nuevo reconocimiento de los sitios del Valle de Teotihuacán efectuado en agosto de 1995, permanecí dos días en la región de Cuauhtitlán (superficie relevada por mí en 1974) y en la región de Temascalapa (relevada en 1975). Para realizar estos reconocimientos utilizamos fotos aéreas en base a vuelos a baja altura llevados a cabo a principios de la década de 1970, y mapas que a partir de éstas generó Cetenal. En el pedemonte norte y en la planicie aluvial inmediatamente adyacente de la Sierra de Guadalupe, el asentamiento prehispánico era muy marcado y variaba en sus fechas desde el Formativo Medio hasta el Azteca. Estimamos que en 1974 el 70% de esta área todavía constituía tierras agrícolas, y que no más de un 30% estaba fuertemente urbanizado (véase Figura 10). En estos sitios había numerosos montículos residenciales, particularmente en sitios de los períodos Azteca, Tolteca y Teotihuacán. Mi nuevo relevamiento de 1995–el período intermedio de sólo 20 años reveló que estos porcentajes se habían invertido–, y además los nuevos vuelos y los nuevos mapas que se publicaron en 1982, indican que este proceso de urbanización y consiguiente destrucción de los sitios había tenido lugar, en realidad, en menos de 10 años (véase Figura 11).

Al oeste del pueblo de Cuauhtitlán, el pedemonte consiste en una serie de lomadas casi paralelas y de laderas suaves que descienden de la Sierra de las Crucas. Tal vez en 1974 el 80% de esta área fuera susceptible de un reconocimiento, y nuestro relevamiento reveló cientos de sitios prehispánicos. Hoy en día, varias de estas lomadas están cubiertas por altos edificios de apartamentos.

Nuestro nuevo relevamiento de la región de Temascalapa–un área aislada y rural–fue casi igualmente deprimente. El propósito de mi nuevo relevamiento era completar nuestro registro fotográfico de varios sitios de los períodos Teotihuacán y Azteca que en 1975 contaban con arquitectura bien preservada. Todos estos restos han desaparecido, producto de la mecanización de la agricultura.

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