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Caves Branch Caves, Distrito de El Cayo, Belice.
Reporte Arqueológico de Campo
CONCLUSIONES
Si bien existen miles de cavernas en el área maya con restos de ocupación (McNatt, 1996), no son más de cincuenta en las que se han encontrado restos humanos producto de enterramientos o como consecuencia de prácticas rituales. Uno de los debates que en la actualidad se esta produciendo entre los especialistas en cuevas (Bonor, 1997; Helmke, 1999), es el de dilucidar si las cavernas han sido generalmente usadas por la élite, o por otros estamentos más bajos dentro de la escala social. Ya en anteriores trabajos, se había afirmado el carácter no-elitista de este sitio arqueológico (Bonor, 1995; Bonor y Martínez, 1996), afirmación que se ratifica ahora tras el estudio de los restos humanos.
Resulta claro que las evidencias de religión popular entre los antiguos mayas son bastante escasas. Y esto, por varios motivos entre los que destacan los abrumadores estudios que se centran en la élite dominante, como si esta fuera la mayoría de la población y, por otro lado, también hay que señalarlo, por las escasas evidencias arqueológicas que hasta la fecha han podido identificarse.
Sin embargo, nos resulta evidente que, frente a los grandes centros como Tikal, Palenque, Caracol o Calakmul (por mencionar algunos), hay numerosas áreas de asentamiento de tamaño reducido que debieron poseer, al igual que los centros anteriores, una estratificación social similar que carecía del poder, la influencia, la persuasión armada y los recursos existentes en las grandes ciudades.
Durante muchos años se ha manejado, y en cierta forma se sigue manejando hoy día, la idea de que numerosos conceptos de la ideología maya eran exclusivos de la élite gobernante y, por lo tanto, no estaban al alcance de las clases menos favorecidas. Claro está, que cuando hablamos de élite o élites gobernantes, nos referimos de forma exclusiva a ejemplos bien conocidos como pueden ser, entre otros, las dinastías gobernantes de las grandes ciudades anteriormente mencionadas. Es decir, la inmensa mayoría de los datos que tenemos en la actualidad para intentar reconstruir la religión y la ideología de los antiguos mayas (Bonor, 1989), proceden de los restos arqueológicos dejados por estas élites, por lo que la reconstrucción de la religión y la ideología a la que llegamos es parcial, al estar limitada a un único estrato social. Y al existir tan abismal diferencia entre las clases sociales, se llega a la evidente conclusión de que la práctica religiosa y el simbolismo que envuelve todo el ceremonial no puede estar, ni al alcance, ni dentro del conocimiento de las clases social y económicamente inferiores.
Y llegados a este punto, de lo que se trataría ahora es de ver sí las clases sociales alejadas de los comportamientos, usos y costumbres de las élites; es decir, aquéllos a quienes algún autor ha denominado como "humildes mayas", conocían, no solo la práctica del ritual manejado por éstas, sino también el significado del simbolismo y de los elementos iconográficos tradicionalmente emparejados con las clases socialmente más elevadas. Y aquí surge otro punto interesante, pues las cuevas han desempeñado un importante papel en el desarrollo de la religión maya, toda vez que éstas son consideradas como los lugares de origen de los distintos pueblos mesoamericanos. No obstante, es significativo que a pesar de su importancia, la religión practicada por la élite no ha descendido a las cavernas con la excepción de Naj Tunich. Sin embargo, las clases menos favorecidas, al no poder disponer de los recursos económicos suficientes para edificar suntuosos edificios en los que albergar a sus muertos, utilizaron diferentes lugares para hacerlo, bien cavernas, chultunes o unidades de habitación. Al no poder disponer de los artistas que materializaran en altares o estelas los conceptos básicos e indispensables de su ideología religiosa, tallaron en numerosas cuevas los grabados que iban, en alguna forma, a sustituir a los realizados en los grandes centros.
Lo que sí debe quedar claro, es que bajo ningún concepto, comulgamos con la demasiado típica asociación que, lamentablemente sigue existiendo, a la hora de relacionar las vajillas llamadas de lujo (material policromo) con las clases económica y socialmente más elevadas de la comunidad. Esto no es obstáculo para que si se vea una estrecha relación entre ese material de lujo y rituales específicos. Si el ritual es una forma de ponerse en contacto con dioses y espíritus, está claro que esos entes superiores no solo merecen, sino que a veces, exigen el ofrecimiento de estos materiales de alta calidad. Una vez más, esta circunstancia no es exclusiva del área maya, y la podemos constatar en otros entornos religiosos y culturales. ¿Se relacionaría con practicas elitistas la aparición, en una hipotética excavación dentro de 500 o 1000 años, de un cáliz de oro en una pequeña ermita? Seguramente sí.
Desde nuestro punto de vista, Caves Branch Rock Shelter (C.B.R.S.) demuestra que los conceptos religiosos mayas, tradicionalmente relacionados con las élites gobernantes, han sido adaptados por comunidades con menor poder político, religioso y económico. Es decir, la comunidad que vivía en el área de Caves Branch se aprovechó, no solo de esta cueva, sino de otras existentes en sus alrededores para poner de manifiesto su perfecto conocimiento de la ideología y de sus principios religiosos, adaptándolos a una forma más sencilla y por supuesto más doméstica.
Por lo que respecta a los restos humanos, en la Tabla 3 se han agrupado teniendo en cuenta el sexo y la edad de los mismos. Este perfil indica que Caves Branch Rock Shelter fue un lugar en el que se enterró por igual a hombres y a mujeres, así como a individuos de todas las edades. Debido a lo incompleto de los restos, no es posible afirmarlo categóricamente, pero del análisis de los mismos no se desprende ninguna indicación de muerte traumática producto de sacrificios, por lo que podemos concluir que C.B.R.S. fue usado por gentes comunes que vivían en las comunidades cercanas las cuales utilizaron el abrigo rocoso con la única intención "elitista" de enterrar a sus muertos en un espacio sagrado y ritual. Solo un individuo (Entierro 11) podría pertenecer a un status más elevado por la presencia de incrustaciones de hematita en sus dientes; sin embargo, y como ya se ha afirmado, la incrustación dental no es un indicador de alto status, toda vez que este tipo de modificaciones ha sido encontrado en varios contextos y ha sido utilizado, asi mismo, por ambos sexos.
Para finalizar habría que señalar que, en el sur de Belice, el Maya Mountains Archaeological Project (Peter Duhnam y Keith Prufer, comunicación personal, 1999), ha descubierto varios abrigos, de mayores dimensiones que C.B.R.S. que, en principio, comparten las mismas características en cuanto a numero de entierros, patrón y sistema de enterramiento. Es por ello que, a medida que se incrementan las investigaciones en estos lugares específicos, hay que resaltar el importante papel que los abrigos rocosos empiezan a desempeñar en el conocimiento integral de los aspectos funerarios de los antiguos mayas. Desde luego que es posible encontrar restos humanos en cuevas, pero estos van a ser, generalmente, hallazgos aislados o producto de enterramientos secundarios; pero nunca estas cavernas nos proporcionarán la enorme cantidad de entierros que es posible observar en los abrigos rocosos, ni dichos hallazgos nos permitirán establecer patrones de enterramiento claros y definidos como en el caso del abrigo rocoso de Caves Branch.
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