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Stephen D. Houston
 

Investigaciones en Piedras Negras, Guatemala: Temporada de Campo 1998

Entre las Montañas y El Mar: Investigaciones en Piedras Negras, Guatemala
Stephen D. Houston, Héctor Escobedo, Perry Hardin, Richard Terry, David Webster, Mark Child, Charles Golden, Kitty Emery, y David Stuart

Operaciones Realizadas en 1998

Una mano de obra más numerosa posibilitó que el proyecto abriera más excavaciones que en 1997, y a menudo hubo más de trece operaciones funcionando simultáneamente. Dieciséis nuevas operaciones siguieron la secuencia establecida el año pasado. Algunas operaciones anteriores se reabrieron, principalmente las Operaciones 1 y 11. La primera temporada se apoyó fuertemente en la realización de pozos de prueba a gran escala, una estrategia útil para un sitio tan grande y complejo como Piedras Negras. Durante la segunda temporada, el personal del proyecto redujo el número de los pozos de prueba, restringiéndolos a las áreas todavía inexploradas en los sectores N/O y G/K. (Los "sectores" toman su nombre de bloques de montículos contiguos y grupos de patio que aparecen designados con letras en el mapa del University Museum). Toda la tierra, excepto el escombro suelto, fue pasado por zarandas de 1/4 de pulgada. Nicholle Townsend hizo una flotación de las muestras de particular interés cultural -entierros, basurales, pisos- empleando un proceso de flotación húmeda desarrollado bajo la guía de la profesora Deborah Pearsall, de la Universidad de Missouri. Este material está siendo actualmente procesado por la Brigham Young University. La técnica también resultó útil para la extracción de material delicado, como ocurrió con una delgada aguja de hueso.

Casi todas las operaciones estuvieron divididas en dos tipos de excavaciones: arquitectura monumental y estructuras de pequeña escala y patios. Ambas implicaban mucho tiempo de trabajo. En Piedras Negras, la excavación de las estructuras monumentales requería de precauciones extraordinarias debido a la inestabilidad del escombro, lo que hacía necesario el uso de cascos protectores y apuntalamientos de madera.Varias operaciones, entre ellas una trinchera a través de la Plaza 2 de la Acrópolis (Operación 32), tuvieron que cancelarse por temor a la caída de rocas. Escobedo estuvo al frente de dichas operaciones con una investigación cuidadosa de la Pirámide O-13, una estructura que presentaba similitudes notables con el Templo de las Inscripciones, de Palenque (Macri, 1994). Mason había cavado la pirámide a principios de los años de 1930, dejando una profunda cavidad en su eje central y pilas de escombros sobre su escalera inferior. (Pasar por la zaranda los restos dejados por Mason permitió constatar su apuro y su indiferente supervisión, puesto que la tarea arrojó el horsteno ocasional excéntrico de una maltratada ofrenda ritual). La Pirámide O-13 ya había sido foco de estudios en 1997, cuando Escobedo y Tomás Barrientos, con algo de ayuda por parte de Houston, dejaron a la vista un entierro real que había sido reabierto y quemado pocos años después de su enterramiento (Barrientos et al., 1997; Houston et al., 1998: 18-19). Las excavaciones en O-13 tenían el objetivo de explorar el carácter mortuorio de la pirámide, jeroglíficamente mencionado en el Panel 3, y continuar con el excelente trabajo de Proskouriakoff en la reconstrucción de su secuencia constructiva.

Hacia mediados de la temporada, Escobedo, con la ayuda de Carlos Alvarado, había puesto en evidencia varios elementos importantes de O-13. En primer lugar la pirámide mostraba, en las áreas que no fueron perturbadas por Mason, un estado de preservación ejemplar. La escalera que sobresalía tenía casi todas sus hileras intactas, y las terrazas de arriba todavía mostraban evidencias de pisos de yeso. Lo que resultó todavía más sorprendente, la parte posterior de O-13 exhibía una cara continuada de mampostería de yeso pintada de rojo, con considerables modificaciones y agregados, junto con evidencia de entierros intrusivos (véase Figura 1). Pero fue el frente y el eje de O-13 los que revelaron la naturaleza del edificio. Escobedo retiró varias toneladas de escombro y dejó a la vista los contraescalones inferiores de la escalera, una balaustrada exterior (tal vez la base de una estela caída), y un pavimento de lajas. Las excavaciones hasta el lecho rocoso en la cavidad axial dejada por Mason no revelaron rastro alguno de un entierro, y Escobedo decidió cavar hacia el interior sobre el eje (véase arriba).

Casi de inmediato, los trabajadores dieron con uno de los cachés más grandes de las tierras bajas mayas, que consistía aproximadamente de 129 excéntricos (54 de horsteno, 75 de obsidiana, la mayoría en agrupamientos de nueve formas equivalentes), 1 esqueleto de pájaro, 1 recipiente con 8 cuentas de jade y 9 piritas (entremezcladas con un salpicado de jade, Spondylus y hematita), y una concha marina en espiral, todo ello puesto en un sepulcro previaemente preparado (Figura 2). La ofrenda ritual sin duda marcaba el eje de la pirámide. Basado en esta indicación, Escobedo comenzó un túnel, que finalmente hubo que abortar debido a la inestabilidad de la estructura. No podemos descontar la presencia de una tumba en el interior, aunque el túnel en realidad comenzó a llegar a un declive ascendente de arcilla esteril, que presumiblemente llevaba a la ladera de la montaña debajo de O-13. Probablemente nuestra suposición del año pasado fuera correcta: el Entierro 13, un rico enterramiento sobre el eje de O-13, ubicado debajo del pavimento de lajas pero con pruebas de un reingreso posterior, representara la tumba del Gobernante 4 de Piedras Negras. De ser así, los eventos registrados en el Panel 3 -enterramiento, seguido 24 años más tarde por la apertura de la tumba- se corresponden notablemente con nuestra "lectura" de este depósito. Parecería que la ofrenda ritual y al pavimento, que pasa por debajo de la etapa final de O-13, cobraron existencia en el 757 d.C. La última fase y el reingreso a la tumba pueden fecharse, si nuestro razonamiento es correcto, para el 782 d.C., en un ritual que estuvo bajo la supervisión del Gobernante 7. La conexión con el Gobernante 7 se ve reforzada por la presencia del cercano Altar 4, una gigantesca garra de jaguar de piedra apoyada sobre cuatro piedras. Es sabido que los escultores de este altar estuvieron activos durante el reinado del Gobernante 7, y el objeto en sí mismo podría haber sido mencionado en otro monumento de su reinado, el Trono 1. (Una versión anterior de este monumento puede estar mencionada en el Panel 1 de El Cayo, de la época del Gobernante 5). Escobedo terminó la temporada tratando de sondear la plataforma frontal de la Pirámide R-1, con los mismos resultados de un núcleo de escombros sueltos y múltiples estratos. Los niveles más antiguos probaron datar del Clásico Temprano.

En 1997, la Acrópolis, casi con certeza al palacio real de Piedras Negras, había comenzado a revelar sus secretos. La Plaza 3 mostró contener estructuras del Clásico Temprano con una orientación diferente de los edificios de la superficie (Golden, 1997: 95). En 1998 resolvimos excavar en muchos lugares dentro de la Acrópolis, puesto que estas investigaciones podrían dilucidar su historia constructiva y su complejidad funcional, lo que presumiblemente reflejaría los cambios en las actividades de la corte. A grandes rasgos, las excavaciones mostraron sin ambigüedades que la Acrópolis tenía importantes componentes del Clásico Temprano, entre ellos un componente enigmático y ritual en la Plaza 3: un afloramiento rocoso y un abismo al que se accedía por medio de escalones. No obstante, otros datos señalaban de manera apabullante que su construcción había tenido lugar en el Clásico Tardío. Se vio que la Plaza 1 tenía muchos estratos enterrados en la Estructura J-7 -que en realidad era una plataforma que permitía el acceso desde la Plaza 1 hasta la Plaza 2 via terrazas sobre la Pirámide J-4. Arriba de todo estaba el nivel de la superficie de J-7, luego venía un patio con varios episodios de aplicación de yeso, una terraza enterrada, y más abajo todavía, un agrupamiento de edificios que miraban a la Plaza 1 sobre sus lados este y norte. El trabajo hecho por el University Museum demostró que la Plaza 1 poseía un profundo patio que había sido rellenado hasta su nivel actual cuando los edificios debajo de J-7 fueron construidos. Abajo de todo había un nivel con material del Clásico Temprano, pero estaba tenuemente distribuído y encastrado en lo que parecía ser arcilla natural (Satterthwaite, 1954: 71). Las cerámicas de todos los depósitos subsecuentes databan del período Clásico Tardío (fases Yaxché a Chacalhaaz), con unos pocos artefactos de la transición Clásico Temprano/Clásico Tardío (Balché). Coincidentemente, las excavaciones en la secuencia J-7 demostraron que la Pirámide J-4, tan íntimamente asociada con el Gobernante 4 (que murió antes de 9.14.18.3.13, la fecha de ascensión al trono de su sucesor), fue construida después que estas plataformas. Si la Pirámide J-4 fuera verdaderamente su estructura mortuoria, entonces las plataformas debían ser anteriores a su muerte y al edificio de su pirámide mortuoria. La presencia de materiales Chacalhaaz en estos depósitos sugiere fuertemente que el ceramista George Holley ubicó el comienzo de Chacalhaaz con unos diez a veinte años de atraso (Holley, 1983: 155-156).

Una observación epigráfica pone el final de la Acrópolis – y de Piedras Negras – en una perspectiva más afinada. Junto con Dos Pilas y otros pocos sitios, Piedras Negras podría tener información altamente específica relacionada con su colapso. El Dintel 10 de Yaxchilán, un monumento toscamente planteado y el último conocido de ese centro, se refiere a un importante cautivo de K’inich Tatub Hol, el último gobernante de Yaxchilán. El nombre del cautivo se asemeja mucho al del Gobernante 7 de Piedras Negras, también último gobernante de su sitio (Figura 3). Lo que hace que este patrón vaya más allá de la pura coincidencia son las fechas y signos de destrucción sistemática en la Acrópolis. La referencia de Yaxchilán es, en el 808 d.C., la última relacionada con el Gobernante 7 – la última mención de Piedras Negras se produce en el 795 d.C. Más aún, el Trono 1, un importante monumento del reinado del Gobernante 7, fue destruído con violencia, y la Estructura J-12 resultó intensamente quemada. Hace mucho tiempo, Satterthwaite atribuyó esos daños a luchas de clases (Satterthwaite, 1935: 11-12). ¿Pero toda esa violencia no podría en todo caso haber sido el resultado de un ataque de Yaxchilán? No obstante, sería ingenuo considerar el colapso del lugar únicamente en términos de batallas ganadas. El hecho que tanto Yaxchilán como Piedras Negras fueran abandonadas con pocos años de diferencia entre una y otra podría no tanto estar reflejando los resultados de una guerra sino más bien una debilitación más generalizada, que posibilitó que dicha guerra tuviera lugar.

La Acrópolis plantea otra cuestión: ¿dónde vivieron los gobernantes del Clásico Temprano? ¿Dónde se encontraban sus palacios? Un candidato importante hizo su aparición debajo de la Plaza del Grupo Oeste. Durante los pozos de prueba, Lilian Garrido encontró al menos dos estructuras, enfrentadas por el sur al menos por dos sucesivas escalinatas monumentales. Fechadas para el período Clásico Temprano, estas estructuras habían sido sistemáticamente niveladas y sus superestructuras arrojadas, después de la demolición, en las áreas alrededor de los edificios. Por estos medios los mayas de Piedras Negras llegaron al nivel actual de la Plaza del Grupo Oeste. Las bases de las estructuras fueron delicadamente enlucidas, con evidencia de varias entradas o escalinatas de acceso. Más aún, la planta de los edificios respetaba la misma orientación y eje general que la Plaza 1 de la Acrópolis. Es difícil no considerar la idea de que los edificios constituyeron un palacio más antiguo y pequeño de forma más abierta y accesible. A su vez, la Plaza 1 representaba un intento por acentuar un encierro marcado y una exclusividad espacial, un patrón que también se encuentra en edificios comparables en Uaxactún (Proskouriakoff, 1963: 111-129). Durante la próxima temporada esperamos despejar las partes superiores de estas estructuras truncadas para establecer más precisamente sus fechas y secuencias internas. Con toda claridad, a fines del Clásico Temprano los mayas eligieron reconfigurar, a través de un esfuerzo gigantesco, las vías procesionales hacia la Acrópolis. Aparentemente, pasó de ser una colina natural con estructuras en su cima, a un complejo con una apariencia enteramente artificial. Este esfuerzo recreó por completo la forma urbana de Piedras Negras dándole un aspecto monumental, incluyendo el Juego de Pelota 2 y etapas posteriores de la Pirámide K-5 (Coe, 1959: 152), integrando edificios aislados, y entrelazando las partes norte y sur del sitio.

Para su tesis de doctorado, Child además investigó los afamados baños de vapor de Piedras Negras, un elemento que ya era conocido en otros lugares pero que resultaba relativamente raro fuera de la cuenca del Usumacinta. (Hay un ejemplo inédito de Yaxchilán que se equipara con los de Piedras Negras). Child se concentró en los baños de vapor de P-7, S-2, S-4, y S-19, mayormente dispuestos alrededor de un área planeada orientada hacia el Grupo S. Urquizú mostró que el grupo contenía albañilería de alta calidad y que casi con certeza servía de residencia a los nobles o a la realeza menor. En todos los casos, puede verse que los baños de vapor tenían al menos dos fases de construcción. En primer lugar, los edificios más antiguos con contextos sellados databan del período Naba (R-13), Naba tardío/Balché Temprano (P-7), Yaxché (S-4 y S-2 en secuencia), y Chacalhaaz temprano (S-19). El advenimiento de este tipo de estructura plantea muchas preguntas, ninguna de las cuales puede responderse por el momento. ¿Representan un nuevo culto de purificación? ¿Reemplazan simplemente versiones perecederas hasta el momento no detectadas? ¿El número de ellas puede ser atribuíble a diferentes tratamientos o enfermedades? ¿O corresponden a las necesidades de distintos linajes de nobles, una conjetura que tal vez pudiera verse apoyada por la variación de fechas? Cualquiera que haya sido su uso preciso, sirvieron como cámaras eficientes e ingeniosas. P-7 mostró tener una cisterna sobre su cuarto de vapor, en la que se juntaba agua de lluvia para bañarse. La reconstrucción de P-7 le permitió a Child llevar piedras calientes a su rejuvenecida caja de fuego. Al salpicarlas con agua, las rocas generaron un calor que se volvió casi insoportable en cosa de minutos, particularmente cuando los bañistas (imprudentes) se ubicaban sobre las banquetas dentro de la cámara.

Otro foco crucial del proyecto Piedras Negras fueron las residencias en pequeña escala, que por lo general reciben poca o ninguna atención por parte de los eruditos en las tierras bajas mayas del occidente. Mientras trabajaba alrededor de la Estructura R-20, Nancy Monterroso encontró un depósito sin precedentes: un cementerio maya del Clásico Tardío (Figura 4). La limpieza inicial dejó a la vista siete entierros (tres infantes, dos niños, 1 varón adulto, 1 mujer adulta), todos con la misma orientación general norte-sur. Dentro de R-20 se halló un entierro (#45) también con la misma orientación, pero con restos mucho más ricos. El Entierro 45, de un varón adulto, se hallaba dentro de una cista cubierto por losas de un metro de largo. Los nichos al costado contenían platos polícromos, algunos blasonados con una fórmula glífica peculiar de signos de día y otros sufijos que resultan únicos en Piedras Negras (por ejemplo, ‘Imix’-zo/‘Winik’-mi//K’IN-ni/‘Chuwen’-zo//K’IN-ni/"Imix’-zo//‘Imix’-zo/chi-ni, o alguna variante de ellos). Podría ser probable que estos entierros poseyeran una relación de familia, y que el Entierro 45 alojara al fundador de un linaje, una posibilidad que deberá ser estudiada en el futuro con nuevos análisis. No lejos de allí, Christian Wells emprendió las primeras excavaciones de despeje dentro de Piedras Negras, en un área de asentamiento concentrado entre el arroyo y la Plaza del Grupo Sur. Entre los hallazgos hubo una densa concentración de lascas de obsidiana, raspadores de astas de venado, y evidencia adicional de un entierro ancestral en una pequeña plataforma al este. En esta área se hicieron minuciosas pruebas de suelo, que estuvieron a cargo de Harin, Parell, y Terri, y que mostraron patrones sorprendentes de una elevada concentración de fósforo sobre el borde de la plataforma, que puede haber servido como basural o como un lugar de trabajo de fácil limpieza (Figura 5). Nicholle Townsend llevó a cabo una excavación a pequeña escala conjuntamente con la toma de muestras de suelo por Hardin y Parnell, al noreste de Piedras Negras en el sendero que lleva a México (Operación 38).Se encontraron bajos niveles de fosfato en el entorno (<3 mg/kg), en lo que se sospecha fueron antiguos campos de cultivo, en comparación con las elevadas concentraciones de fosfato en los probables suelos de patios adyacentes a los montículos de casas (Figura 6).

Nuestros procedimientos para determinar el fosfato de los suelos merece una revisión detallada, puesto que tales actividades muy rara vez se emprenden en condiciones de campo difíciles. Hardin y Parnell emplearon un laboratorio de campo adaptado del kit Hach de pruebas de suelo. La solución de extracción fue la Mehlich II, consistente en 0.2 M CH3COOH + 0.015 M NH4F + 0.2 M NH4CL + 0.012 M HCL.  Se colocaron dos gramos de tierra secada con aire y tamizada en una pote de 50 ml. Se sujetaron seis de estos potes a un tablero que facilitó le preparación y el agitado simultáneo de varias muestras. A estas muestras les agregamos 20 ml del extractor Mehlich II, que agitamos durante cinco minutos. Después del filtrado, el filtrante fue recogido en potes limpios de 50 ml. Se pasaron cinco ml del extracto a un tubo de ensayo, se lo diluyó a 10 ml, y se lo aumentó con los contenidos de una almohadilla de polvo PhosVer 3. Las muestras, agitadas a mano durante un minuto, reposaron luego durante cuatro minutos, lo que dio como resultado un buen desarrollo de color. Un espectrofotómetro Hach DR 700 determinó el fosfato a una longitud de onda de 880 nm. Usando una curva común, a continuación convertimos el porcentaje de transmisión a mg/L. Se utilizaron factores apropiados de dilución para convertir los valores de concentración a mg de suelo P/kg.

Los pozos de prueba de Arredondo y Aguirre aumentaron considerablemente nuestro número de entierros, llevando el total actual a cuarenta y seis. En el sector N/O, Arredondo también halló un depósito especial y extraordinario de cerámicas finas en una lente de cenizas (Operación 24b). En 1997, Golden encontró debajo de J-20 un depósito similar que databa del Clásico Temprano, y Wells descubrió una lente ligeramente posterior de material fino y quemado debajo de F-2. Todos estos hallazgos parecerían estar involucrados con rituales de terminación, aunque en forma no tan obvia en el caso de Arredondo: la lente yacía entre dos edificios bajos que sólo eran ligeramente visibles en la superficie. La calidad de este material era asombrosa: muchas figurillas, entre ellas probables retratos, ocarinas y una flauta polifónica de tres cámaras (un soplido de aire a través de la boquilla unida, emitiría tres notas, un ejemplo inusual de acorde en la música del Clásico Maya); cerámicas incisas con referencias al Gobernante 2 (ascensión al trono 639 d.C., muerte 686 d.C., Figura 7). Parece plausible que este material proviniera no de los edificios públicos de alrededor, sino de la Acrópolis. Por qué apareció en la Operación 24b continúa siendo un misterio.

El relevamiento del sitio, realizado por la Pennsylvania State con los debidos permisos y supervisión para el proyecto, superaron ampliamente los resultados de la temporada 1997. Como ya ha sido mencionado, Kirker y Kovak hallaron ochenta y cuatro grupos distintos de montículos o plataformas dentro de sus respectivos cuadrángulos de estudio (Figura 8). La topografía determinó la densidad con toda claridad: las suaves laderas invitaban al asentamiento, el terreno escarpado lo desalentaba, un modelo bastante distinto del que se encontraba en los alrededores de La Pasadita, donde las estructuras en la cima de las mesetas eran abundantes. Según los estudios preliminares, casi todos los sitios datan de las fases Yaxché y Chacalhaaz – firmemente en el período Clásico Tardío, y evidencia adicional de una explosión demográfica en ese momento. En una excavación más intensiva a cargo de Webster y Kovak surgió una cronología mucho más profunda, que fue desde Balché hasta los finales de Chacalhaaz, más de 200 años de ocupación. Ese sitio puede ser anómalo, por su posición bloqueando una de las pocas rutas de acceso a Piedras Negras. Una gran cantidad de puntas de horsteno plausiblemente marcan su función como puesto de guardia. Otro descubrimiento ocurrido durante el relevamiento podría explicar el nombre de Piedras Negras, y-okib (yo-ki-bi), un término arcaico para "entrada" (textos posteriores emplean un fonograma con el elemento 'cueva'). Cerca de la excavación de Webster/Kovak hay una elevación, también con un grupo de montículos, que conduce por una estrecha garganta a un cenote seco de unos 200 m de ancho y 200 m de profundidad, hasta donde sabemos el más grande que se haya encontrado en Guatemala; directamente al oeste había otro cenote menos profundo. Los primeros intentos de exploración se vieron obstaculizados por la pronunciada caída. Pero parece probable que estos elementos intrigaran a los mayas, al punto de haberlos utilizado para denominar el sitio en que vivían.

En cuanto al material faunístico de estas excavaciones, el conjunto de Piedras Negras consta hasta el momento de más de 2000 especímenes de hueso y concha. Ambos materiales están bien preservados y son bastante ubicuos por todo el sitio. Los análisis zooarqueológicos de restos de más de 150 localizaciones en más de 20 unidades habitacionales revelaron una diversidad taxonómica bastante alta (con 42 especies representadas), particularmente en áreas donde la tierra había sido tamizada y flotada. En general, las especies más comunes fueron el ciervo de cola blanca, los moluscos de río, y las tortugas blancas. La mayor parte de los restos correspondieron a mamíferos (67%), en tanto que los moluscos (10%, fundamentalmente caracoles de río) y los reptiles (9%) también fueron abundantes. A pesar de su rareza en otros sitios arqueológicos, los huesos de pescado aparecieron con frecuencia, tal vez como reflejo de la antigua dieta, de la proximidad con el río, y lo que es más importante, de las condiciones favorables de preservación en Piedras Negras. (Para citar un ejemplo, dos pectorales de bagre de río que acompañaban a púas de rayas fueron modelados en forma de aparentes sangradores [Entierro 28]). También se hallaron en el sitio restos de animales transformados en artefactos, que representaron un 17% de los huesos y conchas identificados. Menos del 2% de los materiales de Piedras Negras fueron de carácter exótico, indicando una marcada tendencia a la explotación de los recursos locales.

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