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El Largo y Sinuoso Camino:
Sacbé Maya Regional, Península de Yucatán, México
El Proyecto de Investigación
Esta investigación arqueológica plantea la existencia de un camino que recorre toda la península y que se extendería aproximadamente 300 km, con su inicio en la antigua ciudad de Tihó (donde hoy en día se levanta la moderna Mérida) y extendiéndose hacia la costa este hasta llegar a Puerto Morelos, Quintana Roo, o a sus cercanías (véase Figura 1).

Esta hipótesis se basa en una combinación de informes históricos tales como los documentos españoles, los mapas, los datos arqueológicos directos, y las investigaciones etnográficas recientes (Fedick, Reid y Mathews, 1995; Mathews, 1998). Hay un rico conjunto de fuentes de las que es posible extraer información sobre los sistemas de caminos en la región maya, puesto que éstos han sido un foco de interés para los forasteros a lo largo de muchos siglos. Desde los tiempos de los conquistadores españoles hasta llegar a los arqueólogos contemporáneos, continuamos maravillándonos por los logros arquitectónicos y la intrincada organización que representan los antiguos caminos mayas. Aparte de ejemplificar la comunicación directa entre sitios de centros, los sistemas da caminos también sirvieron como rutas para procesiones y peregrinajes. Hoy en día, estos caminos son usados para reconstruir los antiguos sistemas políticos y económicos, la escala concreta de las comunicaciones, y las representaciones simbólicas de la visión del mundo y la cosmología (véase por ejemplo, Fedick et al., 1995:129; Folan, 1983; 1991; Freidel y Sabloff, 1984; Hyslop, 1984; Keller, 1996; Kurjack y Andrews V, 1976; Ringle, 1993; Trombold, 1991; Villa Rojas, 1934:208). Combinados, estos factores claramente ponen en evidencia la importancia de delinear un sistema regional de caminos para conectar las esferas de interacción en la península de Yucatán.
Los informes de los siglos dieciséis y diecisiete establecen que los cronistas españoles sabían de la existencia de antiguos caminos que unían las ciudades del norte de la península de Yucatán (véase una traducción en Tozzer, 1941). En 1688, Diego López Cogolludo declaró, "hay restos de carreteras pavimentadas que atraviesan todo este reino y dicen que terminaban en el este a orillas del mar
para que puedan llegar a Cozumel a cumplir sus promesas, ofrecer sus sacrificios, pedir ayuda para sus necesidades, y para la equivocada adoración de sus falsos dioses" (en Tozzer, 1941:109). Además del relato de Cogolludo, Diego de Landa también señaló que había un segmento de camino que unía a la antigua ciudad de Tihó con las ruinas de Izamal, un sitio que está ubicado a unos 65 kilómetros hacia el este. Es interesante notar que a lo largo de esta misma ruta de oriente, ha sido documentado un segmento de sacbé de treinta y dos kilómetros de largo que va del sitio de Izamal a Aké (Roys y Shook, 1966:43-45; Maldonado, 1979a; 1979b; 1995). La posibilidad de que esta calzada continuara todavía más hacia el este, se ve reforzada por la información proporcionada por uno de los primeros arqueólogos mayistas, Désiré Charnay. En 1883, Charnay señaló que, "también hemos encontrado rastros de un camino de cemento, desde Izamal hasta el mar, enfrente de la isla de Cozumel" (Charnay, 1883:308).
Mapas más recientes de Yucatán de mediados del siglo veinte también han indicado la existencia de un camino maya que termina en la costa este, cerca de Puerto Morelos. Por ejemplo, Victor Von Hagen (1960) incluyó un sistema de caminos que corría de Tihó a Izamal, y de ahí continuaba hasta la costa oriental al norte de Cozumel. Además, hay un mapa de Erwin Raisz de esta misma sección de la costa este, en el que se señala una "Calzada Maya" que se extiende desde Puerto Morelos, unos 48 kilómetros tierra adentro (Raisz, 1959; véase Figura 2, abajo). Por otro lado, el geólogo A.W. Weidie ha reportado que mientras se hallaba realizando su trabajo geológico de campo a principios de la década de 1960, algunos de los residentes del lugar lo llevaron por una vía férrea abandonada de trocha angosta que se había usado para el transporte de chicle, y que estaba situada unos 20 kilómetros tierra adentro desde Puerto Morelos. Los informantes le dijeron que los rieles habían sido tendidos sobre el piso elevado de un antiguo camino, que aparentemente era la misma ruta que Erwin Raisz había marcado como la Calzada Maya en su mapa de 1959 (Scott Fedick, arqueólogo, comunicación personal, 1995).


En 1995, miembros del Proyecto Regional Yalahau de Ecología Humana fueron los primeros en encontrar una sección de terraplén de piedra elevado aproximadamente a dieciséis kilómetros de la intersección con la carretera de Puerto Morelos. Durante una temporada posterior, en 1997, ubicamos otros segmentos muy bien preservados cerca de Kilómetro 9 (Figura 3). Creemos que se trata del mismo camino que vio Weidie en la década de 1960, y que Erwin Raisz señaló en su mapa de 1959 (Fedick, et al., 1995). A lo largo de algunas secciones de este piso del camino claramente se habían hecho modificaciones históricas, como por ejemplo el tendido de una serie de durmientes en el centro del camino y sobre una cama de grava, que a su vez fueron tendidos sobre un lecho de camino preexistente y más ancho. Según los informantes locales, este ferrocarril fue usado por la industria del chicle, y se dirigía hacia el noroeste, hacia lo que hoy es el moderno pueblo de Leona Vicario (Severiano Martínez-Canti, informante, comunicación personal, 1997). Tal vez algunos observadores podrían argumentar que los caminos fueron construidos en su totalidad por las compañías chicleras, aunque un cúmulo considerable de evidencia indica lo contrario. Las fuentes etnográficas confirman que en otros lugares, como por ejemplo la plantación de henequén de Aké, en Yucatán, las vías férreas se habían tendido encima de antiguos sacbeob mayas (Robert Patch, historiador, comunicación personal, 1995). Además, los líneas férreas históricas que observó Scott Fedick en la Reserva Ecológica El Edén, en Quintana Roo, no fueron construidas sobre antiguas carreteras sino que por el contrario fueron tendidas sobre una cama de rocas con el ancho estrictamente necesario para darle cabida a los rieles. Ello indica que la amplia carretera observada cerca de Puerto Morelos puede no ser una construcción reciente, sino una integración eficiente, por parte de las compañías chicleras, de los materiales que ya existían en el lugar (Fedick et al., 1995).
Otra evidencia de que esta calzada no es en su totalidad de origen histórico, está dada por secciones de camino cerca de Puerto Morelos que no están asociadas con la línea férrea. Como se dijo anteriormente, la línea férrea está documentada como una ramificación de su sendero occidental que se dirige al noroeste, hacia Leona Vicario. Nosotros creemos que la antigua calzada probablemente continuaba su ruta hacia el oeste. Aunque fue difícil de rastrear, durante la temporada 1997 logramos dar con una sección del camino que no presentaba evidencia alguna de rieles o durmientes, y en cuyo centro crecía un inmenso árbol de chico zapote. Este hecho fue significativo porque según los residentes del lugar, la línea férrea estuvo en uso hasta la década de 1970. El árbol tiene un diámetro de 2.35 m en la base de su tronco, y una altura aproximada de 20 m. De acuerdo con botánicos que están trabajando en Yucatán, el diámetro y tamaño de este árbol indica que ha estado creciendo durante al menos 70 u 80 años (Gillian Schultz, botánico, comunicación personal, 1997). Los chicleros del lugar estiman que el árbol puede tener una edad de 150 años (Severiano Canti, informante, comunicación personal, 1997). De todos modos, si la línea férrea estuvo en uso hasta hace unas pocas décadas, no pudo haber estado en esta sección de piso del camino, lo cual nuevamente vendría a indicar que fue construida previo al desarrollo de la industria chiclera regional, a principios de la década de 1900.
Durante los veranos de 1995 y 1997 hicimos cortas temporadas de investigación en un intento por establecer el argumento de que éste es, de hecho, un sistema prehistórico de caminos. La temporada de campo 1999 (financiada por FAMSI) trató de avanzar sobre esa información por medio del uso de un diseño de investigación que incluía varios componentes: investigación en archivos, entrevistas etnográficas, relevamientos y mapeos, y excavaciones.

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