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Análisis y Conservación de una Figurilla de Madera Recuperada en la Cueva de Xmuqlebal Xheton, en el sur de Belice, C.A.
El Medio
Las Montañas Mayas al sur de Belice constituyen una de las últimas regiones del área maya que aún están por explorar (Figura 1). Es la única cadena montañosa prominente de las tierras bajas, tiene las mayores precipitaciones fluviales y las temperaturas más bajas. En su mayor parte es un macizo de carbonato que cubre formaciones ígneos más antiguas, y la región alberga una variedad de recursos biológicos y minerales que no existen en ninguna otra parte de las tierras bajas. Si bien la región del interior de las montañas estaba prácticamente desocupada cuando se produjo el contacto español, se sabe desde hace mucho que en sus estribaciones se encontraban varias ruinas importantes, entre ellas Lubaantun, Nimli Punit, y Pusilhá (Gann 1925; Hammond 1970; Leventhal 1990, Wanyerka 1996). Sin embargo, a pesar de la importancia de la historia de estos sitios cercanos y de la alta probabilidad de que hubiera otros sitios en el interior, las Montañas Mayas hasta no hace mucho no fueron objeto más que de una atención relativamente escasa por parte de los prehistoriadores (Dunham y Prufer 1998; Prufer y Wanyerka 2001).
Actualmente, la región del interior es un vasto territorio despoblado. Su terreno extremadamente escarpado dificulta el acceso. Hasta hace pocos años, en la década de 1980, se pensaba que la región había estado escasamente poblada y que había revestido poca importancia dentro del dinámico crecimiento de las organizaciones de estado del Período Clásico en el área maya. Desde 1992, se han investigado en total 16 comunidades precolombinas de las que no había documentación alguna hasta ese momento, y el Proyecto Arqueológico Montañas Mayas (MMAP, Maya Mountains Archaeological Project) bajo la dirección de Peter Dunham, junto con el Proyecto Cuevas Rituales de las Montañas Mayas (MMRCP, Maya Mountains Ritual Caves Project) dirigido por Keith M. Prufer, estudiaron más de 100 sitios de cuevas.
Las ruinas se encuentran distribuídas en una amplia variedad de accidentes geográficos y tipos de selvas, y tal parece que su espaciamiento es el más indicado para obtener el máximo provecho de los recursos locales. Con variantes menores, en la distribución de estos sitios se han identificado dos tipos generalizados de patrones de asentamiento: los asentamientos nucleados localizados en valles aluviales próximos a arroyos que tienen agua todo el año, y los asentamientos ubicados en la cima de los cerros, donde los grupos arquitectónicos aparecen distribuídos por las crestas de las colinas bajas, con el núcleo de sus sitios ubicados generalmente en lo alto de la colina más prominente.
Desde 1996, la atención se ha focalizado en las investigaciones intensivas de dos centros menores cerca de las nacientes del Monkey River en la reserva de Bladen Forest. Ambos sitios, Muklebal Tzul y Ek Xux, están literalmente rodeados de cuevas. En los cerros que rodean el asentamiento de estos dos sitios, se han investigado 56 cuevas en total (Prufer 2001). La figurilla fue encontrada en una cueva próxima al extremo noroccidental del valle de Muklebal Tzul.
En las tierras bajas mayas, la recuperación de artefactos de madera no es habitual. Sin embargo, en la región sí se han recuperado otros objetos creados a partir de la madera. En 1995 se encontró una pequeña banca de madera en una cueva mortuoria 25 km al norte del sitio de Pusilhá, en el sudoeste de Belice (Prufer y Dunham s/f). El artefacto data del Clásico Temprano, aproximadamente del 250 d.C. Se asemeja marcadamente a las banquetas del Posclásico Tardío dragadas del Cenote de los Sacrificios de Chichén Itzá (Coggins y Ladd 1992:302-303). También en 1995 se encontró un banco de madera de seis pies en una cueva cerca de Muklebal Tzul. Mientras que el análisis radiocarbónico del mismo todavía no ha sido efectuado, las cerámicas asociadas indican una fecha del período Clásico Tardío. Otros notables hallazgos orgánicos ocurridos en cuevas de la región incluyen granos de cacao bien conservados, antorchas de madera intactas, un huevo de ave, y cientos de fragmentos de madera, muy probablemente restos de la quema de incienso. Las cuevas de las Montañas Mayas ofrecen una oportunidad sin precedentes para examinar el papel que jugaron los materiales botánicos en los antiguos rituales mayas realizados en cuevas.
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