Imagen - Vasija de Cacao - K6706 © Justin Kerr FAMSI © 2005:
Keith M. Prufer
 

Análisis y Conservación de una Figurilla de Madera Recuperada en la Cueva de Xmuqlebal Xheton, en el sur de Belice, C.A.

Interpretación de la Figurilla

La figurilla que se recuperó en la Suboperación 2 de Xmuqlebal Xheton es un artefacto único. La preservación de artefactos de madera, en especial objetos de arte transportables, es muy poco habitual en los trópicos húmedos. Muchas figurillas de madera que sobrevivieron a la afición española por destruír ídolos pueden haber sido escondidas (Gann y Thompson 1937:136), posiblemente en cuevas, pero muy probablemente no sobrevivieron, salvo que estuvieran en condiciones medio ambientales muy especiales.

La figurilla de Xmuqlebal Xheton mide 23 cm de largo y representa un individuo del sexo masculino ataviado con una falda con cinturón o un taparrabos (Figura 8). Está tallado en relieve, y el dorso del objeto está marcadamente acanalado. Estas acanaladuras probablemente sirvieran para hacer más sencillo fijar la figurilla a un bastón.

Figura 9. Vista del perfil izquierdo de la figurilla en la que se observa un objeto parecido a un abanico que sostiene en su mano izquierda.

El artefacto posee varias características que han sido descritas para los cetros-maniquí. El individuo retratado en la figurilla está sosteniendo lo que parecería ser un abanico debajo de su brazo izquierdo, mientras tiene el mango en su mano (Figura 9), un elemento que no dejaba de ser común en la iconografía del Clásico Tardío (Schele y Miller 1986:143, 152). Si bien es posible que el objeto pudiera haber sido un escudo, su posición, al estar sujeto bajo el brazo, concuerda con numerosos objetos representados en cerámicas y monumentos que han sido interpretados como abanicos. Coggins y Ladd (1992:270) destacan que una de las figurillas recuperadas en el Cenote de los Sacrificios en Chichén Itzá podría estar sosteniendo un abanico con mango en la mano derecha. En la iconografía del Clásico Tardío, puede observarse una imagen clara de un abanico similar, sujeto bajo el brazo, en el Vaso de Chama del Museo Universitario de Philadelphia (Archivo Kerr, Vaso K593) que aquí se muestra en la Figura 10.

Figura 10. Archivo Kerr de Vasos Mayas, K593, el Vaso de Chama, en el cual se observa un individuo a la derecha sostiendo un abanico bajo su brazo izquierdo.
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Está claro que en la mano derecha de la figurilla el individuo estaba sosteniendo un objeto que se ha roto y perdido (Figura 11). Un cetro-maniquí del Cenote de los Sacrificios está sosteniendo lo que puede ser una sonaja en posición vertical (Coggins y Ladd 1992:270, 272 figura 8.45b). Si bien no hay nada que indique qué objeto era el que estaba sosteniendo la figura de Xmuqlebal Xheton, la posición de la mano y la dirección vertical de la cavidad que se abrió cuando el objeto se quebró, podrían indicar que se trataría de un bastón, sonaja, u otro tipo de objeto similar a una vara. Es perfectamente posible que el objeto que en algún momento era sostenido por la mano derecha fuera una figurilla en sí misma. El nicho de donde se recobró la figurilla fue revisado con todo cuidado en busca del objeto perdido, pero éste no fue hallado.

Figura 11. Vista del perfil derecho de la figurilla de Xmuqlebal Xheton en la que se observa la ubicación donde se sostenía un objeto con la mano derecha.

En la parte frontal de los atavíos de la figurilla hay una serie de elementos de diseño que pueden haber sido elementos glíficos (comunicación personal, P. Wanyerka 2000), pero están demasiado erosionados como para ser leídos con cierta confianza (Figura 12). Stuart menciona que una figurilla saqueada que se ha reportado como proveniente del alto brazo Bladen también tiene un elemento de diseño sobre un cinturón o prenda de vestir. Él interpreta este elemento, que está en el dorso del individuo en la zona lumbar, como la cabeza de un jaguar (Stuart y Houseley 1999:2-4). En la figurilla de Xmuqlebal Xheton, el elemento de diseño está en el frente de la figura, fijado a la prenda que el individuo viste o formando parte de ésta.

Figura 12. Porción central de la figurilla de Xmuqlebal Xheton en la que se observa su atavío y el elemento de diseño sobre éste.

Los cabellos del individuo están peinados hacia atrás y envueltos en un tocado tipo turbante, que también podría ser una banda de tela (Figura 13). En la iconografía de Copán se han representado y mostrado otros tocados similares en un vaso policromo probablemente originario de Pusilhá, ubicado a menos de 50 km hacia el sudoeste (véase la Colección Kerr de Vasos Mayas, Vaso 8089, haga clic aquí). Ambos lóbulos de las orejas está perforados, seguramente para facilitar la colocación de algún tipo de ornamento, si bien ningún elemento de este tipo fue recuperado.

Figura 13. Vista de la parte izquierda de la figurilla de Xmulebal Xheton en la que se puede observar el tocado.

La revisión de la bibliografía revela que han habido al menos otros dos informes sobre figurillas de madera del Clásico Tardío que fueron recuperadas en las tierras bajas mayas. En 1964 se informó de una que formaba parte de una colección de museo en el Museo de Arte Primitivo de New York (Museum of Primitive Art in New York). La figura muestra a un individuo del sexo masculino sentado, que pudo haber sido originaria del sur de Tabasco, cerca del río Usumacinta. Su fechamiento radiocarbónico la ubicó hacia mediados del siglo 6 d.C. (Ekholm 1964). Se ha informado de otra figurilla que muestra también a un individuo en posición sedente y que fue saqueada de una cueva del brazo Bladen del Monkey River, probablemente cerca de los sitios de Ek Xux o Muklebal Tzul. Está fechada entre el 230 d.C. y el 560 d.C. (Stuart y Houseley 1999). Esta fecha es congruente con varias muestras radiocarbónicas que tomamos de Ek Xux y otras cuevas de los alrededores.

Los ejemplos posclásicos de figurillas de madera también son conocidos en Mesoamérica. Se informa de algunas que fueron dragadas del Cenote de los Sacrificios en Chichén Itzá (Coggins y Ladd 1992). Se ha informado de dos figurillas provenientes de la cuenca de México, cerca del actual Texcoco. Fueron encontradas juntas y su fechamiento radiocarbónico las ubicó aproximadamente en el siglo 14 d.C. (Nicholson y Berger 1968). Otras tres figurillas sin datos de proveniencia son originarias de México. Dos de ellas pueden corresponder al siglo 19 (Nowotny 1949), y la tercera podría provenir de una cueva de Puebla (Nicholson y Berger 1968:6; Nowotny 1961).

Thomas Gage informa sobre un curioso encuentro con una figurilla de madera durante los viajes que en el siglo 17 realizó por Alta Verapaz, Guatemala. Así describe cómo fue que encontró el ídolo en una cueva:

    "…de pie sobre un banco de poca altura cubierto por una tela de lino. Su substancia era la madera, negra y brillosa como el azabache, como si se la hubiera pintado o ahumado; la forma era la de una cabeza de hombre sobre los hombros, sin barba ni bigotes. Su gesto era torvo, y mostraba una frente arrugada y grandes ojos saltones" (Thompson 1958:281).

En general se considera que estos tipos de artefactos de madera sólo sobreviven en cuevas secas o en estructuras de cámaras selladas con las condiciones ideales para la preservación de la madera, o en contextos saturados de agua donde las condiciones anaeróbicas favorecen la preservación. Casi todos los artefactos de madera prehispánicos y del período histórico temprano, se han deteriorado desde entonces. Si los relatos etnohistóricos se toman como indicadores, podría ser que las figurillas de madera fueran parte de la parafernalia habitual en los medios ceremoniales o religiosos de la antigua Mesoamérica. Durante el período histórico temprano, éstas han sido bien documentadas en el centro de México (Motolinía 1903:32-34; 86-89) y en Yucatán fueron registradas a menudo como elementos centrales en unidades de vivienda y actividades rituales públicas (Farriss 1986:289-290). Los relatos de Landa indican que había miles de ídolos y que la mayoría de ellos eran de madera. Estas figurillas de madera eran consideradas bienes heredables no alienables y "la parte más importante de la propiedad heradada" (Tozzer 1941:110-111).

También hay distintos relatos sobre la manufactura de las figurillas de madera. Landa comenta que los mayas del período del contacto "obtenían grandes ganancias con la manufactura de ídolos de arcilla y madera" para las ocasiones ceremoniales (Tozzer 1941:94). Hayden (1987:164 Figura 5.1, 177) plantea que el tallado minucioso de los ídolos requería de herramientas especializadas, como las mandíbulas de roedores. El Códice Madrid ilustra al menos cuatro ejemplos de madera que está siendo tallada en forma de ídolos (páginas 95d, 96d, 97b, 98b) al igual que la tala de árboles practicada con hachas (89c, 98a) (Roys 1965:xiv; Villacorta y Villacorta 1930:403, 415-421). En el Yucatán de los primeros contactos, estos ídolos casi siempre se hacían de cedro, lo cual podría tener alguna relación con el nombre yucateco del cedro, ku che, o "árbol de dios" (Tozzer 1941:160; R. Roys citado en Tozzer 1941:160, n. 824). Esto es particularmente interesante a la luz de la identificación del material de la figurilla de Xmuqlebal Xheton, que resultó ser cedrella sp.(cedro).

Los intentos por identificar al individuo retratado en la figurilla de Xmuqlebal Xheton han sido problemáticos. Otros objetos similares, esto es cetros-maniquí, representados en monumentos del período Clásico y en cerámicas, han sido identificados como posesiones de los gobernantes y emblemas de autoridad divina. A la mayoría se los describe como representaciones del Dios K, quien está asociado con la descendencia dinástica y la función de gobernar, y con el dios del trueno (Taube 1992:79). Sin embargo, nuestra figurilla carece de los rasgos físicos asociados con el Dios K. El Dios K del Período Clásico generalmente tiene un espejo en su entrecejo con un hacha humeante o un espejo que emana de ésta (Milbrath 1999:231; Schele y Miller 1986:49). Además, cuando el Dios K aparece como el cetro Ka’wiil, a menudo se lo muestra con un pie en forma de serpiente (Read y González 2000:250), un rasgo de los cetros identificado en la iconografía del Período Clásico. Este rasgo no está presente en los cetros posteriores del Posclásico que se recuperaron del Cenote de los Sacrificios en Chichén Itzá, y Coggins y Ladd (1992:270) creen que estilística y funcionalmente tienen más que ver con los incensarios modelados de Chen Mul, del Posclásico Medio, que presentan figuras moldeadas en los frentes de las cámaras de quemado.

La figurilla de Xmuqlebal Xheton no puede ser claramente identificada como algún miembro de algún panteón maya conocido. Puede ser que el individuo represente una deidad local o una variante de un Dios conocido. También es posible que pueda ser el retrato de una figura histórica. Ésto, sin embargo, no excluye que el objeto haya funcionado de forma compatible con los cetros-maniquí representados en la iconografía del Clásico Tardío. Coggins (1988) comenta que hay múltiples manifestaciones de deidades representadas en los cetros-maniquí, y que todas representan linaje divino y la continuidad y legitimidad en la función de gobernar. Al referirse a estos objetos, ella hace notar que los cetros-maniquí son "un componente esencial de una multitud de signos y símbolos integrados" que constituían el simbolismo de legitimación de la autoridad de los gobernantes mayas (Coggins 1988:143).

También debe tenerse en cuenta la posibilidad de que este objeto no funcionara de la misma manera que aquellos "cetros-maniquí" representados en la iconografía del Clásico Tardío. Otros artefactos encontrados en asociación con la figurilla no pueden ser claramente identificados como marcadadores de un estatus de élite, y el contexto en que fueron recuperados, ocultos en una zona oscura en una cueva a la que resulta difícil acceder, plantea preguntas adicionales en cuanto a su función. Se cree que las zonas oscuras de las cuevas han sido los lugares donde se realizaban actividades rituales restringidas y privadas con el auspicio de especialistas religiosos. A la inversa, las zonas semi-iluminadas de cuevas, cenotes y refugios rocosos, eran escenario de manifestaciones rituales públicas (Brady 1989), muchas de las cuales probablemente estuvieran asociadas con la legitimación de la autoridad política (Prufer 2001). En muchos casos, aunque no en todos, las actividades de los especialistas religiosos en las zonas oscuras pueden no haber tenido mucho que ver con cuestiones más importantes relacionadas con la función de gobernar (Prufer, s/f).

Está claro que en el Posclásico y en el período histórico temprano las figurillas e ídolos estaban asociados con aspectos no políticos de la religión maya, y a menudo estos objetos se mantenían cuidadosamente ocultos (Farriss 1986:292; Gann y Thompson 1937:136). Thompson informa que en el Posclásico mexicano los bastones ceremoniales y los abanicos estaban asociados con los mercaderes (1970:136-137). En Chan Kom, algunos santos, o figurillas pueden ser de propiedad privada y se los distingue del santo patrón de la comunidad. Allí, se informa que varios santos, tienen un origen misterioso en las cuevas, entre ellos San Diego, el patrón del pueblo. En tanto que algunos santos, son guardianes de la comunidad, los especialistas en religión creen que cumplieron funciones especiales relacionadas con la jerarquía de las deidades, y todos juegan un papel en el complejo de las sanaciones y las enfermedades (Redfield y Villa Rojas 1934:107-109). La asociación con individuos chamánicos, figurillas y cuevas es importante aquí. Hay considerable evidencia histórica acerca de que los especialistas en rituales involucrados en actividades enfocadas en cuevas a menudo operan al margen de las instituciones religiosas convencionales sancionadas por la comunidad, aún en lugares donde estas instituciones son indígenas (Prufer s/f; 2001).

En resumen, mientras que es probable que la figurilla recuperada en la cueva de Xmuqlebal Xheton funcionara como un verdadero cetro-maniquí emparentado con los que se representaban en la iconografía del Período Clásico, también es posible que pueda haber estado en la posesión personal de especialistas en rituales, como parte del complejo de la enfermedad y la sanación. En cualquier caso, probablemente represente la posesión de un individuo formidable del sitio cercano de Muklebal Tzul, que tuvo una ocupación contemporánea de la figurilla. En algún momento el objeto fue ocultado en el nicho de la zona oscura de la cueva. Los análisis de radiocarbono de otros contextos cercanos quemados también arrojan fechas del Clásico Tardío y pueden estar asociados con el objeto. Su recuperación en áreas adyacentes marcadamente quemadas, es congruente con los relatos etnográficos y etnohistóricos acerca del uso de ídolos en conjunción con la quema de incienso (Tozzer 1941:160).

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