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Criterios de Restauración Arquitectónica en el Area Maya
Definiciones y criterios generales de conservación
Parece atrevido hablar de principios teóricos de la conservación y principios conceptuales de la restauración de monumentos prehispánicos en el área maya, pues la verdad es que aún en estos momentos, en los albores del siglo XXI, no contamos con una doctrina coordinada y firme referida a los monumentos arqueológicos. Sin embargo, creo que sí tenemos los fundamentos principales que nos habrán de permitir discutir algunos aspectos esenciales basados en las normas existentes, como así también algunos criterios fundamentales que han vertido los especialistas.
La verdad es que las normas de restauración y los conceptos fundamentales son de tipo general, y giran en torno a condiciones muy diferentes de aquellas que normalmente encontramos en los sitios arqueológicos de nuestro mundo maya. Es cierto, y no caben dudas al respecto, que los principios teóricos son los mismos en función de las razones por las cuales deben conservarse los valores culturales. Sin embargo, debemos definir los alcances de la restauración arqueológica sin salirnos de dicho fundamento, pero ajustándolo a nuestra realidad en el campo de la arqueología maya.
Algunas líneas de pensamiento del siglo XX han intentado establecer un equilibrio entre las posiciones antagónicas del siglo XIX, tratando de fijar criterios que habrían de permitirnos trabajar en armonía. No obstante, y a la fecha, son muchos los documentos que existen sobre el tema. Algunos son de carácter internacional, otros son regionales o nacionales, pero todos están fundamentados en documentos internacionales como las Cartas de Atenas, Venecia, Australia o Burra, la Convención Europea de Protección, las Normas de Quito en el caso panamericano, y muchas más.
La abundancia de documentos y la proliferación de talleres, seminarios, conferencias, etc., han hecho que algunos especialistas contemporáneos vean con cierto escepticismo el uso de los conceptos contenidos en documentos no tan modernos, como la Carta de Venecia, o los criterios de Ruskin y Viollet-le-Duc, por juzgarlos anticuados. Personalmente, opino que los conceptos fundamentales vertidos en esos documentos siguen teniendo vigencia y pueden ser utilizados con absoluta propiedad, siempre y cuando los apliquemos adaptándolos a la realidad del mundo maya, y tomando en cuenta que en la mayoría de los casos, estos conceptos tienen su origen en la arquitectura clásica del Viejo Mundo.
En primer lugar, y como un fundamento ético, no podemos menospreciar el consejo de Ruskin, cuando dijo: "
hacedlo honradamente, no lo reemplacéis por una mentira
" En otras palabras, lo más importante en cualquier trabajo de restauración, no importa de cuál monumento se trate, deberá ser la honestidad, la autenticidad, y la verdad. Porque como veremos, nuestra responsabilidad es hacer que los valores culturales permanezcan y estén presentes ante las generaciones futuras como testigos verdaderos de una cultura del pasado.
Por el momento, es necesario que demos a entender con claridad cuáles son las diferentes acciones relacionadas con la restauración de la arquitectura maya, de modo que comenzaré por exponer algunas definiciones que encierran en sí mismas conceptos teóricos fundamentales para el saludable desarrollo de la restauración en los monumentos prehispánicos del área maya.
(NOTA: Toda cita de la Carta de Venecia ha sido tomada de Díaz Berrio, 1968.)
Monumento
Normas de Quito, numeral 3 y 4. Consideraciones Generales:
3. Cualquiera que fuese el valor intrínseco de un bien o las circunstancias que concurran a realizar su importancia y significación histórica o artística, el mismo no constituirá un monumento, en tanto no recaiga una expresa declaración del Estado en este sentido. La declaración de Monumento Nacional implica su identificación y registro oficiales. A partir de ese momento, el bien en cuestión quedará sometido al régimen de excepción que señale la ley.
4. Todo bien cultural está implícitamente destinado a cumplir una función social. Corresponde al Estado hacer que la misma prevalezca y determinar, en los distintos casos, la medida en que dicha función social es compatible con la propiedad privada y el interés de los particulares.
En consecuencia, un monumento es una categoría que se fundamenta en el significado cultural o valor especial de un objeto o sitio determinado. Esta categoría es designada por el estado de acuerdo con esos aributos, y no es sinónimo de gran tamaño, como frecuentemente se cree. Hay quienes dicen "este sitio no es tan monumental como aquél," pretendiendo decir que el segundo es más pequeño o menos importante, lo cual es incorrecto. El diccionario dice:
MONUMENTO. (Lat. Tu - moneo, recordar) m. Obra pública de arquitectura o grabado hecha para perpetuar el recuerdo de una persona o hecho memorable.
Edificio notable (obra)
Obra que se hace memorable por su mérito excepcional.
(Diccionario Encarta 2000)
En una palabra, monumento significa "recuerdo". De modo que cualquier cosa, sin importar su tamaño, puede ser un recuerdo cuando guarda en sí un significado histórico. Por tanto, no puede llenar su cometido en una sociedad que ignora su pasado; el recuerdo da testimonio, es único e irrepetible. Un monumento, al ser parte de la historia, llena su función social cuando las comunidades adyacentes y la nación como un todo conocen las características que han hecho del mismo algo memorable. Es indispensable conocer su pasado para estar en condiciones de valorizarlo e interpretarlo correctamente.
Función social
La función social que hace memorable un recuerdo es la función original. Sin embargo, en la actualidad, también habrán de tener una función o destino contemporáneos. Éste es el punto de partida para definir los alcances de la restauración, lo que nos ayudará a discernir entre aquellos monumentos que seguirán teniendo su uso original como templos religiosos o palacios públicos en las sociedades que permanecen activas, y aquellos que por diferentes circunstancias vieron interrumpida su función original y han quedado destinados a la contemplación, esto es, a la visita turística, sin intervención de actividades religiosas, políticas, o de cualquier otra clase dentro de los edificios que los componen.
Para concretar, si la sociedad y el uso originales siguen vigentes, los alcances para la restauración pueden ser aceptables dentro del planteamiento de Viollet-le-Duc, esto es, resultaría válida y necesaria la restauración completa, como en el caso de la Catedral de Notre Dame. Pero en el caso de las antiguas ciudades mayas, si el grupo social que creó el monumento en cuestión ya no está presente y el monumento se encuentra en estado de ruina, nuestra intervención deberá ser acorde con esta realidad. No podemos reintegrarle su función original.
No obstante, si también desconocemos la sociedad antigua, el monumento carecerá de mayor significado, puesto que no podremos entender su historia, su función original y su transformación. Si restauramos solamente para el turismo, sin investigación de por medio, como se hizo en muchos sitios y se continúa haciendo, estaremos desvirtuando el valor cultural y la función social moderna quedaría inconclusa. La arqueología es esencial para la ejecución de cualquier proyecto que pretenda conservar y exhibir un monumento. En igual sentido, la arqueología sin conservación destruye, aunque por su intermedio logremos obtener amplios conocimientos.
En todo caso, ya sea para reintegrar el uso social original y reconstruir dentro de los términos planteados por Viollet-le-Duc, o para modificar el monumento de acuerdo con la necesidad puntual, o para que pueda ser contemplado como un recuerdo del pasado que debemos hacer presente ante las generaciones por venir, el fundamento principal habrá de ser siempre el mismo: hacerlo con honestidad, y jamás reemplazarlo por mentiras, según las palabras del crítico Ruskin.
Conservación
Con frecuencia, el término "conservar" es sustituído por "restaurar", pero como veremos, se trata de dos acciones muy diferentes. El diccionario, la Carta de Venecia y la Carta Burra lo definen de la siguiente manera:
CONSERVAR: (Del Lat. Conservare; de cum, con, y servare, guardar.) Mantener una cosa o cuidar de su permanencia. // Hablando de costumbres, virtudes y cosas semejantes, continuar la práctica de ellas. // Cuidar, guardar con cuidado una cosa
(Diccionario, Enciclopedia Salvat)
Carta Burra: Artículo 1.4: Conservación significa todos los procesos y cuidados para retener el significado cultural de un lugar. Esto incluye mantenimiento, y de acuerdo con las circunstancias puede incluir preservación, restauración, reconstrucción, adaptación, y comúnmente será una combinación de más de una de éstas.
Carta de Venecia: Artículo 2. La restauración y conservación de los monumentos es una disciplina que requiere de la colaboración de todas las ciencias y de todas las técnicas que puedan contribuir al estudio y a la salvaguardia del patrimonio monumental.
Artículo 4. La conservación de los monumentos impone en primer lugar un cuidado permanente de los mismos.
En otras palabras, conservar es tomar todas las medidas necesarias para lograr la permanencia del monumento. Estas medidas incluirán una legislación específica en el ámbito nacional e internacional, políticas concretas al mismo nivel, y acciones tales como vigilancia, mantenimiento, monitoreo, control del medio ambiente, control del paisaje, la capacidad de soporte del sitio, el deterioro, etc. Esto es, la tarea exige cuidados permanentes. No puede encararse como un trabajo eventual sino algo formal que no debe interrumpirse jamás. Por ello, la responsabilidad de conservar no puede recaer en ningún arqueólogo o institución extranjera, sino en el estado.
Restauración
Carta de Venecia; Artículo 9. La restauración es una operación que debe guardar un carácter de excepcional. Tiene como fin el conservar los valores estéticos e históricos del monumento y se fundamenta en el respeto hacia la sustancia antigua y los documentos auténticos; se detiene allí donde comienza lo hipotético. Más allá, todo trabajo de complemento reconocido como indispensable por razones estéticas o técnicas, dependerá de la composición arquitectónica y llevará el sello o marca de nuestra época. La restauración está siempre precedida y acompañada por un estudio arqueológico e histórico del monumento.
Artículo 15. Se tomarán además todas las providencias con el fin de facilitar la comprensión del monumento sacado a la luz, sin desnaturalizar nunca su significado. Todo trabajo de reconstrucción deberá sin embargo excluirse a priori. Solamente la anastilosis, es decir la recomposición de las partes existentes pero desmembradas, puede tomarse en cuenta.
(Tomado de Díaz Berrio, 1968)
La restauración, a diferencia de la conservación, es un proceso excepcional, no permanente. Su objetivo es preservar los valores estéticos e históricos. En un sentido literal, restaurar es recobrar, recuperar, reparar, volver algo una vez más a su estado primitivo. Pero en lo que a bienes arqueológicos se refiere, no podemos tomar este significado literal y aplicarlo indiscriminadamente. Es necesario tomar en cuenta la realidad de los monumentos en ruina. César Brandi dice:
"
En términos generales se entiende por restauración cualquier intervención que tiene por objeto poner de nuevo en eficiencia cualquier producto de la actividad humana
"
(Citado por González, 1977:3)
La arquitectura, sin importar su grado de magnificencia o sencillez, se fabrica con un objetivo específico. Un edificio de correos, por ejemplo, sirve y es eficiente para tal fin, pero cuando se deteriora por cualquier razón, su eficiencia también se ve comprometida: cambia o queda anulada. De igual forma ocurrirá con una bodega, un templo o una vivienda, pero como ya ha quedado dicho, en los monumentos mayas es imposible recuperar la sociedad que los creó y sus instituciones, de modo que debemos analizar los problemas de restauración a partir de esta realidad.
La definición de Brandi parecería no ser compatible con nuestra finalidad actual y futura, y por lo tanto deberá adaptarse al nuevo objetivo social, que en nuestro caso es hacer permanente el recuerdo para que continúe siendo un testigo del pasado. El problema que se habrá de definir es hasta qué punto podemos o debemos hacer restauración en un monumento destinado a ser visitado por los turistas, por lo que nos parece oportuno citar aquí el concepto de Hiroshi Daifuku cuando dice:
"Cuando un objeto no se encuentra en buen estado, el problema consiste en determinar el grado de tratamiento que debe aplicarse. Lo mínimo es hacer sólo lo necesario para su supervivencia, pero si el objeto queda irreconocible, cabe preguntarse hasta qué punto debe emprenderse la restauración."
(Daifuku 1969:27)
Si no es posible reintegrar la función social original, cuando hablamos de devolver eficiencia a un monumento en ruinas o a una ciudad en ruinas, entonces solamente nos quedaría una posibilidad: devolverle eficiencia estructural, es decir, hacer eficientes las partes existentes que por la ruina misma hayan perdido su capacidad. Para los extremistas, bastaría con hacer el mínimo indispensable para detener el deterioro, estabilizando sus elementos formales. En este sentido coincidimos con Daifuku: si el objeto queda irreconocible
¿hasta qué punto deberemos restaurar?
La Carta de Venecia, a priori, prohibe reconstruir excepto cuando la anastilosis es factible. Sin embargo, parece contradecirse al autorizar la colocación de complementos en áreas con faltantes, cuando se juzgan indispensables por razones técnicas o estéticas. Con estos conceptos, no importa cuál sea nuestro criterio, aquí encontramos bases para complementar todo lo que nos plazca, o para limitarnos a hacer nada más que lo indispensable para estabilizar, evitando cualquier complementación.
Es obvio, por supuesto, que si hemos establecido la honestidad y la veracidad como principio fundamental, ético, debemos discernir qué es lo más conveniente de acuerdo con la función social actual y las evidencias de que dispongamos. Los complementos se ponen "con el fin de facilitar la comprensión del monumento sacado a la luz, sin desnaturalizar nunca su significado". En palabras simples, restauramos para que el visitante entienda lo que está frente a sus ojos, sin sustituir el monumento por una mentira, o cambiar su naturaleza de ruina y recuerdo por algo nuevo e hipotético.
Respecto a la hipótesis, me parece muy oportuno repetir las palabras del arquitecto Molina Montes, cuando agrega que Viollet-le-Duc se adelantó a la carta de Venecia al expresar lo siguiente:
"Decidir una disposición a priori, sin estar compenetrados de todos los datos que la deben regir, es caer en la hipótesis, y nada tan peligroso como la hipótesis en los trabajos de restauración" (Viollet-le-Duc, op cit; 33)
(Citado por Molina 1975:16)
Por lo tanto, basándonos en lo ya expuesto y en términos generales, podemos definir la restauración de monumentos arqueológicos de la siguiente manera:
- RESTAURACIÓN EN ARQUITECTURA MAYA: Es una operación excepcional que busca conservar los valores estéticos e históricos del monumento mediante intervenciones que le devuelven su eficiencia estructural y lo hacen comprensible al visitante, sin desnaturalizar nunca su significado. Se detiene donde comienza lo hipotético y se fundamenta en el respeto hacia la sustancia antigua, los documentos auténticos y la composición arquitectónica.
Por último, diremos que la responsabilidad de restaurar debe ser compartida entre los arqueólogos y el Estado, es decir que los daños causados por el arqueólogo deben ser asumidos por él mismo, en tanto que los daños causados por diez o quince siglos de abandono deberán ser reparados bajo la responsabilidad del Estado, como inicio del proceso de conservación que trae aparejados cuidados permanentes.
La Ruina
La ruina es el resultado del abandono y el tiempo; es un estado provocado por ciertas presiones laterales que aparecen cuando el deterioro de las capas de argamasa superficiales y horizontales se hace presente, y éstas se agrietan, permitiendo que agentes extraños penetren. El exceso de agua cambia los volúmenes de rellenos interiores, especialmente de las arcillas, que aumentan su volumen y empujan lateralmente. Las raíces de los árboles, al hacerse más gruesas, también empujan en sentido lateral. Esto se manifiesta de diversas maneras, que van de una pequeña desviación de líneas, o desplomes, a fuertes hundimientos, grietas y derrumbamientos, o a la destrucción total.
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