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Carlos Rudy Larios Villalta
 

Criterios de Restauración Arquitectónica en el Area Maya

Reintegración o anastilosis

La reintegración o anastilosis es el procedimiento mediante el cual tenemos la posibilidad de regresar o restaurar partes originales que estén cayendo o que ya hayan caído. En los trabajos de liberación normalmente se encuentran secciones con estas características. En la arqueología tradicional, se remueven los sillares como parte del escombro, por considerarse que nada se puede hacer. No obstante, la posibilidad de rescate y reintegración de esas partes dislocadas o caídas puede ser alta mediante la oportuna aplicación de una anastilosis. Su efectiva aplicación gira en torno a los siguientes pasos básicos:

Topografía

Previo a comenzar con la investigación arqueológica, es indispensable contar con un sistema topográfico de un sólo punto de origen. Esto permitirá controlar todos y cada uno de los elementos estructurales e incluso artefactos localizados durante la liberación del monumento. A la vez, este sistema será el vínculo de coordinación entre arqueología y restauración. Con dicho sistema se podrá crear un banco de datos que abarcará todos los rasgos culturales por medio de tres coordenadas, y que facilitará las acciones posteriores de manejo, interpretación y reintegración.

Para facilitar la tarea, es conveniente establecer una retícula formada por cuadros de 2 m × 2 m, nombrados de acuerdo con su posición topográfica. Esto significa que cada elemento localizado contará con su distancia desde el punto de origen, tanto en latitud como en longitud, y nivel sobre el mar. Lo anterior no solamente es útil para el registro de datos arqueológicos, sino que además, facilitará la tarea de hacer los levantamientos arquitectónicos con absoluta precisión.

Documentación

Una vez establecida la retícula, se llevará un registro cuidadoso de los datos, describiendo el estado actual del monumento con palabras, numerosas fotografías, y dibujos claros y fieles. Todo lo anterior debe estar atado al sistema topográfico. En cuanto a elementos que hayan caído o estén en proceso de caer y que se consideren reintegrables, será necesario además ubicarlos en un dibujo de planta que nos ilustre sobre su distribución dentro del escombro, pues de ésto dependerá en gran parte la posibilidad de reintegrar sillares de muros o escultura mosaica. También es recomendable que se registren los daños o procesos de deterioro en dibujos precisos de planta y en elevaciones de las fachadas, tanto exteriores como interiores, de toda la entidad.

Muros caídos

Cuando en el escombro identificamos hiladas de sillares y/o piedras de escultura mosaica, es indudable que estamos ante un muro caído. Es necesario que las conservemos tal y como cayeron. Es decir que cada piedra debe permanecer en el lugar preciso donde cayó y más tarde se las marcará, cuidando de no hacerlo sobre su cara principal. Lo recomendable es hacerlo en la parte de atrás, de manera que cuando sean reintegradas la marca no se borre pero quede oculta al ojo del observador. Además, los bloques esculpidos deberán catalogarse en forma inmediata, y será conveniente coordinar el trabajo desde el mismo momento del hallazgo con el especialista en iconografía, y contar, al menos, con el auxilio de un albañil y dos ayudantes.

Si se tratara de un muro muy inclinado, en proceso de caer y que estuviera describiendo una curva en su sección transversal (Figura 1 y Foto 51), y si el diagnóstico del especialista en arquitectura maya determinara la imposibilidad técnica de que éste fuera empujado o jalado, entonces se lo deberá tratar con anastilosis, documentando y marcando adecuadamente las hiladas de piedra en el mismo lugar de su hallazgo. Esto nos dará la oportunidad de controlar las posiciones relativas de cada elemento dislocado, para luego poder levantarlos y recomponerlos en su lugar original o en algún lugar próximo. Este es el proceso que denominamos anastilosis o reintegración.

Cómo marcar las piedras

Las líneas, o hiladas de piedra horizontales serán marcadas con letras, en tanto que los sillares pueden marcarse con números, tal como se muestra en el dibujo hipotético (Figura 2). Tómese en cuenta que este dibujo es un ejemplo del orden de numeración y que en la práctica no marcaremos la cara de los sillares con pintura porque se ve muy mal. En todo caso, y si se considera indispensable marcar la cara de piedras importantes, trataremos de hacerlo con yeso o con algún marcador que pueda borrarse con facilidad.

Sin embargo, es preferible usar un marcador indeleble y marcar la parte de atrás de cada piedra, pues cuando hacemos la reintegración pueden producirse equivocaciones involuntarias tanto por parte del albañil como por la nuestra, y si la marca es firme y el aglutinante reversible, tendremos la posibilidad de corregir sin perder las marcas originales.

Conclusiones sobre la reintegración

Conviene contar con un experto que pueda asesorar o dirigir labores como las arriba descritas a fin de lograr un trabajo fiel y una buena presentación. A este trabajo lo llamamos reintegración o anastilosis. Se trata de integrar de nuevo los elementos originales existentes, pero que están muy desplomados o ya han caído. No se trata de recoger los bloques desordenados del escombro y utilizarlos al azar para hacer reconstrucciones parciales o complementaciones. Es indispensable que las piedras recogidas tengan una relación real y que podamos probar su orden y procedencia estructural.

En la mayor parte de las edificaciones del área maya en Guatemala, Belice, y el sur de la península de Yucatán, las piedras usadas para la construcción son calizas tan frágiles que cuando se colapsan y caen secciones de la construcción, normalmente se destruyen a tal grado que no es posible hacer trabajos de reintegración. Sin embargo, ya hemos visto cómo esta aparente regla no es respetada. En El Pilar, por ejemplo, un sitio del Distrito del Cayo, en Belice, tuvimos la oportunidad de encontrar varias piedras esculpidas que pertenecen a un friso de una estructura colapsada.

En mi opinión, tal vez lo que haya sucedido es que la metodología de excavación puesta en práctica en sitios con piedras muy suaves, no haya sido lo suficientemente delicada como para localizar este tipo de elementos, que por lo general estarán rotos en varios pedazos. Lo cierto es que si ponemos un especial cuidado cuando retiramos las piedras de escombro, también es factible que encontremos fracciones de la escultura.

Algunos ejemplos

Copán

Copán fue el lugar más fructífero en cuanto al uso de la anastilosis. La ruina en esta ciudad fue tan severa que no quedó ni un sólo techo en su lugar, y numerosos muros de carga se derrumbaron en más de un 50%. No quiero decir que solamente aquí se den las condiciones ideales para la reintegración de sillares o escultura mosaica, sino que antes de Copán, nunca tuvimos proyectos multidisciplinarios que comprendieran la necesidad de combinar la arqueología con la restauración dentro de un equipo multidisciplinario que incluyera arqueología, epigrafía, arquitectura, iconografía, topografía, etc.

  • Estructura 9N-82

Durante mi trabajo como director de restauración del PAAC II, en 1981, Elliot Abrams y David Webster (Universidad del Estado de Pennsylvania) como caso excepcional, registraron varios lotes de piedra esculpida localizada en el escombro de la Estructura 9N-82. Ambos investigadores ubicaron cada piedra esculpida en un mapa que cubrió la totalidad del área por ellos excavada, con cuadros de 2 m × 2 m, al frente y en el interior del edificio. Las partes del muro que no cayeron tenían poca altura y mostraban desplomes imposibles de corregir, pues aunque la piedra toba es muy estable y fuerte, el aglutinante original no era más que una arcilla arenosa con gran cantidad de raíces, grietas, y tierra orgánica.

Procedimos a reintegrar los restos in situ. Entre ellos nos fue posible encontrar la base de dos motivos escultóricos a los que les faltaban algunas piedras (Foto 1). Allí conocí a William Fash y a Bárbara, su esposa, con quienes compartí mis inquietudes de hacer un trabajo coordinado de arqueología y conservación. Ellos se mostraron especialmente interesados en la reintegración de la escultura recuperada por Abrams. Luego, con el auxilio de especialistas en epigrafía, iconografía, y mi propia ayuda en lo que tenía que ver con arquitectura maya y restauración, logramos un éxito total.

Después de un estudio cuidadoso y muchos ensayos de laboratorio, las piedras fueron llevadas al sitio para una prueba estructural. Felizmente, las piedras principales encajaron como cuando colocamos una gaveta en su lugar, haciéndose evidente además que antes del colapso el edificio había sido quemado con un fuego sumamente intenso, que marcó indeleblemente las piedras. Las manchas rosadas producidas por las quemaduras también encajaron con notable precisión, dándonos una prueba adicional de su correcta colocación (Foto 2 y Foto 3, abajo).

Foto 2. Copán, Estructura 9N-82, la escultura ya reintegrada, 1983.
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Foto 3. Copán, Estructura 9N-82 fachada principal restaurada y protegida con un techo de palma, 1986.
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Tras el éxito logrado, William Fash me invitó a trabajar conjuntamente con él en la parte posterior del Palacio del Escribano, como le llamábamos. Los resultados fueron sorprendentes: el análisis de los escombros nos permitió entender casi el 100% de la arquitectura colapsada, y hacer, al menos en un dibujo, una reconstrucción ideal de sus fachadas. Digo al menos en un dibujo, porque aunque los registros escultóricos de las partes bajas de la fachada principal fueron reintegrados al edificio mismo, no fue posible hacer lo mismo con los personajes de la parte superior, debido a la falta de algunos de los elementos intermedios.

Con aquél logro, surgió también la necesidad de exhibir la escultura, pero no solamente la del Palacio del Escribano, sino toda la escultura de Copán, para lo cual nos atrevimos a sugerir la construcción de un Museo de la Escultura hecho en base a un concepto museográfico completamente diferente. La idea del equipo consistió en exhibir la escultura original pero en lugar de hacerlo en vitrinas, lo haríamos en réplicas exactas de los edificios a los que ellas correspondían. Con los años este museo llegó a ser una realidad, y hoy en día pueden verse réplicas fieles de arquitectura en las que exhibimos la escultura original. Un ejemplo de lo dicho puede observarse en la Foto 53, abajo, donde se presenta la réplica a escala natural del edificio este del campo de juego de pelota, que ostenta las esculturas originales en la posición que pudimos entender mediante la investigación conjunta.

Foto 53. Copán, réplica de la Estructura 10L-10; el Juego de Pelota está dentro del Museo de la Escultura, 1997.
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Durante nuestros trabajos posteriores (Proyecto Mosaicos de Copán y Proyecto Acrópolis de Copán, 1985-1996), tuvimos experiencias tan especiales que bien valdría la pena referir, cuanto menos, lo que respecta a dos ejemplos extraordinarios en que nuevamente el equipo pudo obtener resultados que para otros proyectos habrían sido inalcanzables.

Parte del muro de carga de la fachada oeste de la Estructura 10L-22A colapsó casi totalmente (Foto 4). Por medio de una excavación cuidadosa, se localizó en los escombros una sección en la que se veía la organización de varias hiladas de sillares, incluso con una fila de esquineros perfectamente organizados. Con el método de documentación ya descrito, se procedió a marcar cada piedra, y más tarde, con el auxilio de fotografías y el trabajo conjunto, pudimos reintegrar sus sillares dando así mayor significado al edificio (Foto 5, abajo).

Foto 5. Copán, muro oeste restaurado, Estructura 10L-22A, 1989.
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Foto 6. Copán, Estructura 10L-22A, fachada principal restaurada, 1990.
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De igual manera, una parte de la fachada principal del lado sur, que contenía escultura mosaica, también cayó en forma relativamente organizada, por lo que pudimos reintegrarla con la seguridad de hacer lo correcto (Foto 6, arriba, y Foto 7, abajo). Además, en el extremo este donde la estructura se junta con la vecina, el Templo 22, aún contábamos con parte del decorado de la zona superior, lo cual nos ayudó a entender los elementos caídos con claridad.

Foto 7. Copán, Estructura 10L-22A, detalle de la escultura, zona superior, 1991.
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El mayor éxito llegó cuando el equipo de arqueólogos, bajo la supervisión de Wyllys Andrews como codirector del PAAC (Universidad de Tulane), se hallaba trabajando en la liberación de la Estructura 10L-29, ubicada al norte de la Acrópolis. El colapso de la fachada oeste, que en apariencia constituía un enorme laberinto de piedra caída (Foto 8), era en realidad un friso de escultura mosaica, que se presentó ante nuestros ojos en un orden sorprendente haciendo que la reintegración se presentara como algo muy factible de llevar a cabo.

El muro de carga, al desplomarse, lo hizo en fracciones que descansaron las unas sobre las otras, formando capas. El método consistió en documentar primero la capa superficial, y luego, ir levantándola hasta recomponerla en un espacio próximo. En la Foto 9 vemos a William Fash sentado y colgando en una silla que corre pendiente de un cable, mientras toma fotografías con una cámara convencional. También se hicieron fotos con una cámara Polaroid para obtener imágenes al minuto.

Foto 10. Copán, Estructura 10L-29, escultura mosaica reintegrada en zona adyacente, 1991.
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Repetimos el proceso con las siguientes capas de piedra y el método funcionó a la perfección, dando como resultado inmediato lo que podemos observar en la Foto 10, arriba, donde se puede ver la parte del friso recuperado y recompuesto en una parte adyacente al edificio derrumbado. Actualmente, se puede contemplar la fachada sur en el Museo de la Escultura (Foto 54, abajo).

Foto 54. Copán, Estructura 10L-29, fachada sur, dentro de Museo de la Escultura.
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Palenque

Durante los trabajos de investigación en la Estructura XIX del Grupo de las Cruces, y con Alfonso Morales como arqueólogo responsable, el equipo de excavadores encontró miles de fracciones de estuco modelado y polícromo dentro del escombro. En proyectos normales, cuando se hallan fracciones de estuco modelado dentro del escombro, el material fraccionado es recogido y colocado en bolsas o cajas de madera. Puede ser que pasado un tiempo éste sea estudiado, y seguramente su destino final será quedar guardado en una bodega. En nuestro caso, y como una excepción completamente fuera de lo común, Morales decidió que el material colectado fuera rescatado y reintegrado.

El equipo especializado del Proyecto Las Cruces (1999) aceptó el reto, y luego de arduos y pacientes trabajos de laboratorio, vio sus esfuerzos coronados al obtener el retrato de Pakal K’inich, que parece haber sido el sucesor de Ahkal Mo’ Nabh III (Morales, comunicación personal, enero 2001), en una representación de más de 3.5 m de altura y con colores increíblemente vivos. El estuco formaba parte del decorado de una de las pilastras centrales de la Estructura XIX, en cuya base todavía se podía observar una pequeña parte del estuco en buen estado.

La conservación in situ ha sido uno de los objetivos de los restauradores contemporáneos. El objetivo es que los hallazgos, y especialmente la escultura, sean dejados en el lugar en que fueron encontrados. Lamentablemente, la experiencia nos ha enseñado que el turismo, la falta de personal permanente y especializado, la vigilancia insuficiente y la naturaleza misma, son todos factores que favorecen la destrucción de materiales delicados toda vez que son dejados a la vista del público. Sobre esta base, se buscó rescatar todo el panel y reintegrar sus fracciones entre sí, pero a la vez dejándolo protegido en el único lugar que podía garantizar su permanencia, esto es, en el museo de sitio.

Foto 11. Palenque, Estructura XIX, réplica de estuco modelado sobre pilastra original, 4 de junio, 2000.
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El destino del edificio, al igual que el sitio en su totalidad, es ser exhibido al turismo, de modo que con mucha razón y sentido común, la Estructura XIX fue restaurada estabilizando sus muros y pilastras. Pero en cuanto al panel de estuco, se decidió sustiruirlo por una réplica exacta al original (Foto 11, arriba), instalándolo en la pilastra correspondiente. Tal vez, para algunos conservadores, colocar el original en un lugar distinto al de su hallazgo o contexto original no sea el concepto más aceptado en términos generales; sin embargo, nadie puede negar que el objetivo de conservar se verá cumplido, fuera del alcance de manos curiosas, y lo que es aún más importante, alejado de los efectos meteorológicos nocivos. De todas maneras, las características constructivas de esta entidad nos impulsó a recomendar la construcción de un techo protector y de un andén para los visitantes (Foto 57, abajo).

Foto 57. Palenque, Estructura XIX después de su restauración. Muestra un andén para turistas y techo protector. No hay paredes laterales de modo que la ventilación es constante, y la sombra de los árboles ayuda a estabilizar la temperatura del ambiente interior, julio del 2000.
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En cuanto a los restos arquitectónicos de la Estructura XIX, es interesante mencionar que aunque no fue posible reintegrar grandes secciones de muros dislocados o caídos, sí se practicó la anastilosis en la estabilización de la escalinata principal. El movimiento de los sillares era marcado pero bastante claro, lo cual nos permitió hacer un poco de reintegración en los escalones, sin borrar sus deformaciones y completando el mínimo indispensable para que fuera claramente comprensible.

Chichén Itzá

En mi último viaje por el mundo maya, mientras visitaba Chichén Itzá, en Yucatán, encontré algo muy especial en los trabajos dirigidos por Peter J. Schmidt. En primer lugar, me sorprendió encontrar escultura recompuesta por anastilosis que no fue reintegrada al edificio sino que había sido emplazada en un lugar adyacente (Foto 12, abajo). El resultado, si bien fue distinto del esperado dentro del sitio mismo, da la impresión de un gran respeto por la autenticidad, y permite que la imaginación del visitante se haga cargo de la recreación arquitectónica. Lamentamos, sin embargo, que haya quedado al alcance de turistas y curiosos.

Foto 12. Chichén Itzá, Columnata NE. Recomposición por anastilosis en un espacio adyacente, 31 de julio, 2000.
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Actualmente, en un grupo del sur de la ciudad, se está practicando la reintegración de algunos frisos con bajorrelieves con el auxilio de la anastilosis. Ello ha colaborado eficazmente en la restauración, por medio del mismo método, de la arquitectura y sus fachadas superiores, lo que permite tener una visión muy completa del monumento restaurado, aunque elimina la magia de la imaginación.

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