Imagen - Vasija de Cacao - K6706 © Justin Kerr FAMSI © 2003:
Carlos Rudy Larios Villalta
 

Criterios de Restauración Arquitectónica en el Area Maya

Integración o complementos

Llamamos integración al trabajo que se hace para completar partes faltantes. Hacer el mínimo indispensable para estabilizar un monumento en ruina no es suficiente cuando éste queda irreconocible, de modo que de acuerdo con lo expuesto más arriba, es indispensable evaluar hasta dónde es conveniente la integración en esas partes faltantes. El propósito es claro: se trata de hacer que la construcción sea comprensible, recordando que la Carta de Venecia establece que tales complementos dependerán de la composición arquitectónica y llevarán el sello de nuestra época, y se llamarán "complementos".

Cuando reponemos algo que falta, aunque sea parcialmente, reconstruimos, sin importar el nombre que demos a esa acción. La Carta de Australia es mucho más franca en cuanto a ésto y utiliza la palabra reconstrucción, pero al igual que la Carta de Venecia, condiciona su ejecución a la reproducción de la fábrica original, siempre que se la pueda identificar mediante una inspección cercana:

"ARTÍCULO 8. La conservación requiere que se mantenga un entorno visual apropiado: por ejemplo en forma, escala, color, textura y materiales. No se deberá permitir ninguna nueva construcción, demolición, o modificación que pudiera afectar adversamente el ambiente. Las intrusiones medioambientales que pudieran afectar adversamente la apreciación o el disfrute del lugar deberán quedar excluídas."

"ARTÍCULO 19. La reconstrucción estará limitada a la reproducción de la fábrica, cuya forma se conozca físicamente y/o por la evidencia documental. Deberá poder ser identificada, bajo una inspección cuidadosa, como un trabajo nuevo"…
(Marquis-Kyli y Walker, 1992:71)

En virtud de lo anterior, cualquier complemento que sea necesario poner por razones técnicas o estéticas, se justifica, por cuanto hará comprensible el monumento, pero se limitará a reproducir la fábrica conocida ya sea por documentación o evidencia y no será, de ninguna manera, la sustitución del original por una mentira. Además, debe ser distinguible, no como un parche o un remiendo contrastable, sino sólo mediante una inspección a corta distancia.

En otras palabras, debemos buscar que los complementos se integren armónicamente, como dice la Carta de Venecia en su Artículo 12, aunque con una inspección a corta distancia podamos saber que se trata de complementos hechos con absoluto respeto por los componentes básicos como su forma, color, textura, y materiales. Igualmente debemos facilitar la comprensión del monumento sacado a la luz, sin desnaturalizar nunca su significado. Es decir que como el monumento se ha deteriorado o destruido parcialmente a través de los siglos, ha adquirido también una historia propia. Por tanto, nadie tiene derecho a cambiar esa historia. Ningún complemento puede ir tan lejos como para borrar las huellas del tiempo o sustituir los faltantes con imaginación e hipótesis.

Foto 50. Balamkú, Casa de los Tres Reyes, después de la reconstrucción protectora, 18 de febrero, 2000.
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En este sentido, resulta muy interesante referirnos al caso de Balam Ku en la estructura denominada De los Cuatro Reyes (véase Foto 49 y Foto 50, arriba), pues evidentemente la intención protectora y de conservación para el maravilloso friso de estuco puede ser calificada de ingeniosa y eficaz. Cumple con su misión, pues proporciona a los estucos un clima bastante estable evitándoles los efectos del viento, el calor, el frío, la humedad, y la lluvia. No obstante, las fotos referidas muestran con claridad que buena parte de esa estructura visible exteriormente no existía en 1993, pues el friso de estuco estaba expuesto a la vista de todos, cubierto con un techo de láminas como medio protector. Desconozco los pormenores de este trabajo y no me atrevo a opinar o criticar, pero la presencia de una cierta dosis de imaginación es más que evidente. Insisto, sin embargo, que en cuanto al objetivo de conservar, representa una solución eficaz por excelencia, puesto que estabiliza el microclima del objeto a ser conservado.

El sello de nuestra época

El hecho de poner un sello o marca de nuestra época es un tema controvertido. En numerosas obras de restauración ésto nunca fue tomado en cuenta y en otras, se utilizaron materiales y elementos no estéticos e incompatibles, como por ejemplo morteros de cemento Portland para hacer rejuntes, o concreto y hierro para sustituir elementos caídos o reforzar construcciones. En otros casos se ha cambiado la textura mediante materiales diferentes, poniendo pequeñas piedras que marcan las partes integradas, e inclusive hemos encontrado ejemplos en los que la reconstrucción no ha tenido límites, pero donde se remetieron los paramentos entre 5 y 20 cm del rostro original, a fin de hacer distinguibles las partes con alguna integración. Como ejemplos especiales mencionaremos los siguientes:

Concreto y hierro

Basta observar en la Foto 13, abajo, Foto 14, y Foto 15, para ver los hierros oxidados y la falla del concreto. La primera es de Uxmal. La segunda corresponde a la puerta principal del Templo IV de Tikal, donde se ve el dintel de concreto colocado en la época del Proyecto Nacional Tikal, que ahora, transcurridos menos de veinte años, ha fallado. La tercera foto, que tomé personalmente en Cahal Pech, Belice, en 1992, muestra el uso de abundantes barras de hierro para hacer una reconstrucción. En Uxmal actualmente se está quitando el concreto y los hierros para sustituirlos por dinteles de madera similares a los originales. Considero ésta una medida indispensable y correcta.

Foto 13. Uxmal, Cuadrángulo de las Monjas. Dintel de concreto deteriorado, 28 de julio, 2000.
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Paramentos remetidos

El sistema de paramentos remetidos consiste en reconstruir todo lo que sea posible utilizando los mismos materiales originales hallados en la excavación, pero cambiando la posición del rostro del muro, remetiéndolo un poco del original, según lo que puede observarse en las fotografías de Toniná, Palenque y Ek Balam (Foto 16, Foto 17, Foto 18, abajo, Foto 19 y Foto 20). En algunas oportunidades también se cambia el rostro de los sillares. Si en principio fueron rectangulares y finos, se ponen otros irregulares y rústicos; si fueron rústicos, se ponen otros finos y rectangulares.

Foto 18. Ek Balam, Templo 1, fachada sur, 1 de agosto, 2000.
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Restitución de volúmenes

La idea fundamental es restituir o reconstruir los volúmenes perdidos. Ésto se ha realizado mediante la reconstrucción de faltantes cambiando textura y aparejos, para sugerir la forma original, evidente o por analogía. A veces se ha modificado inclusive la inclinación de los originales. Vemos algunos ejemplos en Calakmul, Campeche, México (Foto 21, abajo, y Foto 22), y particularmente en Yaxhá, Petén, Guatemala.

Foto 21. Calakmul, Estructura 1, restitución de volúmenes como parte del proceso de restauración, 25 de julio, 2000.
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El caso de Yaxhá merece nuestra atención especial; allí se ha reconstruido usando la tierra de la misma ruina convertida en lodo, con piedras rústicas. Este material se coloca a manera de recubrimiento de núcleos o rellenos en mal estado, utilizando para ello una formaleta o molde de tablas (Foto 23, Foto 24, y Foto 25), como si se tratara de una fundición. De acuerdo con lo que ha explicado el director del proyecto, Oscar Quintana (comunicación personal, diciembre 2000), se trata de una especie de capa de sacrificio experimental; este elemento, si bien cambia el color, la textura, los materiales, y reconstruye faltantes con alguna dosis de imaginación, puede ser eliminado o sustituido en cualquier momento.

Piedras pequeñas y rajuelas

Las piedras pequeñas incrustadas en las juntas de sillares en muros restaurados, es un recurso que se ha utilizado de diferentes maneras. En algunos sitios del altiplano mexicano se ha generalizado la marca en toda la parte integrada; de este modo, es posible distinguir todo el trabajo nuevo. En la Foto 26, de Cholula, Puebla, México, se logra distinguir algo de lo dicho.

Foto 27. Tzibanché, mascarón, rajuelas formando una línea continua para señalar el complemento, 19 de febrero, 2000.
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En otros lugares como Balamkú y Kohunlich se ha usado la rajuela, que consiste en la colocación de pequeñas piedras rajadas y relativamente pulidas que, a la manera de una delgada serpiente, dibujan el límite entre lo que fue hallado in situ y las partes integradas (Foto 27, arriba, y Foto 28). En sillería de cortes rectangulares y un aparejo cuidadoso, los ejemplos que vemos en Ek Balam resultan de interés. Allí se utilizaron dos formas para distinguir las partes integradas: un remetido en la gran fachada del palacio principal con reconstrucción completa, al que ya nos hemos referido (Foto 18) y algo muy especial: una línea definida por medio de juntas parcialmente vacías que dibujan, sin sombra de dudas, el límite entre lo original y lo que ha sido integrado (Foto 29, abajo). Este último recurso también se ha usado en Kohunlich.

Foto 29. Ek Balam, Templo 1, detalle de juntas parcialmente vacías para dividir lo integrado de lo original, 1 de agosto, 2000.
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Una técnica personal

En mi caso particular, he creído que el respeto por la composición arquitectónica es fundamental. Por tal motivo, en Copán restauramos usando piedras del mismo monumento para no cambiar ninguna de las características de aparejo, forma, color o textura, pero empleando grapas metálicas galvanizadas colocadas a una distancia no mayor de 20 cm entre una y otra. Estas grapas, cuando se las examina de cerca, delimitan con claridad las partes integradas. Posteriormente, en el sitio de El Pilar, Belice, y en base a la misma idea, utilizamos clavos de aluminio, que son absolutamente inoxidables y constituyen claramente una marca inequívoca de nuestra época.

En Palenque, México, donde he estado actuando como asesor para la restauración de la Estructura XIX (1999-2000), surgió la idea de modificar este sistema de clavos o grapas inoxidables y las rajuelas por considerar que los metales, aunque son una clara evidencia moderna, tienden a ser muy contrastantes en un examen a corta distancia. Por tal razón, con una máquina especial, cortamos fracciones rectangulares de una piedra de un color gris muy oscuro, con una sección transversal de aproximadamente 1 cm × 2.5 cm, y una longitud que varió entre los 6 cm y los 8 cm. De la misma forma que en Copán o El Pilar, estas piedras rectangulares limitan las partes integradas y forman una línea de puntos con una separación de entre 10 cm y 15 cm (Foto 30 y Foto 31).

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