Imagen - Vasija de Cacao - K6706 © Justin Kerr FAMSI © 2003:
Carlos Rudy Larios Villalta
 

Criterios de Restauración Arquitectónica en el Area Maya

Materiales

Antes de hablar sobre los materiales que se utilizan en restauración, me parece importante explicar una palabra que hemos usado frecuentemente: la palabra estructura. De manera genérica, de acuerdo con el diccionario, este término se define así:

ESTRUCTURA:  Distribución, orden y enlace de las partes de un todo.
(Diccionario Enciclopedia Encarta 2000)

En el sentido puramente literal, cualquier producto de la naturaleza o del ser humano podría ser definido por este vocablo, pero en los medios arqueológicos, el término "estructura" ha venido siendo aplicado como una palabra genérica con la que se puede nombrar a cualquier construcción, siempre que sus diversas partes integren un todo. Debemos insistir en que se trata de un término de uso estrictamente genérico, de nodo que no tiene ninguna relación con la función social que ella haya desempeñado en la antigüedad.

Los términos "palacio", "templo", "vivienda", "patio", "plaza", y otros, son palabras que denotan una función social, de modo que no podemos utilizarlas mientras no se haya terminado la investigación arqueológica y ésta, a su vez, haya definido el uso que la estructura pudo haber tenido en sus orígenes.

Otro aspecto importante es explicar que la estructura o fábrica de las edificaciones mayas funciona de manera muy diferente a las construcciones y diseños modernos, pues están cumpliendo principios físicos diferentes. En las construcciones mayas, el fundamento principal es el equilibrio, que se logra no con una armazón rígida interna, sino más bien con la organización de los materiales de manera tal que el conjunto adquiera "equilibrio". Para usar términos matemáticos, se podría decir que los materiales de construcción están colocados de tal manera que sus "momentos" quedan anulados y son iguales a cero (R. Larios 1997:11).

En virtud de lo que acabamos de expresar, entendemos que la estabilidad de las estructuras mayas no depende de la fuerza o debilidad de los morteros, pues aunque hay excepciones, lo más frecuente es que encontremos lodos de arcilla o argamasas débiles de cal, o simplemente tierra caliza, usados como aglutinantes. Los recubrimientos superficiales tales como los aplanados, los estucos y los pisos, casi siempre han sido fabricados con cal de la mejor calidad, pues los constructores entendían muy bien la necesidad de impedir por todos los medios la filtración de agua.

En sí, los morteros utilizados, cualquiera que fuese el material, y aplicados con abundantes cuñas de piedras duras y delgadas, solamente contribuyen a lograr ese equilibrio perfecto en la organización de las piedras, ya sea en rellenos, masas constructivas de sustentación, o en el aparejo de los muros finales.

Las técnicas modernas de construcción, así como nuestro concepto actual de la estructura y los materiales disponibles, ha influido en muchos restauradores de edificaciones prehispánicas, haciendo que usaran materiales fuertes, como los morteros de cemento o las barras de hierro (como en el caso de Kahal Pech, Foto 15), buscando la estabilidad a través de la fortaleza de los materiales modernos. Sin embargo, el fundamento estructural maya tiene poco que ver con la dureza del aglutinante.

Foto 52. Copán, experimento: construcción a escala de bóveda sin aglutinante, octubre de 1986.
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Como ejemplo extremo, me permito mostrar la Foto 52, arriba, que es un arreglo experimental de piedras cortadas a escala, en las que no se utilizó aglutinante o mortero alguno. Las piedras solamente se organizaron con pequeñas cuñas para alcanzar el equilibrio deseado. Son cinco hiladas superpuestas que rompen la posición vertical, imitando una parte de la bóveda maya (Copán, octubre de 1986).

Argamasas

Aclarado lo anterior, estamos seguros de que se comprenderá la razón por la que recomendamos evitar, hasta donde sea posible, el uso de cemento Portland en las mezclas aglutinantes, limitándonos a utilizar mezclas de cal de la mejor calidad. Reconocemos que en la actualidad es un tanto difícil obtener cal viva, o cal cáustica, pues en los lugares de producción se prefiere vender cal apagada o hidróxido cálcico. No obstante, es mucho mejor tratar de obtener cal viva para poder apagarla en la obra misma. Esto es, colocando cal viva en una batea o caja extensa de madera, y vertiendo abundante agua limpia sobre ella para poder controlar de primera mano su reacción química. Esto permite que eliminemos las piedras que no reaccionan correctamente, para quedarnos con la cal de mejor calidad.

El fuego en el horno transforma las piedras o carbonato de calcio en óxido de calcio o cal viva, y éste a su vez, al ser mojado, reacciona transformándose en un hidróxido cálcico, cal apagada o hidratada. (No confundir con cal hidráulica, que se obtiene de piedras de carbonatos de calcio y un porcentaje de arcilla y que se endurece al contacto con el agua).

La capacidad de la cal dependerá de tres factores: la clase de piedra de que se trate, la temperatura y homogeneidad de calcinación en el horno, y el grado de hidratación. Es conveniente dejarla sumergida en agua por un período tan largo como sea posible. En casos especiales, como el de los resanes y la fijación de estucos, la cal debe permanecer en agua un mínimo de uno a tres meses, aunque si es posible, se la debería dejar un año o más. Con este tratamiento obtendremos un hidróxido cálcico excelente. Entiendo que en México es posible conseguir cal química, que cuenta con un alto grado de pureza, y que los restauradores de bienes muebles recomiendan como un material especial.

Si lo anterior no fuera posible, la cal hidratada de bolsas comerciales puede ser un aglutinante aceptable para la preparación de las argamasas que se usarán en la reintegración o integración de sillares durante los trabajos. Claro está, si nuestra labor incluye andenes para el paso de miles de turistas, quizás el cemento sea un material apropiado. Pero para restaurar, debemos utilizar un material que sea compatible con el original. Tres partes de arena o sascab, en áreas calizas, por una parte de cal, resulta una mezcla aceptable. Si la calidad de la cal deja mucho que desear, excepcionalmente podremos utilizar cemento, en una proporción que no exceda el 5%.

Sillares o mampuestos

Para la restauración de arquitectura es necesario utilizar materiales compatibles y que no sean contrastantes, para no cambiar el color, la forma, o la textura del monumento, de modo que en aquellos casos en los que tenemos las piedras originales, no veo ninguna razón para no usarlas en la misma forma en que fueron organizadas originalmente. No obstante, la huella de nuestro tiempo sigue siendo necesaria. Así, estaremos guardando un aspecto integrado y a la vez, permitiendo que todo aquél que esté interesado o sea un conocedor, pueda, en una inspección de cerca, distinguir las partes integradas o complementos, al igual que las evidencias que permitieron realizarlos.

Ya hemos dicho que hasta el momento no contamos con especificaciones de restauración para monumentos mayas o prehispánicos. Sin embargo, he encontrado un documento interesante que se titula "Especificaciones Generales de Restauración". No está dedicado a la arqueología, sino que fue publicado por la Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas de la República de México, México D.F., 1981. En general se refiere a monumentos coloniales e históricos.

Explicamos también que en cierto modo, los fundamentos de restauración y aspectos conceptuales de los monumentos coloniales son más o menos similares que para lo prehispánico, diferenciándose básicamente en la función social que el monumento tenga hoy en día. En tal virtud, resulta de interés lo que el documento dice literalmente:

4.01 MATERIALES PÉTREOS:

4.01.1 Piedras naturales.- Deberán ser similares a las originales en cuanto a procedencia geológica, color, dimensiones y textura. Se procurará buscar el mismo banco; de no ser posible, se usarán materiales lo más semejantes. Cuando la piedra original haya sido muy deleznable, se buscará un material más resistente pero con aspecto parecido al deseado.
(Especificaciones Generales de Restauración, pág. 17)

Como vemos, también en la restauración colonial el criterio es no cambiar ni el color ni la textura de las partes integradas. En nuestro caso, como ya dijimos, el uso de las mismas piedras del escombro recuperadas durante la investigación, constituye el mejor material para reproducir la fábrica original, siempre y cuando lleve el sello de nuestra época y pueda ser distinguible en una inspección a corta distancia.

La situación opuesta se nos presenta cuando no tenemos piedra de la misma ruina porque ésta se ha destruido totalmente debido a su fragilidad y a la caída durante el colapso. Tikal, Xunantunich, El Pilar, y otros lugares del área, son casos típicos en los cuales la piedra original era tan suave, que al caer durante el colapso se transformó en polvo o fracciones tan pequeñas que no nos proporcionaron piedras suficientes para restaurar. En este caso, mi consejo es similar al que expresé con anterioridad: debemos buscar un banco de materiales que cumpla con las especificaciones necesarias.

Claro está, si trabajamos con sumo cuidado tal vez nos sea posible encontrar algunas piedras originales todavía en buen estado. Sería un pecado echarlas a la basura y en tal caso considero que debemos aprovecharlas hasta donde nos sea posible, tratando incluso de entender de dónde vienen, para intentar una reintegración.

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