Imagen - Vasija de Cacao - K6706 © Justin Kerr FAMSI © 2003:
Carlos Rudy Larios Villalta
 

Criterios de Restauración Arquitectónica en el Area Maya

Kaminaljuyú

En base únicamente al sentido común, hemos utilizado techos temporales o permanentes como una medida protectora hacia los bienes culturales. Mi experiencia con ellos ha sido muy especial. Me inicié trabajando en el Montículo DIII-1, en Kaminaljuyú, un sitio maya situado en la propia ciudad de Guatemala. Corría el año de 1963, y al mando de don Gustavo Espinoza, Inspector General de Monumentos, Miguel Orrego y yo tuvimos la oportunidad de liberar con nuestras manos un tesoro incomparable: se trataba de modelados en talpetate con arcilla, cruda y polícroma, integrados como decorado a una arquitectura del mismo material (Foto 32, Foto 33, y Foto 34, abajo). El estado de conservación de estos modelados era en realidad excelente, y todavía era posible ver algo de sus colores originales.

Foto 32. Kaminaljuyú, Estructura DIII-1, mascarón modelado en arcilla y talpetate, 1963.

Foto 33. Kaminaljuyú, Estructura DIII-1, tres personajes modelados en arcilla y talpetate, 1963.

Foto 34. Kaminaljuyú, Estructura DIII-1, personaje sobre calabaza modelado en arcilla y talpetate, 1963.

El adobe, como se le ha llamado a este tipo de construcción, si bien no se trata de un adobe real sino de un gran modelado de talpetate y arcilla, arena de río y piedra pómez, es quizás el material más difícil de conservar, es débil, y se ve afectado tanto por la humedad como por la falta de agua. No obstante, hace treinta y siete años, construimos un techo "provisorio" con madera rústica de pino y láminas de zinc, muy ventilado, que todavía sigue allí cumpliendo con su misión protectora.

El problema que pude detectar durante mi última visita ocurrida en noviembre del 2000, no fue la efectividad del techo, pues éste ha venido cumpliendo eficazmente con su cometido, aunque su estado es deplorable. Las máscaras modeladas como partes de la arquitectura se han deteriorado por causas humanas y por la ausencia total de asistencia especializada. En la Foto 35, abajo, observamos cómo se intentó reparar una de ellas, la cual, al decir del vigilante, se dañó durante el terremoto de 1976. También vemos que quien estuvo a cargo de la tarea no tenía la menor idea de cómo hacerla, y que carecía de toda habilidad artística. Compárese con la Foto 32, de 1963.

Foto 35. Kaminaljuyú, Estructura DIII-1, el mismo mascarón de arcilla de la Foto 32, cuando se intentó su reparación, 14 de noviembre, 2000.
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Los personajes que vimos en la Foto 33 y en la Foto 34, junto con otros elementos modelados de los que no tengo ilustraciones, desaparecieron totalmente por factores humanos de los que no hablaremos aquí en detalle. Es evidente, no obstante, que la fracción de mascarón más difícil de alcanzar por la gente (Foto 36, abajo) todavía se preserva en buen estado (Foto 37 y Foto 38, abajo). El techo, en este caso, ha sido una herramienta eficaz y ha cumplido con su misión protectora.

Foto 36. Kaminaljuyú, Estructura DIII-1, restos de un mascarón modelado en arcilla y talpetate, de difícil acceso para los visitantes, 14 de noviembre, 2000.
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Foto 37. Kaminaljuyú, Estructura DIII-1, fracción de mascarón y vista general del edificio, 14 de noviembre, 2000.
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Foto 38. Kaminaljuyú, Estructura DIII-1, vista general del área de los mascarones, 14 de noviembre, 2000
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De igual manera podemos referir la parte que conocemos como "La Palangana", cuyo techo todavía funciona a pesar de haber sido construído hace más de cuarenta años. Las estructuras que protege también se han deteriorado más por la acción humana y las eventuales penetraciones de agua de lluvia, que por los años transcurridos.

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