Criterios de Restauración Arquitectónica en el Area Maya
¿Qué podemos hacer?
Tratar de lograr un clima estable
Sabemos muy bien que la lucha es contra los elementos naturales, de modo que forzosamente tendremos que reconocer nuestra incapacidad para modificarlos o eliminarlos del ambiente:
Se reconoce universalmente que la mejor manera de preservar los bienes culturales consiste en acondicionar el aire de las salas de los museos, manteniendo así alrededor de aquellos, condiciones constantes de temperatura y humedad con un grado aceptable de pureza atmosférica.
(Coremans, 1962, pág. 35)
En el caso de la arquitectura que queremos conservar, no es posible ponerla dentro de edificios en condiciones de estabilidad climática y pureza similares. Sin embargo, ésto, más los ejemplos que vimos en Tikal, Copán, y en muchos otros sitios de Belice y el norte del Petén, nos da la base para postular que no es la falta ni el exceso de humedad lo que preservará los edificios, sino la estabilidad del clima y el microclima. Recordemos que el mascarón dentro del túnel de la Estructura 5D-33, 2° en Tikal (Foto 46, abajo), así como varios estucos modelados dentro de túneles en Copán, son claras muestras de que la humedad elevada dentro de condiciones totalmente estables no es dañina.

En el libro El deterioro y la conservación de materiales porosos de construcción en monumentos, una revisión bibliográfica, traducido al español por Luis Torres, leemos:
"Los cloruros son muy higroscópicos y son las sales las que se disuelven primero durante la condensación del agua presente en el aire circundante. Una vez en solución son muy activas en relación con tres aspectos: son muy móviles y por ello penetran y rompen muchas estructuras cristalinas; peptizan, es decir suspenden en agua grandes conglomerados de moléculas; y por último aumentan la no estequiometría de los cristales. Estas propiedades de los cloruros explican la peligrosa lixiviación del medio cementante observada en piedras que contienen estas sales. De allí que tales materiales de construcción tiendan a pulverizarse. Los nitratos y las sales de los ácidos orgánicos son igualmente peligrosos."
(T. Stambolov, 1984, pág. 13)
Dicho en palabras simples, los cloruros cuando cristalizan en los poros de las piedras o estucos, aumentan su volumen y por tanto son agentes destructores que transforman la piedra en polvo. La acidez de las materias orgánicas en descomposición se suma a este fenómeno, y transforma los minerales, destruyendo las piedras. Ahora bien, cuando los monumentos se encuentran en áreas sombreadas, las sales solubles no logran cristalizar, pues el ambiente húmedo no se los permite, y por lo tanto parecen inocuas. En áreas soleadas, por el contrario, estas sales cristalizan al salir el sol y se licúan nuevamente debido a la humedad de la noche.
La microflora, que ha dado coloración a casi todos los edificios y basamentos, constituye también un elemento destructivo, según lo define Mason Hale (hijo), en su estudio sobre el tema (1975). Sin embargo, como él mismo reconoce, nada puede compararse con el daño que hace la disolución de los materiales a causa de los procesos meteorizantes del clima. Ésto es lo que nos dice:
"Mientras que la microflora está causando un deterioro extenso pero de nivel relativamente bajo, la exposición de la piedra caliza de Tikal a los elementos naturales es más conspicua y más seria para la futura conservación de los monumentos."
(M.E. Hale, 1975: pág. 318)
La pequeña vegetación que colorea las paredes de los edificios, cuando se seca durante los períodos en que no llueve, se cae, llevando consigo partículas de piedra o estuco. Sin embargo, a través de los años hemos visto que cuando esta capa permanece húmeda y no cae, también puede tener hasta cierto punto un efecto conservador o en todo caso mucho menos dañino que las sales solubles en agua.

Ésto puede ser comprobado en interiores de edificios que hoy en día, treinta y cuatro años más tarde, todavía conservan sus estucos originales resguardados por la capa de algas que les da coloración. Al menos a simple vista, no podemos apreciar claramente el deterioro que puedan presentar, con la excepción de los daños causados por los visitantes que quieren dejar escritos sus nombres (Foto 56, arriba). Esto no ocurre en áreas soleadas, donde los efectos de las sales son catastróficos y avanzan inexorablemente (Foto 42 y Foto 43).
Conscientes de lo delicado de la situación y sabiendo que el enemigo es poderoso, considero que nuestra misión, hasta tanto se encuentren mejores herramientas, es tratar de evitar el cambio del ambiente en que los monumentos han permanecido por más de doce siglos. Ellos se han estabilizado dentro de la selva que los protege, y no podemos eliminarla como ya se ha hecho en el pasado.
En el caso de la Escalera Jeroglífica de Copán, mi propuesta, frente a la realidad ya descrita, fue la de tomar una decisión valiente y ponerla dentro de un edificio especial, colocando una réplica en lugar de las piedras originales. No obstante, las tendencias de conservación in situ, en 1997, convencieron al Instituto Hondureño de Antropología e Historia de hacer un estudio científico previo y un monitoreo de dos años de duración.
El objetivo del estudio, en el que intervinieron especialistas del Instituto Getty de Conservación, y que contó con el apoyo de UNESCO y del cual todavía no conozco los resultados, es definir el método más conveniente para mantener el monumento más importante de la literatura y la escultura maya expuesto in situ y a la vista del turismo. Esperamos que la solución, cualesquiera que ésta sea, llegue a tiempo.
Por último, debo decir que lo más peligroso para la conservación es la falta de atención que sufren los sitios ya restaurados. Vemos que se trata de un mal generalizado, no se cuenta con personal capacitado en conservación, e incluso el mantenimiento se ha reducido a pasar la escoba y usar el machete, el cual en muchas oportunidades también puede ser un agente de destrucción. En varios sitios arqueológicos cuyos nombres no mencionaré aquí, puede observarse cómo el machete de las cuadrillas de limpieza ha contribuido a la destrucción de las piedras fundamentales de las estructuras restauradas.
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