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Criterios de Restauración Arquitectónica en el Area Maya
Evacuar el agua de lluvia, el enemigo No. 1; El caso del corte arqueológico de Copán
Somos conscientes de los peligros que el agua encierra para la conservación de edificaciones antiguas, no solamente como agente de disolución y transformación de algunos minerales componentes de las piedras de construcción, sino también, y a una escala mayor, como agente de erosión y colapso. Explicamos que cuando las aguas de lluvia penetran en los rellenos y masas constructivas, los materiales aglutinantes, especialmente las arcillas, incrementan su volumen y consecuentemente causan presiones laterales que empujan, deforman, y pueden llegar a causar el derrumbe de partes de las estructuras.

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El corte arqueológico de la Acrópolis de Copán (Foto 58, arriba) es un caso típico. Las aguas del río socavaron la base de esta enorme construcción y a lo largo de pocos siglos, llegó a cortarla en una longitud que excedió los 200 m y una altura próxima a los 30 m. El río, como elemento destructor, fue desviado de su cauce en 1945 por el proyecto de la Carnegie Institution, con la intención de frenar de una vez por todas el proceso de destrucción. Pese a ello los derrumbamientos continuaron (Foto 59) sin interrupción, amenazando con acabar totalmente con la Acrópolis.
La preocupación de todos los que estábamos al tanto del problema fue en aumento, y se presentaron varias propuestas que buscaban estabilizar el corte. Unos proponían construir muros de gaviones, otros, muros de mampostería para apuntalar el corte, etc. Mi propuesta, elaborada durante mis primeros años en Copán, consistía en estabilizar el corte de la misma manera que lo haríamos con una estructura pequeña, esto eso, restaurarlo, permitiendo que todos sus rasgos estructurales quedaran visibles para su debida interpretación.
El plan fue presentado en 1985 al gerente del Instituto Hondureño de Antropología e Historia de aquellos años, Lic. Ricardo Agurcia F., y desde aquel momento, restaurar el corte pasó a ser un sueño que veíamos difícil de realizar, pues como era de esperar, la institución carecía de los recursos económicos para hacer frente a dicho emprendimiento. No obstante, y después de varios años de espera, la obra se llevó a cabo con el apoyo del Ministerio de Obras Públicas primero, y después del Fondo de Inversión Social (FIS) a través de la Asociación Copán, entre los años 1988 y 1993.
Lo importante en este caso es explicar que el proyecto se fundamentó en que si podemos restaurar arquitectura formal, también habríamos de poder restaurar o estabilizar el corte mismo. Básicamente, trataríamos de conservar todos los rasgos arquitectónicos existentes, estabilizándolos y definiendo los diferentes estratos constructivos (Foto 60). En las partes rotas sin arquitectura, sería como restituir algo del volumen perdido o debilitado con embones, a manera de un muro de contención para reconstruir el corte (Foto 61). Además, al entender claramente el peligro de las filtraciones de agua, nuestro proyecto incluyó la estabilización del patio oriental y las escalinatas al borde del corte (Foto 62, abajo).

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El cauce del río, cancelado en 1945, todavía estaba allí y llevaba agua durante las temporadas de lluvia. Los primeros sondeos al pie del corte nos revelaron que toda la Acrópolis estaba asentada sobre la capa freática, de modo que lo primero que se propuso fue un talud de tierra y piedra que hiciera las veces de apuntalamiento en la base del corte. El talud finalmente cubrió unos 5 m de altura en la base, y se extendió con una leve inclinación, hasta la orilla misma del río Copán (Foto 63, abajo).

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El resultado final fue exitoso. Logramos estabilizar una extensión próxima a los 200 m de longitud, con una altura entre los 20 m y los 25 m, más las escalinatas del límite este del patio oriental, al borde del corte. Las fotos (Foto 64 y 65, abajo, y Foto 66) muestran el proceso y algo de la parte final de los trabajos. Claro está, aquellos trabajos no fueron sino el primer paso en la tarea de conservar. Hace falta un mantenimiento constante que mantenga la superficie de lo restaurado en un estado tal, que las aguas de lluvia se desalojen rápidamente y no tengan oportunidad de filtrarse. De lo contrario, el proceso destructor se reiniciará.

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