Identificando Distintas Manos de Artistas en los Monumentos de Kinich Ahkal Mo Naab, en Palenque
Los Escultores de las Inscripciones de Piedra
Estos ejemplos deberían bastar para mostrar que incluso en un texto corto de 12 glifos, el capataz que trabajaba para Akal Mo Nab consideró apropiado emplear al menos tres escultores expertos en estucos. Uno de ellos también parece haber trabajado en la inscripción del Templo XVIII. Pero la producción de textos de estuco fue hecha pieza por pieza: los glifos se modelaban en forma individual como si fueran galletitas, se los secaba, y entonces se los insertaba en un lecho de estuco húmedo sobre el muro. La desventaja de este procedimiento es que la unión entre el glifo y el sustrato era un tanto débil, y que con el tiempo los glifos se desprendían y caían sobre el piso. La ventaja, desde el punto de vista de la producción, es que no era necesario que ningún glifo fuera hecho en las proximidad de ningún otro; uno podía distribuir la tarea entre distintos artistas, y tener el trabajo listo con mucha mayor prontitud.
¿Pero qué sucedía con las inscripciones en piedra? Cada escultor necesitaba un mínimo de espacio disponible. La mayoría de las inscripciones en piedra son monolíticas, y uno supondría que cualquiera de ellas sería más pequeña, digamos, que el tamaño de un hombre adulto, para que hubieran sido el trabajo de un sólo artista.

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Ciertamente, éste es sin ninguna duda el caso del célebre Tablero de los 96 Glifos (de 124 cm de largo, hecho en el año 783 d.C. por Kinich Kuk-Balam y hallado en el Court of the Tower, Figura 15). El trabajo único de su brillante y extravagante artista se reconoce instantáneamente. Otras piezas hechas por el Maestro de los 96 Glifos son la Lapida de la Creación (Figura 16, encontrada junto con el Panel of the 96 Glyphs), dos losas trapezoidales que hacen juego con imágenes de Chaak (Figura 17), y dos fragmentos de la Fachada Norte del Palacio (Schele & Mathews, 1979, artículo #37, mi Figura 18). Todas ellas parecen haber formado parte, en algún momento, de un único trono o conjunto de plataforma.

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El trabajo de este maestro es reconocible en parte porque él (o ella) tiene una preferencia por los glifos y las imágenes incisas. Buena parte de los talladores mayas esculpieron glifos en un relieve (relativamente) naturalístico, recurriendo al modelado volumétrico para embellecer las formas. Por el contrario, el Maestro de los 96 Glifos cincela sus formas, copiando con precisión los trazos caligráficos dibujados y modelados del modelo pintado. Esta caligrafía cincelada no es común entre los mayas (aunque es lo habitual para China y Japón, y también lo fue para la Antigua Roma).

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Los textos mayas incisos aparecen más frecuentemente en contextos no monumentales, como por ejemplo las conchas inscritas, los bastones de mando y demás, y en monumentos, en firmas de artistas y en textos menores, como uno puede ver en las piedras de Piedras Negras, Yaxchilán, Bonampak, El Perú, y Kalakmul (Figura 2 y Figura 21). Uno también puede ver textos incisos en Palenque en los soportes de incensarios de piedra, como los que se hallaron en el Templo de la Cruz y en el Templo XVIII (Schele & Mathews, 1979, #281 y #391, mi Figura 22). Los textos incisos con un propósito más prominente son mucho más raros, y entre ellos se cuentan algunas estelas del Clásico Temprano de Caracol (Figura 23), la Piedra 1 Esculpida de Bonampak, y la Plataforma o Trono del Templo XIX de Palenque, del cual nos ocuparemos a continuación.
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