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El Proyecto Piedras Negras: Informe Preliminar de la Temporada de Campo 2000
En la tierra de los Señores Tortuga:
Investigaciones arqueológicas en Piedras Negras, Guatemala
Stephen Houston, Héctor Escobedo, Mark Child, Charles Golden, Richard Terry, y David Webster
Estudios Varios y Reconocimiento
El trabajo osteológico continuó a buen ritmo, centrado en los 37 entierros de la temporada de campo 2000 y los 71 encontrados en temporadas anteriores. Como muestra, los estimados de altura (n=4 de análisis previos, dejando de lado este año) indican una altura inusual, de aproximadamente 10 cm por sobre el promedio de los mayas del Clásico (Scherer y Yoder, 2000). Esta diferencia de altura es menos probable que sea genética que el resultado de una dieta adecuada y una menor presión del entorno durante la adolescencia, la cual, no obstante, se dio durante el transcurso de un alto grado de estrés durante la infancia, según lo señala una alta tasa de defectos de esmalte. La muestra esquelética pone en evidencia una tasa relativamente alta de caries y anemia, similar a los patrones del Petexbatún pero distintos de los de Belice. Aunque quedan pendientes más análisis isotópicos, ésto tentativamente podría sugerir una dieta predominantemente a base de maíz. Otro atributo llamativo es la posibilidad del consumo de mandioca. Cerca del 30% de los individuos presentan desgaste lingual en los dientes del maxilar, un patrón de fricción que se condice con la acción de separar la mandioca dulce con los dientes durante la ingesta. También, con la continuación de los trabajos, se tratará de ubicar fitolitas de mandioca en los cálculos dentales.
Los estudios de suelo y de medio ambiente complementaron las investigaciones de temporadas anteriores, que se realizaron rutinariamente como una herramienta de prospección en todas las áreas residenciales del sitio. El paisaje de los suelos fue estudiado a través del tiempo por medio de pozos ubicados a intervalos regulares a través y a lo largo del valle, investigado intensivamente por miembros del equipo de excavación de los suburbios. Uno de los pozos puso al descubierto evidencias decisivas de un horizonte de suelo enterrado con una superficie de cultivo no lejos de Brecha Sur 25 (Operación 26A). Los pozos abiertos en los costados del valle develaron un suelo delgado no apto para el cultivo intensivo. Se tomaron los comienzos de una muestra de vegetación de más de 50 especies de plantas en flor, para compararlas con el material flotado por Jensen de casi todos los basurales del sitio. El equipo de suelos, acompañado por Golden y Alejandro Guillot, también viajó a la zona del Arroyo Macabilero, justo enfrente del importante centro subsidiario de El Cayo (Aliphat, 1994). Un reconocimiento anterior realizado por Edwin Shook y el proyecto del University Museum había hallado terrazas casi del megalítico, aunque las localizaciones que anotaron estos exploradores resultaron ser engañosas. Algunas montañas cerca del río estaban así aterrazadas, y con las pruebas se recuperaron materiales del Clásico Temprano y Tardío. Cada colina parecía haber estado ocupada por un grupo de patio, con terrazas que se extendían hasta la cima de los cerros, probablemente con fines agrícolas. De interés resultó que allí donde un cerro miraba hacia el río Usumacinta, el grupo de patio tendía a estar tan lejos del agua como fuera posible. Allí donde la colina se acercaba al apartado Macabilero, el grupo de patio se hallaba todo lo cercano al curso de agua que era posible, considerando la topografía. Aunque esta no es una muestra representativa del asentamiento en el área, puede dar un indicio del afán de estar protegidos frente a posibles amenazas que bajaran por el Usumacinta, en una región que estaba en el medio de los conflictos entre Piedras Negras y Yaxchilán. Un lago resultó tener una isla con un único montículo que puede haber sido separado de las tierras continentales por los mismos mayas. Otros pozos más tierra adentro, en una savana que se inunda estacionalmente, sugirieron una descarga estacional y unas "franjas" estratigráficas, que pueden ser útiles para futuros análisis del antiguo medio ambiente en esta zona ecológicamente notable. Vigorosos cursos de agua fluían inclusive en lo más álgido de la estación seca. El Macabilero tenía aguas tan cristalinas como las corrientes de agua del Arroyo Pucte, un tributario del Río Pasión que Houston visitó en 1988. La presencia de campamentos abandonados de la guerrilla en el área acentuaban el sostenido atractivo de este paisaje.
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