Imagen - Vasija de Cacao - K6706 © Justin Kerr FAMSI © 2005:
Robert J. Sharer
 

Programa Acrópolis Temprana de Copán, Temporada de Campo 2000

Conservación de los Artefactos

La otra mitad del programa de conservación del ECAP está centrada en la preservación de los materiales arqueológicos excavados, que son trasportados hasta el laboratorio de campo en el Centro Regional de Investigaciones Arqueológicas (CRIA), ubicado junto al sitio. Durante la temporada de campo del año 2000, el ECAP nuevamente se benefició en muchos sentidos con el trabajo experto de una conservadora profesional, Lynn Grant, del Departamento de Conservación del Museo de la Universidad de Pennsylvania. Durante su estadía en Copán, Lynn se desempeñó como parte del equipo de investigación que completó el retiro de las ofrendas de la Tumba Margarita (Figura 1). En dicho carácter, fue una vez más responsable de garantizar las necesidades de conservación de todos los objetos que quedaron expuestos durante el proceso de excavación, y de prepararlos para su retiro y transporte al laboratorio de campo del ECAP. Se puede tener alguna idea acerca del carácter crucial y exigente de esta tarea a partir de saber que durante la temporada de campo del 2000, se retiraron del piso de la Tumba Margarita un total de 3.707 artefactos (sin contar agrupamientos no identificados y muestras) y 13 huesos humanos (en su mayoría huesos pequeños de manos y pies). Sólo la buena cooperación entre los arqueólogos y la conservadora que trabajaron juntos día tras día en la tumba, hicieron posible que tantos artefactos y materiales efímeros pudieran ser tan satisfactoriamente recuperados.

Cada vez que en el piso de la tumba aparecían objetos particularmente frágiles, por lo general se los conservaba en situ antes de removerlos. La etapa final de la excavación de la Tumba Margarita durante la temporada de campo del año 2000, dejó a la vista numerosos artefactos especialmente importantes y frágiles, de modo que la presencia del trabajo experto de Lynn en conservación, nuevamente fue crucial para la excavación y remoción de estos elementos. La ofrenda más grande y complicada que se encontró en el piso de la Tumba Margarita parecía ser, cuando se la terminó de limpiar, una masa amorfa de cinabrio y escombros (Figura 2). En cambio, resultó ser una concentración de más de 2.000 objetos, entre ellos un cesto pintado y otros objetos orgánicos, dos espejos de pirita, conchas marinas, una espina dorsal de raya con púas, y una gran masa de cuentas de jade y anillos de concha que probablemente estuvieran ensartados en forma de collares y otros adornos. Estos objetos originalmente habían sido puestos en cestos, bolsas, y calabazas pintadas, agrupados en el centro del piso.

Uno de los más notables de estos envases perecederos y decorados, era la tapa pintada al estuco de un cesto, con un diseño polícromo de líneas finas. La cuidadosa excavación y conservación de esta tapa permitió determinar que se había caído y chocado con otro objeto cercano, lo que resultó en numerosas capas superpuestas de escamillas desmenuzables de pintura. Cuando se la vió por primera vez, sólo un fragmento del borde y la capa de estuco con impresiones bien preservadas de la ahora arruinada cesta, estaba a la vista. Bajo la guía de Lynn, el equipo de excavación logró consolidar, levantar, y limpiar el fragmento que reveló la representación de una figura de perfil que usaba un tocado de turbante decorado similar a aquellos que fueron descritos como los que usaban los reyes en los monumentos de Copán (Altar Q, por ejemplo). Una vez que la tapa de la canasta pintada fue retirada, se comenzó a trabajar en el resto del yacimiento central. Esta concentración incluía contenedores perecederos llenos de vueltas de cuentas de jade, atados de agujas trabajadas de hueso, y anillos de concha labrada. Algunos de los anillos tenían rostros tallados, cuyos rasgos incisos se veían realzados por un relleno de cinabrio rojo brillante, y con aplicaciones de jade en los ojos. Estos objetos son especialmente interesantes puesto que en otras tumbas de Copán no se han hallado tales cantidades de anillos y agujas. En las proximidades se encontraron púas de rayas que podrían haber sido usadas para derramar sangre, al igual que las bases de dos de los cestos de paja, que se habían preservado debajo de las vueltas de cuentas de jade y concha que habían conservado en su interior por más de 1500 años.

Sobre el lado oriental del yacimiento central, había dos espejos de pizarra y pirita. Estos espejos, similares a los hallados en Kaminaljuyú y otros sitios mayas, estaban hechos con trozos de pirita altamente pulida sujetos a un soporte de pizarra pintada con diseños coloridos y de líneas finas. Los espejos, antes de ser ubicados en el piso de la tumba, habían sido envueltos en un textil de trama apretada y puestos en un bulto dentro de un embalaje amarrado flojo. La primera indicación que tuvimos en cuanto a que los soportes de pizarra de los espejos podrían haber estado pintados, surgió cuando se limpió el borde del espejo inferior. Esto dejó a la vista una serie de pequeños puntos y estrellas amarillos pintados. La limpieza ulterior reveló que la totalidad del soporte estaba cubierta con un diseño. Lamentablemente, el deterioro de la pirita que conformaba la superficie reflejante de cada espejo produjo ácido sulfúrico, lo que causó corrosión y descoloramiento en el soporte de pizarra y su superficie cubierta con estuco. Aunque no es fácil de ver, los soportes de los espejos están decorados con el mismo estilo de líneas delgadas que se observan en un vaso vívidamente pintado al que se conoce con el apodo de "El que deslumbra" ("Dazzler"), encontrado en 1993 cuando la Tumba Margarita se abrió por primera vez (véase Análisis de Otros Artefactos). Probablemente ambos espejos se usaban suspendidos de una cuerda.

El lado oriental del piso de la tumba estaba cubierto por cantidades de agujas agrupadas en dos bultos de alguna envoltura orgánica, tal vez un textil. Mientras que todas estas agujas están hechas de hueso trabajado, las del grupo norte tienen manchas de un color verde azulado brillante. Si bien las agujas pueden haber formado parte de un "kit de instrumentos de costura", la cantidad sobrepasa en mucho a la que podría haber usado una sola mujer. Hace algunos años, la conocida mayista Linda Schele había sugerido que los elementos del ajuar funerario podían indicar que la mujer que se hallaba en la Tumba Margarita estaba vestida como un aspecto de la Diosa Lunar, y las agujas podrían respaldar esta tesis, porque éstas habrían formado parte importante de los instrumentos de tejido que eran característicos de algunas representaciones de esa deidad.

Lo que quedaba del piso de la tumba estaba cubierto por una serie de yacimientos similares a los que se encontraron en el centro —las concentraciones de cuentas de jade, calabazas pintadas llenas de cinabrio, y dos piedras de moler pequeñas, que tal vez fueran usadas para preparar el pigmento. Cerca del extremo norte del piso, se encontró un par de orejeras de mosaico de jade y madreperla, mientras que en el extremo sur se halló un cuenco de cerámica y otros pocos artefactos. La perturbación de los objetos sobre el lado oeste sugiere que en la antigüedad se entró nuevamente en esa cámara, lo cual es compatible con observaciones anteriores realizadas en otras áreas de la tumba.

Después de despejar y llevar a cabo el tratamiento preliminar de la tumba, estos delicados restos fueron retirados y transportados al laboratorio de campo para su ulterior estudio, limpieza y conservación. Es en el laboratorio de campo donde se desarrolla la segunda fase del trabajo de Lynn durante cada temporada de campo (Figura 3). En el 2000, a continuación del transporte de todos los artefactos del piso de la Tumba Margarita al laboratorio de campo, cada uno de ellos fue revisado para determinar sus requerimientos de conservación. En el caso de los dos espejos de mosaicos de pirita, hizo falta mucho trabajo extra para limpiar y estabilizar los restos de los frágiles diseños pintados de estuco. Esta tarea fue altamente exitosa, puesto que como resultado, casi la totalidad del área con diseños de uno de los espejos, y la mitad del área con diseños del segundo espejo pudieron quedar a la vista, ser conservadas y documentadas en dibujos y fotografías. Muchos de los otros objetos sumamente frágiles que se recuperaron de la Tumba de Margarita, como la tapa de la cesta con diseños pintados con estuco, fueron objeto de tratamientos igualmente exitosos que garantizaron su conservación en cada caso, su cuidadoso registro y su almacenaje a buen recaudo en contenedores seguros.

Finalmente, se tomaron medidas para asegurar que uno de los objetivos primordiales del ECAP continuara cumpliéndose, mucho después que el proceso de investigación y conservación se diera por terminado. El objetivo en este caso era garantizar la conservación a largo plazo de todos los materiales recuperados durante las excavaciones del ECAP en el lapso comprendido por las investigaciones de Copán. Esta meta se está cumpliendo a través de los esfuerzos continuos para volver a albergar todos los materiales previamente excavados en recintos apropiados para archivos, y por el monitoreo permanente de todos los artefactos en su entorno de almacenamiento, con la práctica de conservación adicional allí donde los objetos lo requirieran. Para resolver el problema de la creciente falta de espacio seguro de almacenamiento, se usaron los fondos de FAMSI para comprar e instalar dos gabinetes metálicos adicionales, que pudieran cerrarse con llave, para almacenar objetos. Como resultado, cuando finalizó su temporada de campo 2000, el ECAP había cumplido con la obligación de proporcionar un espacio de almacenamiento seguro para todos los artefactos y muestras que se excavaron.

Página Anterior  |  Contenido  |  Próxima Página

Regrese al comienzo de la página