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Servando Z. Hinojosa
 

Directivas Vocacionales entre los Hueseros Mayas de Dos Comunidades Guatemaltecas
Traducido del Inglés por Alex Lomónaco
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Versión Imprimible

Año de Investigación:  2000
Cultura:  Maya
Cronología:  Precolombino y Colonial
Ubicación:  Tierras Altas Centrales, Guatemala
Sitios:  San Juan Comalapa y San Pedro La Laguna

Las curas de huesos que practican los mayas se expresa de diferentes maneras en diferentes lugares, a través de las manos de distintos especialistas. La manera en que se la percibe localmente y se la experimenta en lo personal también varía de acuerdo con las diferentes variables de cada persona y de la comunidad. En este Informe Final, resumiré algunas de las dimensiones vocacionales de los hueseros según aparecen expresadas en las tradiciones de los hueseros de dos comunidades ubicadas en las tierras altas guatemaltecas. He estado especialmente interesado en determinar si los hueseros consideran que su trabajo es de carácter empírico o sagrado. Sin embargo, para entender las motivaciones vocacionales que subyacen a la curación de los huesos en cada localidad, he tenido en primer lugar que situar la soba de huesos de manera global, resaltando su antigüedad y la perdurabilidad de su presencia en México y Centroamérica.

Introducción

El arte de componer los huesos se ha practicado desde tiempos antiguos en la historia, y tiene raíces entre los griegos y los egipcios (Sigerist, 1971:36; Filer, 1996:86-90; Majno, 1975:73-75; Nunn, 1996:174-181). La medicina musulmana prestó una formal atención a la recolocación de los huesos, anticipando el lugar que ocuparía en la medicina institucional mucho más adelante (Anderson, 1983:14; Douglass, 1994:181). Otros innumerables pueblos del mundo han desarrollado sus propios sistemas para diagnosticar y tratar las lesiones corporales, y la realidad de las lesiones traumáticas ha sido reconocida en los pueblos de todas las latitudes.

Como parte de esta tradición global de recolocar los huesos en su lugar, los habitantes de México y Centroamérica también han encontrado formas de tratar las lesiones. Abordan su trabajo con la experiencia y la habilidad necesarias para tratar diferentes tipos de problemas físicos. La mayor parte de estos problemas, sin embargo, se derivan del trabajo rural, fundamentalmente agrícola, del que participan muchos habitantes de México y Centroamérica, pero también se dan problemas asociados con un mundo urbano cada vez más mecanizado. Los hueseros mayas, especialmente, aportan un gran caudal de antecedentes y experiencia a su trabajo. Su importancia práctica para el mundo de la vida cotidiana y la matriz simbólica que trae aparejada, explica que el lugar que ocupan haya perdurado en muchas comunidades.

Las prácticas médicas manuales contemporáneas y quienes las realizan, ya han sido identificados en la región maya (Bricker, 1973; Cosminsky, 1972; Douglas, 1969; Fabrega y Silver, 1973; Hinojosa, 1999; Holland, 1962; IIN, 1978; 1969; Paul, 1976; Redfield y Villa Rojas, 1962; Rodríguez Rouanet, 1969; Roys, 1931; Tedlock, 1992; Wisdom, 1940) y en la gran esfera cultural mexicana (Anderson, 1987; Lozoya Legorreta et al., 1988; Vargas Castelazo, 1954-55). Sin embargo, la información sobre el arte de los hueseros entre los pueblos de la época precolombina y colonial en la región, no es sencilla de obtener. Los cronistas españoles como Sahagún (1961) y Ruiz de Alarcón (1984) aportaron valiosos puntos de vista sobre los hueseros de los siglos 16 y 17 entre los aztecas y sus sucesores. Sus trabajos, especialmente el de Sahagún, sugería una continuidad entre las prácticas mexicanas precolombinas y coloniales entre los hueseros. Sin embargo, las características de los sobadores mayas precolombinos y coloniales resultan mucho menos claras. Existen algunas pocas referencias a las prácticas coloniales (Orellana, 1987:106), pero no hay información sobre los tipos de cuidados que recibían los mayas. Los precursores más antiguos de las tradiciones mayas contemporáneas están sugeridos en las evidencias arqueológicas de fracturas curadas en esqueletos de los períodos Preclásico y Clásico (Saul, 1972:50), pero las dimensiones culturales de los hueseros entre esos mayas sólo pueden ser inferidas. Nos quedamos con una imagen diacrónica muy incompleta sobre los hueseros mayas. Sin embargo, gracias a la ayuda de FAMSI, he tenido la oportunidad de observar sistemáticamente algunos de los herederos actuales del arte de componer los huesos.

Los hueseros a que me refiero en este informe viven en los pueblos de San Juan Comalapa y San Pedro la Laguna, ambos ubicados en las tierras altas centrales guatemaltecas. En Comalapa, los hueseros son mayas kaqchikeles, en tanto que en San Pedro la Laguna son mayas tz’utujiiles. Aunque en estas comunidades hay hueseras mujeres, no me fue posible trabajar en forma sistemática con ninguna. Comalapa está ubicado a 2,110 metros por sobre en nivel del mar, en el montañoso departamento de Chimaltenango, y tiene una población de unos 28,380 habitantes (Asturias de Barrios, 1994:193-194). El municipio de San Pedro la Laguna, por otro lado, se encuentra a 1,610 metros sobre la orilla occidental del Lago Atitlán en el departamento de Sololá, y suma unos 8,508 habitantes (McMahon, 1994:10). En cada uno de estos pueblos, los mayas constituyen la amplia mayoría de la población, hecho que es más pronunciado en Comalapa, donde hasta no hace mucho, sólo alrededor del cuatro por ciento de la población estaba constituida por mayas no kaqchikeles (Asturias de Barrios, 1994:193-194). Debo destacar que he agregado dos hueseros de San Juan la Laguna, un pueblo cercano a San Pedro, a la muestra de San Pedro, porque sus tradiciones son notablemente similares. Estuve con los hueseros que menciono en este estudio en 1998 y más adelante.

Sin embargo, en vista de que el término "huesero" puede significar cosas distintas en lugares diferentes, ante todo pasaré a clarificar qué quiero decir con éste. Considero hueseros a aquellas personas que "(mueven) huesos como una forma de tratamiento médico", según lo expresaran Huber y Anderson (1996:31). Dicho movimiento de huesos puede estar limitado a solucionar una dislocación, o también puede significar solucionar una fractura. Las personas que hacen ésto por lo general también realizan masajes, si bien no todas las personas que hacen masajes mueven huesos como terapia. Los curadores que hacen ambas cosas por lo general son conocidos como hueseros, componehuesos, componedores de huesos, o a veces sencillamente como sobadores (o sobanderos). En algunas comunidades, el término sobador se aplica únicamente a los individuos cuya práctica se limita a realizar masajes corporales pero que no mueven los huesos. Sabemos más sobre el rango y la especialización de los hueseros de México y Centroamérica gracias a los recientes trabajos de Huber y Anderson (1996), McMahon (1994), y Paul y McMahon (2001). Durante sus trabajos en contextos mexicanos y guatemaltecos, nos han mostrado cómo los lesionados buscan regularmente atenderse con hueseros competentes.

Variaciones vocacionales de los hueseros de las tierras altas mayas

Los hueseros mayas muestran dos tendencias principales en sus estilos de trabajo y en su enfoque vocacional. Por un lado, los hueseros mayas kaqchikeles de Comalapa indican que el trabajo que realizan es altamente empírico, y que éste tiene relativamente poco que ver con lo divino. Los hueseros mayas tz’utujiiles de San Pedro, sin embargo, consideran que sus prácticas están de manera innata ligadas a lo divino. Antes de proporcionar detalles sobre cada una de estas tradiciones, sin embargo, señalaré los elementos comunes a ambas, uno que las conecta a nivel empírico: la función central que tienen las manos en la curación.

Los hueseros mayas practican un arte eminentemente manual, caracterizado por la habilidad de las manos para indagar y tener acceso a la información del cuerpo. Los hueseros dicen que sus manos pueden directamente detectar los problemas del cuerpo. Ellos refieren a menudo cómo sus manos sencillamente "conocen" el cuerpo, tanto en la superficie como por debajo de ésta, y que cuando ponen sus manos sobre un cuerpo doliente, las manos actúan por propia cuenta y localizan las áreas con problemas. Los hueseros no "guían" sus manos en torno a una lesión o alrededor de ésta; son las manos las que los guían a ellos. Más aún, insisten en que esta habilidad creció dentro de ellos, y que allí ha permanecido. La empatía corporal revelada a través de las manos es de fundamental importancia para los hueseros mayas, y la mayoría de estos curadores confían únicamente en ella para diagnosticar y tratar los cuerpos enfermos. Sus métodos recuerdan lo que Csordas (1993) ha descrito como un modo somático de atención, una capacidad del cuerpo para asistir a otros cuerpos, incluyendo los que sufren, a un nivel no consciente.

Cuando una persona lesionada visita a un huesero maya, el huesero en principio hace que el cliente se relaje y le explique el problema que lo aqueja. El huesero se muestra muy interesado por el tipo, la severidad, y la antigüedad de la lesión. Los signos corporales visuales, como pueden ser las deformidades, los enrojecimientos, los edemas, y las magulladuras, sugieren el tipo de lesión en cuestión y ayudan a que el huesero la ubique con mayor precisión. El huesero también puede controlar el rango de movimiento del miembro o el torso lesionado del cliente, cuando esto es posible.

A continuación, el huesero puede preparar al cliente para palparlo, aplicando sobre sus manos y sobre el cuerpo del cliente un agente lubricante y/o que de calor, como por ejemplo grasa, aceite, o algún producto comercial. Los hueseros mayas necesitan que sus manos puedan moverse sin trabas por el cuerpo del cliente, permitiéndoles obtener más información sobre la lesión que deben tratar. El huesero mueve sus manos alrededor de la lesión mientras que presiona suavemente la carne, tratando de ubicar indicios de molestias o dolores. Cuando localiza y palpa los puntos con problemas, sus manos detectan irregularidades y cambios en la tumefacción, la suavidad y la temperatura. Junto con lo que el cliente le va diciendo, esto información le permite al huesero evaluar mejor la lesión.

La mayoría de las veces el huesero diagnosticará ya sea un simple golpe, una magulladura profunda del tejido blando resultado de un trauma directo, o una zafadura, una articulación distendida o dislocada. En cualquier caso, si la hinchazón no es excesiva, el huesero puede aliviar sensiblemente el dolor y restaurar el movimiento, por medio de un masaje constante pero firme y el movimiento del miembro lesionado. El cliente puede tener que regresar una o dos veces más para controles ulteriores y tratamientos. Sin embargo, si se detecta una fractura, dependiendo de su severidad y de las habilidades de los hueseros, puede practicarse una recolocación, que se hace con las manos. Por medio del uso de tracción, presión, y la ayuda de otros, algunos hueseros pueden realinear fracturas, después de lo cual las inmovilizan usando materiales removibles. Esto da lugar a un nuevo examen crítico, posterior, del sitio de la lesión.

El encuentro de curación por lo general se da de esta manera en Comalapa, al igual que en muchas otras comunidades de las tierras altas guatemaltecas. El aspecto empírico prevalece aquí, y aparece en primer plano el foco sobre las habilidades prácticas, aunque intuitivas, de las manos. Esta cualidad de las curaciones de huesos en Comalapan coincide con la manera como, a través de México y Centroamérica, se considera al tratamiento de los huesos como un arte pragmático, no sobrenatural (Cosminsky, 1972; Holland, 1962; Huber y Anderson, 1996; Orellana, 1987). Así como las necesidades de orden práctico llevaron al surgimiento de los hueseros, los métodos prácticos parecen ser lo que los impulsa.

Los hueseros pedranos, sin embargo, aportan elementos adicionales a la experiencia de componer huesos: la elección divina a través de los sueños y del uso de un objeto sagrado, cada uno confirmando su autoridad sanadora. En realidad, el uso de objetos sagrados es bastante característico de los hueseros de este pueblo. Los hueseros también adjudican el reconocido poder de sus manos a un objeto al que ellos llaman hueso o baq ("bone"), tanto como a sus propias manos. Con este objeto, ellos llevan a cabo el "barrido" inicial del cuerpo, poniéndolo directamente sobre éste y por lo que parece, pasándolo por toda la superficie de la piel. A continuación realizan el procedimiento correctivo en el cuerpo, que puede ser el realineamiento de una fractura o la reducción de una dislocación. Sólo después de este procedimiento, los hueseros de San Pedro estarían en condiciones de lubricar el cuerpo y aplicar sus manos directamente sobre éste, para hacer los ajustes finales en el área.

De acuerdo con la tradición de San Pedro, las personas descubren los huesos o baq cuando les es revelado el papel que jugarán como hueseros. Estos objetos por lo general son vértebras u otros huesos de animales pequeños, y hasta piedras. Los hueseros pedranos a veces encuentran en el bosque objetos como tiestos de alfarería, obsidiana y otros artefactos precolombinos, que pueden guardarse como objetos sagrados. Habitualmente, el huesero envuelve el hueso que le ha sido revelado en una tela roja y lo lleva en su persona o lo guarda en un cofre especial en su casa. Que la persona mantenga el hueso consigo misma es especialmente importante para aquellos hueseros que viajan fuera del pueblo con frecuencia—nunca saben cuándo necesitarán el hueso, de manera que lo tienen a mano.

Cuando es usado por el dueño correcto, se dice que el hueso se mueve por impulso propio sobre el cuerpo lesionado. Algunos hueseros dicen que el hueso se detendrá abruptamente al pasar sobre una fractura. El hueso se mueve de manera diferente cuando pasa sobre alguna dislocación u otros tipos de lesiones, y sólo parece que es movido por la mano del huesero, un punto en el que particularmente insisten los pedranos. Su conocida habilidad de orden magnético para asentarse sobre las lesiones hacen de él un instrumento singular para el diagnóstico y la corrección. Como dijo un huesero, "Es un verdadero imán…porque se prende al hueso." Entonces, en términos generales, los hueseros de San Pedro se muestran muy interesados por los objetos sagrados, y enfatizan marcadamente su conducto divino.

Conclusiones

Con este estudio hemos encontrado que existe una gran variación vocacional entre los hueseros mayas de las tierras altas, según las evidencias de curaciones de huesos obtenidas en San Juan Comalapa y San Pedro la Laguna. Mientras que entre los hueseros de San Pedro la norma es la vocación definida por la divinidad, entre los hueseros de Comalapan ésto no es así. Estos últimos hueseros proclaman una intuición y un conocimiento físicos que no están expresamente ligados a ningún papel sobrenatural. Sin embargo, entre los hueseros de toda la región, incluyendo los de Comalapa, las consideraciones de orden sobrenatural sí forman parte del arte de componer los huesos, pero no de una manera tan dramática y central como con los de San Pedro.

Las lesiones humanas son tan antiguas como la humanidad misma. Dicho ésto, pocas dudas caben en cuanto a que entre los mayas han habido hueseros desde los tiempos más remotos. Dada la amplia disponibilidad de sobadores en las comunidades mayas, y las diferentes maneras como han definido el sustrato ideacional de la cura de los huesos, es probable que estos tratamientos para los huesos se hayan desarrollado mucho tiempo atrás como un fenómeno de orden local, con una importancia local inmediata. Deseo expresar mi mayor gratitud a FAMSI por haberme dado la oportunidad de examinar el trabajo de personas relacionadas tan de cerca con la comunidad maya y las tradiciones ancestrales.

Referencias Citadas

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Entregado el 1 de mayo del 2000 por:
Servando Z. Hinojosa
hinojosas@panam.edu

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